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El Teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. GURÚ. Como ya lo hemos dicho, nuestra democracia, no obstante precaria y en ocasiones hasta cavernícola, es un activo social que debemos valorar y preservar. La construcción y fortalecimiento de un sistema democrático es una empresa que nunca termina y que exige la concurrencia del esfuerzo cotidiano de todos. Y es que la perfectibilidad es una característica inmutable de los actos humanos que tratándose de la política resulta aún más evidente. Y, en nuestro concepto, el reto fundamental está, precisamente, en no perder de vista los retos. Será en la medida que seamos lo suficientemente maduros y responsables para apreciar con objetividad los desafíos, que estaremos en posibilidad de enfrentarlos con éxito. El primer paso para resolver un problema es admitirlo en su justa dimensión. De ahí que la alusión a la película de suspenso o terror a que se refirió recientemente Agustín Carstens al hablar de lo que se espera en México del gobierno de Donald Trump, representa otro desliz verbal que en nada abona porque no plantea desafío alguno sino, simplemente, ofrece un panorama desolador. Lástima que ese sea el mensaje de nuestro gurú económico.

SEGUNDO ACTO. BULIMIA SOCIAL Diversos acontecimientos políticos son motivo de bulimia social. Y si se tuvieran que definir las causas de dicha insatisfacción popular, nos atreveríamos a proponer un esquema trifásico: el protagonismo y cinismo de los actores políticos; el desencanto y escasa participación ciudadana; y, la insoportable fragilidad de nuestras instituciones. Cualquier proyecto de largo alcance debe prescindir de los abominables protagonismos personales. La historia de un pueblo la hacen los hombres, pero su desarrollo descansa en el valor y solidez de las instituciones. Pero es solamente cuando el pueblo reconoce liderazgo que se involucra y soporta las causas públicas lográndose avances extraordinarios. Por ello, es irresponsable pretender apreciar cada ciclo político el devenir de nuestro país como una comedia sexenal obligada al final feliz. A diferencia de lo que ocurre en las telenovelas el camino de un pueblo nunca concluye, en ocasiones se transforma drásticamente pero jamás pierde continuidad. Y esas transformaciones únicamente son valiosas si después de sus naturales expresiones sociales logran una metamorfosis institucional.

TERCER ACTO. FRAGILIDAD. En este sentido, lamentablemente, nuestras instituciones se perciben sumamente frágiles. Y los síntomas de la endémica condición de los pilares de nuestro sistema democrático son muchos. En principio, la reiterada negación a la evidente realidad socio-política que vive el país por parte de quienes gobiernan, independientemente del color o divisa política. Termina por creerse su propia publicidad oficial. México es un gran país histórica y culturalmente hablando, pero está muy lejos de serlo respecto de la situación política, económica y social que vivimos. Y a esa fragilidad gubernamental habría que sumar la de nuestro régimen de partidos políticos e independientes, organización municipal, moneda, campo, política exterior, organizaciones sindicales, salud, educación, procuración de justicia, derechos humanos, servicios públicos y otros tantos y tantos rubros.

TRAS BAMBALINAS. VACACIONES. Nos tomaremos unos días de descanso, por lo que esta columna dejará de publicarse en las próximas dos semanas. Aprovechamos la ocasión para agradecer a la OEM y, concretamente, a Diario de Querétaro, el generoso espacio que nos brinda para expresar nuestras ideas y opiniones, así como para desearles a todos unas felices fiestas y un 2017 de salud, bendiciones y éxito.

Notario Público 19 de Querétaro.

ferortiz@notaria19qro.com