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El Teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. LEGISLANDO EN CÍRCULOS. Hace unos días la fracción parlamentaria del PRI en la Cámara de Diputados presentó una iniciativa para reducir el número de diputados federales electos bajo el principio de representación proporcional de 200 a 100 y eliminar a los 32 senadores electos bajo este mismo principio. Esto implica recortar el número total de legisladores federales en un 21 por ciento al pasar de 628 a 496. Tenemos exactamente la misma opinión que publicamos en estas planas en agosto de 2014 y que me permito reproducir: “Nuevamente surge el debate sobre la conveniencia de reducir el número de diputados plurinominales, actualmente son 200, y de plano eliminar a los 32 senadores electos bajo este principio de representación proporcional. Esta cuestión, así como la de la segunda vuelta electoral, son verdaderos clásicos del parlamentarismo mexicano, temas que llevan décadas, literalmente hablando, masticándose en las cámaras federales sin resolverse. No obstante que por lógica la regla es que a mayor representación una mejor representación, que en su momento el surgimiento de los llamados “pluris” fue aplaudido por todos como una muestra inequívoca de la evolución democrática de México, y que muchas veces son estos legisladores los que mejor orquestan el trabajo parlamentario; de nueva cuenta se les sienta en el banquillo de los acusados y son los chivos expiatorios del descredito de partidos, representantes populares y políticos en general. Ahora bien, si se quiere hacer más eficiente el trabajo legislativo, ¿no valdría la pena valorar también la conveniencia de mutar de un sistema bicameral a uno unicameral?”.

SEGUNDO ACTO. EVOLUCIÓN DE LOS PLURIS. La entonces vanguardista, democrática y aplaudida reforma electoral de 1977 modificó la integración de la Cámara de Diputados y estableció el sistema mixto de elección de legisladores en el cual coexisten los principios de mayoría relativa (diputados de elección) y representación proporcional (diputados plurinominales o de lista). En aquel entonces la Cámara de Diputados se componía por 400 diputados, de los cuales 300 eran electos por el principio de mayoría relativa y 100 según el principio de representación proporcional. Una década después, en virtud de la reforma de 1986, se incrementó en 100 el número de diputados federales electos por el principio de representación proporcional para quedar en 200. En 1996 se establecieron los 32 senadores plurinominales, con lo que para muchos constitucionalistas se “pervirtió” el espíritu de representación del pacto federal del Senado de la República al resultar prácticamente imposible que los 32 senadores electos por el principio de representación proporcional procedieran de las 32 entidades federativas, por lo que se rompió con el “equilibrio federalista” de este cuerpo legislativo. También en 1996 se estableció que para acceder a los escaños (senadores) y/o curules (diputados) plurinominales los partidos debían obtener cuando menos un 2 por ciento de la votación. Y en el 2014 dicho porcentaje se incrementó a 3 por ciento.

TERCER ACTO. PLURIS: SIGUEN SIENDO LOS CHIVOS EXPIATORIOS. Ahora todo indica que va en serio la intención de reducir el tamaño del Congreso de la Unión sacrificando a los pluris con la finalidad de bajar su costo. Entendemos que no se trata de una medida de eficacia parlamentaria sino que obedece a criterios patrimoniales, evidentemente motivados por la necesidad política de tratar de paliar la molestia ciudadana detonada por la corrupción, el llamado “gasolinazo” y otras gracias. Y en cierta forma coincidimos, como también aquí lo escribimos hace poco más de un año: “…los pluris se han convertido en los “chivos expiatorios” del descrédito de la política nacional. Y no es para menos. Basta ver cómo en las últimas legislaturas los partidos reeditan personajes por esta vía de una cámara a otra; además, pese a no hacer campaña ni, en consecuencia, asumir públicamente compromisos sociales, al llegar al Congreso tienen exactamente las mismas prerrogativas y derechos de aquellos que batallaron, gastaron y convencieron al exigente electorado, ocupando generalmente mejores posiciones en las comisiones y comités congresionales. Esta inequidad política provoca también conflictos internos… Adicionalmente, la razón de ser de la vía plurinominal ya no existe; la pluralidad expresada en las urnas ha venido ganando terreno en nuestro sistema parlamentario, y su consecuencia directa es la inutilidad del principio de representación proporcional”. Sin embargo, si la cuestión es meramente económica, pues se puede proponer la fusión de secretarias de estado y la desaparición de decenas de organismos públicos estériles.

TRAS BAMBALINAS. ¿A QUIÉN LE IMPORTA? La pregunta es, además del “ahorro”, siempre cuestionable en este México donde gastar en lo privado y dilapidar en lo público ha sido y es deporte nacional: ¿habrá algún beneficio de orden funcional? ¿Qué efecto tendría este ajuste en el número de legisladores en el trabajo parlamentario, en el de las comisiones y comités? De hecho, ¿a alguien importa esta “nimia” cuestión de que opere adecuadamente el Poder Legislativo?

PÚBLICO CONOCEDOR. HÁGASE LA LEY EN LOS BUEYES DE MI COMPADRE. ¿Y los senadores de primera minoría? ¿A poco esos sirven más que los pluris? Son otros 32 espacios senatoriales, más onerosos que los de los diputados, pues cuestan como 30 millones de pesos por sexenio cada uno, esto es, casi mil millones de pesos que se podrían ahorrar cada seis años. El asunto es que varios de los promotores de la iniciativa tricolor ahí tienen su corazoncito político para el 2018 y como dice el refrán, ahora sí casi literalmente hablando: “Hágase la ley en los bueyes de mi compadre”.

Notario Público 19 de Querétaro.

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