imagotipo

El Teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. REVOCACIÓN DEL MANDATO. La creciente crisis político-social derivada de la notoria disfunción de nuestro sistema político, comienza a mermar las condiciones de gobernabilidad del país. Si no logramos construir un andamiaje de normas e instituciones políticas suficientemente operante, la perversa anarquía continuará ganando terreno y, quizá suene actual, transmutando la confianza ciudadana en frustración. Como ya lo hemos escrito en estas planas, el tratadista francés Georges Ripert sentenció que toda revolución social que no culmina en una revolución jurídica no deja de ser “una vana perturbación política”. La sabia historia de México nos muestra que la consumación de una lucha en los sólidos terrenos de las leyes es, en última instancia, social y políticamente más valiosa que el triunfo en mil batallas. Y esa es probablemente la abismal diferencia entre Antonio López de Santa Anna y Venustiano Carranza. Interesante comparación en este año del centenario de la promulgación de la Norma Fundamental que nos rige. El primero se enfrentó a los enemigos de la patria mientras que el Barón de Cuatro Ciénegas impulsó el centenario proyecto constitucional. Hoy, uno es un héroe y el otro un traidor. Así las cosas, en las actuales condiciones de diversidad y pluralidad que privan en México, para algunos doctrinarios y legisladores resultaría adecuada la inclusión en nuestro sistema político de la figura de la revocación del mandato. Tal es el caso de los diputados locales queretanos. Actualmente suman cuatro iniciativas en ese sentido presentadas en el Congreso del Estado por legisladores de PRD, Morena, Panal y PRI. Las de las dos primeras fuerzas políticas proponen reformar la Ley de Participación Ciudadana, mientras que las de las dos últimas proponen la reforma constitucional.

SEGUNDO ACTO. ARGUMENTOS. En términos generales, los promotores de la revocación del mandato sostienen que favorecería la construcción de gobiernos más incluyentes, así como rutas de consenso entre los diversos actores políticos. La aprecian como un antídoto contra los gobiernos inoperantes. Evidentemente, una de las más acabadas aspiraciones de la democracia representativa es contar con un sistema de participación ciudadana que no se limite a elegir a sus representantes, sino que concurra a la supervisión y evaluación del adecuado desempeño del poder público. En este tenor, la revocación del mandato puede ser la fórmula para que la ciudadanía pueda destituir a aquellos servidores públicos que a su juicio no han cumplido de manera responsable con su encomienda constitucional. De hecho, en la actualidad los cargos de elección popular son  irrenunciables y, en consecuencia, la separación voluntaria solamente procede a través de una licencia. Las críticas que se hacen es que esta institución termina por convertirse en una herramienta más de la sanguinaria lucha partidista que en poco o nada contribuye al desarrollo democrático, allende el alto costo de las consultas que implica.

TERCER ACTO. CAUTELA. Por sus delicados efectos, que en ocasiones resultan más dañinos que la supuesta mala gestión, la revocación del mandato debe tratarse con cautela. De estimarse procedente, es imprescindible que su regulación sea determinada de manera clara, precisa y a nivel constitucional, para evitar que la vaguedad permita que intereses coyunturales o rebuscadas interpretaciones legales puedan afectar la estabilidad y gobernabilidad desnaturalizando su loable propósito democrático. En nuestra opinión, se debe incorporar la obligación de realizar una consulta pública supervisada conforme a la legislación electoral, al cumplirse el tercer año de gobierno, por la cual sea la voluntad general de la ciudadanía la que decida si refrenda su confianza al titular del Ejecutivo o se la retira, en cuyo caso sería separado de su encargo y se convocaría inmediatamente a una elección. La revocación del mandato solo debe proceder cuando más del 51% de los votantes hayan manifestado su opinión a este respecto, y en la correspondiente consulta hubieren participado cuando menos el mismo número de electores que participó en la elección constitucional, por un elemental criterio de equidad.

TRAS BAMBALINAS. GRILLA MATA RESULTADOS. El fulminante cese de Miguel Torruco como Secretario de Turismo de la Ciudad de México exhibe otro vicio más de nuestro caótico sistema político. Grilla mata resultados. No importó el impecable desempeño del distinguido hotelero al frente de la cartera turística capitalina, ni siquiera las buenas cuentas que entregó en el 2016. Pecó. Si bien se sabía y jamás escondió su proximidad con López Obrador, no se le perdonó un desliz mediático con dicho afecto. Aunque todo indica que le hicieron un favor a Don Miguel. Dios dirá.

Notario Público 19 de Querétaro.

ferortiz@notaria19qro.com