imagotipo

El Teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. UBER. En unos cuantos años la masificación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC´s) transformó dramáticamente los modelos de negocios. Aplicaciones como Uber, Trivago o Netflix, representan ofertas disruptivas de alto valor agregado para los consumidores que irrumpieron agresivamente en los mercados del transporte, turismo y entretenimiento exhibiendo, por un lado, la relatividad y fragilidad de lo tradicional y, por el otro, la acelerada dinámica de nuestro tiempo. El mundo está cambiando al ritmo de la revolución tecnológica y Querétaro – aunque los tapices de La Mariposa se resistan a creerlo – no es la excepción. Por ello, tratando de entender los alcances políticos de la decisión, resulta un tanto anticuada la posición de nuestras autoridades de arremeter jurídica y políticamente en contra de empresas de transporte privado como Uber o Cabify, en evidente auxilio de los servicios de taxi o sito que se sienten – y ciertamente están – seriamente amenazados por este nuevo modelo que, más allá de amparos, declaraciones y amenazas, veni, vidi y – si quieren apostamos – vici. Esta curiosa postura hubiera equivalido a que en 1890 se hubiera prohibido la producción masiva de los automóviles en defensa de los cocheros y sus caballos, mulas y burros. Pero el éxito de Uber no está únicamente en la comodidad de la solicitud, pago, facturación y “tracking” a través de la aplicación. También están los vehículos más modernos y, generalmente, limpios, los conductores plenamente identificados y, en ocasiones, más amables y el menor costo. En otras palabras, un mejor servicio más accesible en todos los sentidos. No obstante, en justicia debemos reconocer que existen no pocas honrosas excepciones entre los amigos del volante que prestan espléndidos servicios, pero debemos referirnos a las generalidades. Pero de fondo, Uber es un servicio de transporte privado de naturaleza mercantil – te factura una sociedad mercantil – que se regula a nivel federal; mientras los taxis ofrecen servicios de transporte público en virtud de una concesión otorgada a personas físicas por la autoridad estatal que se rigen por las normas administrativas locales. Tienen naturaleza y ámbito distintos. Desde una óptica jurídica no se les puede exigir lo mismo. Eso es lo que han dicho los jueces.

SEGUNDO ACTO. MITOLOGÍA ELECTORERA. En estas condiciones, ¿por qué el Gobierno hace todo lo posible por sacarlos del mercado? Parece que la respuesta está en una apreciación de costos políticos que, a estas alturas, ya también nos parece cavernaria. Una cuestión de mitología electorera. Esa idea de que los taxistas orientan el sufragio y movilizan electores el día de la jornada electoral. No sabemos si esto alguna vez fue así, tenemos nuestras dudas al respecto, pero nos queda claro que hoy ya no. Aunque hay quienes lo creyeron y, peor aún, hoy lo creen a pie juntillas. La verdad es que la soberbia obnubila y es más fácil justificar una derrota electoral en esas cuestiones que aceptar con dignidad que la mayoría prefirió otra propuesta diferente. Es más sencillo culpar a los operadores que admitir los errores propios y, en ocasiones, ajenos, así como que siempre se presentan costos, coyunturas y momentos que determinan los destinos políticos en mayor medida, en nuestro humilde concepto, que la persona del candidato y la campaña misma. Pero si aún hay quienes creen en la representatividad y fuerza electoral del sindicalismo oficial, todo es posible, hasta el conejito de Pascua.

TERCER ACTO. “NINGÚN CHILE LES EMBONA”. Cito textual lo dicho por el Presidente de la República a un grupo de periodistas ante las críticas por la aprehensión del ladrón de Javier Duarte en Guatemala. Esta reacción muestra la distancia que existe no solo entre la sociedad y el titular del Ejecutivo Federal, sino aquella entre éste y a quienes gobierna. ¿Cuál será más dañina? ¿Cuál lastima más la legitimidad de primer mandatario?

TRAS BAMBALINAS. LA LECCIÓN DE LA SEMANA. No hay que mandar dar sustos… ni siquiera para quitar el hipo. Bien por Gobierno del Estado que no sucumbió a la tentación de hacerse de la vista gorda en el asunto del inspector municipal. Consolidaremos nuestras instituciones en la medida que despoliticemos la justicia y desjudicialicemos la política.

Notario Público 19 de Querétaro.

ferortiz@notaria19qro.com