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El Teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. HISTORIA CONSTITUCIONAL. Resulta indispensable remontarnos a sus antecedentes para entender cómo llegamos a la Carta Magna de 1917, cuyo centenario celebramos. Y si bien apreciamos un país desencantado y atrincherado en sus anhelos de las constantes embestidas de la violencia, la corrupción, la impunidad y la manifiesta ineficacia gubernamental, no perdemos la esperanza de que como sucedió en el pasado, después de un largo peregrinar en la confrontación, lleguemos a un punto de coincidencia social que nos permita fijar las nuevas reglas que nos encaucen hacia la construcción de sólidas y operativas instituciones que verdaderamente impulsen un desarrollo justo. ¿Cómo nacimos a la vida constitucional? Los primeros intentos de dotar al pueblo mexicano de un ordenamiento jurídico propio se dan una vez iniciado el movimiento de Independencia. Fue José María Morelos y Pavón quien convoca al primer congreso netamente mexicano, conocido como Congreso de Chilpancingo – pero oficialmente denominado Congreso de Anáhuac – mismo que fue instalado el 14 de septiembre de 1813, fecha en la que además el mismo Morelos presenta un documento fundamental para la historia del Congreso Mexicano titulado “Los Sentimientos de la Nación”, en el que se plasma el sistema republicano federal para el Estado Mexicano independiente. De ahí que se les considere como un punto de partida en la postulación de la soberanía y autodeterminación populares.

SEGUNDO ACTO. APATZINGÁN. CERCA DEL PARLAMENTARISMO. También de este primer congreso emanó en octubre de 1813 la Constitución de Apatzingán – cuyo nombre formal es el de “Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana”-. En este instrumento se define a la soberanía como la facultad de dictar leyes y de establecer la forma de gobierno que más convenga a los intereses de la sociedad; además, la declara imprescriptible e indivisible, la hace residir en el pueblo y establece la representación nacional compuesta por diputados elegidos por los ciudadanos. También incorpora en su texto las ideas sobre la división de poderes y de la ley como expresión de la voluntad general. En cuanto al órgano legislativo al que denominó “Supremo Congreso”, dispuso que éste se compondría de diputados electos uno por cada provincia e iguales todos en autoridad. Dadas las amplias facultades que se le otorgaron a dicho órgano parlamentario, el constitucionalista Bernardo Bátiz Vázquez sugiere que la Constitución de Apatzingán estuvo más cerca de configurar un régimen parlamentario que uno presidencial. Lo que no deja de ser curioso hoy que muchos estamos convencidos de la conveniencia de que nuestro régimen político vire del agotado presidencialismo hacia un parlamentarismo moderno. Este antecedente se debe a que este primer lance constitucional se inspiró en el pensamiento de los ideólogos de las constituciones francesas de 1793 y 1795, así como en los textos de las mismas. Pese a la convulsionada situación política en la que se expidió y que impidió su entrada en vigor, los alcances de éste textos constitucional son sin duda un precedente insoslayable.

TERCER ACTO. LAS CONSTITUCIONES DE 1824 Y 1857. En la Constitución de 1824 se advierte una clara influencia de la Carta de Apatzingán y de la Constitución Norteamericana en lo relativo a la organización del Legislativo. En este sentido, como señala Leonel Armenta, destacado doctrinario del federalismo, “el Estado federal y la forma de gobierno republicano-presidencial constituyen la aportación más genuina de los Estados Unidos de Norteamérica al derecho constitucional del Estado liberal moderno”. En aquel entonces, esta ley suprema significó un acierto político en la medida que impidió la disgregación de los Estados, precisó reglas claras y congruentes en materia parlamentaria y sentó los principios fundamentales de la organización político-jurídica que con las deficiencias que se quiera, en última instancia, han perdurado hasta nuestros días. De suma importancia en la evolución del Congreso de la Unión resulta la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos promulgada el 5 de febrero de 1857, triunfo del ideario propuesto por los liberales en el Plan de Ayutla . Esta Ley suprema depositó al Poder Legislativo Federal en una sola asamblea denominada “Congreso de la Unión”. El monocamerismo estuvo vigente solamente 17 años. En 1874 Sebastián Lerdo de Tejada restaura al bicameralismo, sistema imperante hasta nuestros días. Refiere Barquín Álvarez  que en el constituyente de 1856-1857 existió una aversión a la institución senatorial, de tal modo que se suprimió la Cámara de Senadores, obedeciendo al recuerdo que de éste dejó el régimen centralista de ser una “asamblea aristocrática de carácter conservador”. Tal innovación sin duda fortaleció al Legislativo y significo una aproximación hacia un sistema de corte parlamentario, ya que una sola asamblea no dividida en cámaras concentraba el poder y adquiría una mayor conciencia de sus facultades. Al respecto una innovación política que indica cierta primacía del Legislativo consistió en la exigencia al Presidente respecto de informar sobre el estado del país durante su asistencia a la apertura del primer periodo de sesiones. Otra aproximación histórica que tuvimos al parlamentarismo. Tan cerca y tan lejos.

TRAS BAMBALINAS. JORNADA NACIONAL DEL NOTARIADO MEXICANO. A partir de este jueves y hasta el próximo sábado tendrá lugar en Querétaro la 117ª Jornada Nacional del Notariado Mexicano, a la que concurren aproximadamente 600 fedatarios de nuestro país. Habrá un ciclo de conferencias en las que el plato fuerte – si no hay cancelación de última hora – es la participación del Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación el destacado jurista queretano Arturo Zaldívar, así como una cena de gala con el Gobernador del Estado y una comida con el Presidente Municipal de Querétaro. La selección de Querétaro para la celebración de esta clase de eventos confirma la cada vez mayor relevancia nacional de nuestra entidad y nos compromete a seguir trabajando, cada quien en la trinchera que nos toca, para que esta inercia positiva continúe y se consolide. Felicitamos a José Luis Gallegos, Presidente del Consejo de Notarios del Estado de Querétaro, por haber logrado traer este acontecimiento a nuestra tierra.

Notario Público 19 de Querétaro.

ferortiz@notaria19qro.com