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El Teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. IDÉNTICA DISFUNCIÓN. Curándonos en salud advertimos que esta colaboración contiene varias citas de otra fuente periodística. Si bien son la claridad, actualidad y contundencia de las ideas que en ella se expresan las que motivaron nuestro abuso en la transcripción, el objetivo es evidenciar que la disfunción de nuestro sistema político no es privativa de nuestro país, como tampoco lo son las recetas para atenderla. En otras palabras, conviene abrirnos a otras realidades que padecen idénticos problemas y estar atentos a la manera en la que los resuelvan. Los fenómenos sociales a lo largo y ancho del mundo son más similares de lo que parece. Los rasgos culturales particulares de una nación inciden menos de lo que se podría pensar. En última instancia prevalece la condición humana, con nuestros defectos y pretensiones comunes.

SEGUNDO ACTO. CONTUNDENTE DIAGNÓSTICO APLICABLE A MÉXICO. “Nuestro país se encuentra en una coyuntura crítica, un momento de importancia singular en nuestra historia democrática reciente. De cómo afrontemos esta coyuntura dependerá cómo salimos de ella: más fuertes, unidos y preparados para encarar un futuro esperanzador, o divididos y debilitados y sin un proyecto común. Superar con éxito el bache que atraviesa nuestro país requiere no sólo la capacidad política de tomar las decisiones correctas, sino el carácter y espíritu adecuados. Frente a la tentación del desánimo ante la complejidad de los problemas que nos atenazan en todos los órdenes de la vida política, económica y social, debemos rearmarnos de voluntad, determinación y confianza en nosotros mismos”. Este podría ser el primer párrafo de cualquier opinión política sobre México, sin embargo, no lo es. Se trata del primer párrafo de la editorial del diario español El País publicada el pasado domingo bajo el título “La conversación que necesitamos. Un nuevo tono de debate debe sortear la polarización para abordar el futuro”; encabezado que de igual manera, sobra decirlo, es precisamente lo que el doctor de la cordura recetaría al enfermo sistema político mexicano y a sus desgastados actores. Y, por si fuera poco, venga un listado de padecimientos expuestos en la precisada editorial que nos queda como anillo al dedo: “la burda división entre los de arriba y los de abajo, los patriotas y los traidores, la exageración paranoica de la maldad del contrario, la obstinación disfrazada de principios o la simplificación de las opciones políticas hasta el extremo ridículo de los buenos”. Finalmente, no tiene desperdicio la conclusión de la publicación española que comentamos: “las soluciones a los problemas a los que nos enfrentamos son complejas, requerirán ensayos y errores, y no serán nunca satisfactorias al cien por cien. Pero existen. Sólo necesitamos aplicarnos a su búsqueda. Y para ello necesitamos cambiar la conversación”.

TERCER ACTO. “CHINGADAZOS POLÍTICOS”. Al igual que España nuestro país está en una coyuntura crítica. Perdimos el rumbo en el camino hacia una efectiva democracia. La pluralidad que enriquecería al sistema con su inherente diversidad se transformó en una confrontación egoístamente facciosa. En una cínica y encarnizada lucha por el poder. También vemos que el futuro de nuestra sociedad dependerá de la manera en la que surquemos estas inciertas y tempestuosas aguas. El problema es el avance del desánimo social. La pérdida de esperanza. Y entre las arriba transcritas hay una idea que aplica a rajatabla a la realidad política mexicana: “la exageración paranoica de la maldad del contrario”. Es un hecho que los discursos políticos de todos los espectros promueven la polarización y, consecuentemente, la división. Por citar algunos ejemplos, tenemos la retórica de la mafia de Andrés Manuel López Obrador. Todo aquel que no está con él pertenece a la mafia. El no convence, simplemente juzga. Ricardo Anaya, líder nacional del PAN, también se ha convertido en un especialista de esta corriente política. Aquellos son malos, nosotros somos buenos. Lo que ellos hacen son fregaderas, pero lo que hacemos nosotros apenas travesuras. La crítica a sus pupilos siempre es guerra sucia, pero la suya es denuncia ciudadana. El propio Presidente de la República le entra a esta dinámica del agarrón con su campaña de las buenas noticias no se cuentan. Otra visión maniquea carente de elemental autocrítica. Y así podemos seguirle. Tirios y troyanos participan en ese estúpido e improductivo juego de los “chingadazos políticos”, disculpándonos por la vulgar expresión.

TRAS BAMBALINAS. SEÑALAMIENTOS, ACUSACIONES Y MENTADAS DE MADRE. La editorial de El País sugiere cambiarle el tono a la conversación. Transitar del diálogo maniqueo a uno constructivo. ¿Será posible lograrlo en México? En la víspera del proceso electoral del 2018 se antoja difícil. Tampoco se ve en los actores actuales magnanimidad suficiente para cambiar el tono y lograr una verdadera conversación política que sustituya a los permanentes señalamientos, acusaciones y mentadas de madre que hoy prevalecen. La cuestión no es de colores, divisas o ideologías, lamentablemente es más compleja, es de humildad y generosidad política. Urgen los liderazgos de buenas personas.

Notario Público 19 de Querétaro.

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