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El Teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. ELECCIÓN MEXIQUENSE. Como se pronosticaba, la jornada electoral en el Estado de México se vivió intensamente. Afortunadamente, no hubo incidentes mayores. Ganó Alfredo del Mazo Maza, del Partido Revolucionario Institucional (PRI) con el 33.7 % de los votos. En segundo lugar quedó Delfina Gómez de Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) con el 30.8 %. Esto representa una diferencia de 2.9 %. Y si bien este margen no se puede calificar de holgado, dado el tamaño del padrón electoral mexiquense sí se puede afirmar que la victoria del priísta es contundente. Pero no se pueden echar las campanas al vuelo. Resulta aterradora para los tricolores, por decir lo menos, la estrepitosa  caída en el soporte popular al partidazo con relación al 62 % que el PRI obtuvo en la elección de Gobernador del 2011 en el Estado de México. Son 28 % menos, casi la mitad de lo obtenido. ¿Quién es la causa, partido o presidente? Por otro lado, es igualmente interesante que en aquel ejercicio democrático del 2011 el Partido Revolución Democrática (PRD) lograra el 21 % y el PAN el 12 %, siendo que en esta ocasión el primero obtuvo un 18 % y el segundo un 11 %. Esto exhibe que no están tan lejos de sus históricos como para santificar a uno y satanizar a la otra. Pero eso, como dicen en los órganos electorales, ya es “vida interna” de los institutos políticos.

SEGUNDO ACTO. FACTORES. Los sucesos electorales en la denominada “tierra santa” del sexenio deben ser, cuando menos, media cubetada de agua fría para quien despacha por el rumbo de Alencastre. Sin lugar a dudas, hubo factores que mucho ayudaron al triunfo tricolor: en primerísimo lugar, una participación que apenas rebasó el 50 %, es un hecho democráticamente triste pero políticamente irrefutable que las posibilidades del PRI son inversamente proporcionales a la afluencia a las urnas; el candidato y la campaña son otro de ellos, Del Mazo trabajó duro, sumó, cuidó que no hubiera escándalos y, sin negar la cruz de su parroquia, se mantuvo a prudente distancia del atrio; Eruviel traía buena aceptación y se condujo con discreta eficacia; el inesperado y para el PRI casi milagroso crecimiento de Juan Zepeda restó directamente a Morena; y, perdón por la franqueza, la nulidad de la candidata de Morena.

TERCER ACTO. LECCIONES. Sin duda, es un resultado que, no obstante lo justo, inyecta ánimo y, quizá esto sea lo más valioso para el futuro tricolor, esperanza al priismo. Para los azules es una fuerte llamada de atención. Sin haberse logrado constituir en un partido de bases, el PAN parece alejarse hoy de una ciudadanía que si bien no participaba activamente en el partido, sí les brindaba su confianza y los fortalecía en los procesos electorales. Sin embargo, la carga de haber sido ya gobierno, sus permanentes y públicas luchas internas y la crisis de credibilidad de todos los partidos tradicionales que les pega directamente, lo han alejado de su fuente natural de sufragios y su escenario para el 2018 es poco halagüeño. El PRD tiene el problema de encontrar un Zepeda nacional o jugársela a ver si el propio Zepeda pega en lo nacional. Eso si las tribus amarillas no se lo devoran antes. Y Morena, pese al resultado adverso, mostró un fuerte músculo electoral. Su impresionante crecimiento en una entidad como el Estado de México y con una candidata como la que tuvieron, exhibe el arrastre de Andrés Manuel López Obrador, quien sabe que apareciendo en la boleta le da la vuelta sin problema a esos dos puntos y más. Seguramente impugnará la elección pero se va a moderar porque la derrota de ayer no deja de tener sabor a victoria por la plaza, los números y los efectos que causará, entre ellos, probablemente, que los que se van y quienes manejan los dineros busquen contactos con el tabasqueño para hacer una especie de tregua de aquí a julio del 2018. Y eso en este momento es oro molido para López Obrador, quien despresurizado podrá concluir el último tramo de su larguísima campaña presidencial.

TRAS BAMBALINAS. CONTINUIDAD. Enrique Ochoa debe permanecer al frente del PRI. Su convicción abonó y si bien su estilo de confrontación con los contrincantes a  algunos no gusta, quedó claro que en un escenario fraccionado y enfrentado parece no haber de otra y Ochoa lo hace bien. Por otro lado, el candidato tricolor tendrá que ser alguien blindado con el tema de la corrupción, como mínimo y, sin ánimo de ofender al priísmo cavernario, aunque lo sea hasta el tuétano que hacia la ciudadanía se aprecie lo menos priista posible. Finalmente, el Presidente debe cuidar mucho su administración en los meses venideros, que la economía se mantenga estable, se contenga en lo plausible la inseguridad y la violencia y se presenten el menor número de escándalos posibles. Quizá hasta le convendría hacer algunos cambios en el gabinete. Todo dependerá de cómo lea el Gran Elector lo que sucedió el domingo pasado en su tierra.

Notario Público 19 de Querétaro.

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