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El Teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. INSEGURIDAD

El país está caliente. Por un lado, por todas partes comienzan a resentirse las cada vez más sanguinarias secuelas de la guerra por las plazas desatada entre los principales cárteles del narcotráfico. Por otro lado, también se siente la violencia producto del combate a la mafia dedicada al robo de hidrocarburos, los llamados “huachicoleros”, en importantes entidades como el Estado de México, Puebla, Jalisco, Guanajuato, Tamaulipas e Hidalgo. Lo que va de este 2017 está para olvidarse en materia de seguridad. En Querétaro, entidad que hasta hace poco algunos consideraban una especie de “zona neutral” en el universo paralelo del narcoterror, las ejecuciones y los encajuelados se han vuelto cosa de todos los días y, no obstante los esfuerzos de las autoridades locales, no se ve cómo se pueda paliar una confrontación que comienza y la experiencia de décadas pasadas tristemente muestra que muy probablemente irá de menos a más. La violencia asociada al crimen organizado es una espiral que solamente genera más violencia. Y en estas luchas nadie gana. Siempre habrá alguien dispuesto a pelear la plaza.

SEGUNDO ACTO. CÁRCELES

En este caótico escenario, mención aparte merece la delicada situación que se vive en los centros penitenciarios. El descontrol y la violencia están desbordados, desde las prisiones de supuesta máxima seguridad hasta las cárceles estatales. Basta referir la pelea de hace unos días en el penal de Acapulco que arrojó 28 muertos – cifra oficial -. Paralelamente, tenemos a ejército y marina cansados de cumplir funciones policiales, ajenas a su naturaleza, y a una policía federal que muchas veces trabaja en condiciones desfavorables, ya que es frecuente que los delincuentes tengan cooptada a la policía local, sean blanco de emboscadas y los delincuentes allende superarlos en número estén mejor armados y blindados y cuenten con el respaldo comunitario.

TERCER ACTO. MISIÓN DEL ESTADO

La misión fundamental de la autoridad es brindar seguridad a la población. Este compromiso resulta de la esencia misma del pacto social. El motivo primario de la asociación humana es disfrutar de la protección que brinda la vida comunitaria. Sin esa garantía mínima, la vida en sociedad pierde sentido. En los últimos años la ciudad de Santiago de Querétaro ha sufrido un aceleradísimo crecimiento. Esto inevitablemente pega en la línea de flotación de la calidad de vida de quienes aquí residimos. Ciudades más pobladas, problemas más complejos. En estas condiciones, más allá de lo que se alegue, los índices delictivos van en aumento. El único termómetro objetivo para medirlos es la propia ciudadanía y, en este sentido, es generalizada la percepción de que Querétaro es cada día menos seguro o más inseguro, según la óptica de la que se quiera ver. Y esta apreciación es pragmática, tiene su origen en las cada vez más frecuentes infortunadas experiencias de personas cada vez más cercanas. El reto no es menor y debe ser atendido en forma integral por todos aquellos que colaboran en instituciones que llevan a cabo tareas legislativas, de reconstrucción del tejido social, de prevención, de procuración y de impartición de justicia, de todos los niveles de gobierno.

TRAS BAMBALINAS. CULPAS

Lo peor que puede ocurrirnos en este momento es entrar al estéril reparto de las culpas, cuyo cuadrante abarca desde los sacrificios aztecas hasta lo declarado ayer por los actores políticos. No es momento de cubrirse las espaldas políticas con posicionamientos mediáticos. Es tiempo para la corresponsabilidad, para implementar una efectiva coordinación interinstitucional que permita aprovechar los muchos o pocos recursos con los que se cuenta en materia de seguridad de la mejor manera en beneficio de la ciudadanía.

*La próxima semana estaremos fuera de la ciudad, por lo que no se publicará esta columna.

Notario Público 19 de Querétaro.

ferortiz@notaria19qro.com