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El Teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. CULTURA BUCHONA. La cultura del crimen le va ganando la partida a la cultura de la legalidad. Según el Diccionario de la Lengua Española, editado por la Real Academia Española, una lectura ecléctica de los diversos alcances del término “cultura” permite concluir que se trata del conjunto de costumbres y sus manifestaciones que expresan la vida de un pueblo en una época determinada. En este sentido, en este momento el pueblo de México parece haberse acostumbrado a coexistir con la ilegalidad. El delito, finalmente la manifestación más acabada y socialmente más lesiva del quebrantamiento de las normas, se ha vuelto lugar común en nuestra vida cotidiana. No deja de ser curioso que los criminales sean las personalidades de nuestro tiempo. En un mea culpa reconocemos que justo hace unos días pasamos un par de horas frente al televisor viendo un documental sobre la vida de Joaquín “El Chapo Guzmán”. Esto gracias al creciente consumo de las narco-publicaciones, narco-series, narco-corridos y la narco-fe, por citar algunas expresiones de la llamada cultural buchona que está arrollando a nuestro país. La cuestión es que estás manifestaciones culturales están indisolublemente asociadas al tráfico y consumo de drogas, robos, ejecuciones, secuestros y, en general, al crimen y la violencia como formas de vida que de manera aterradora parecen ser cada día un poco más socialmente aceptadas.

SEGUNDO ACTO. EL FUNERAL DEL OJOS. El caso más reciente fue el sepelio de Felipe de Jesús Pérez Luna, alias “El Ojos”, líder del Cártel de Tláhuac, una organización criminal que opera en la Ciudad de México y la zona conurbada, quien fuera abatido en un enfrentamiento con elementos de la Marina Armada de México. Al funeral de este delincuente acudieron cientos de personas, le echaron porras y hubo quien lo definió como, cito textual, “un Robin Hood que nos daba trabajo”. Este caso, además, es un parteaguas en la vida de la cosmopolita CDMX, ya que por vez primera la capital del país es víctima de los narco-bloqueos, exhibiendo que al igual que en otras latitudes nacionales allí operan importantes grupos delictivos perfectamente organizados. Se acabó aquel mito de que por razones políticas y de seguridad del primer mandatario y demás funcionarios de primer nivel, en la sede de los poderes federales no se permitía florecer a esa clase de cárteles. La cultura de la legalidad sería precisamente lo opuesto. El desprecio ciudadano al crimen como forma de vida y a los delitos como sus manifestaciones. El repudio social a quienes se dedican a estas actividades lastimando a toda la comunidad. El deseo de que prevalezca la ley como un valor colectivo. Hoy van más personas a los funerales de los delincuentes que de los policías. Parecen tener más liderazgo social los narcotraficantes que los representantes populares. Los vacíos que dejan nuestras autoridades por incompetencia, corrupción o por ser un eslabón más de esa ilegalidad, lo llenan de inmediato estas manifestaciones negativas y violentas.

TERCER ACTO. EULEN. INÚTILES VIGILANTES DE LOS AEROPUERTOS. Nos dolemos de la discriminación fuera de México cuando cotidianamente se vive aquí mismo. Les platico. Hace unos días, regresando a Querétaro de un viaje hicimos una escala en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. El tránsito del vuelo en el que llegamos al que finalmente nos depositaría en estas tierras de Conin nos permitió apreciar la prepotencia, incapacidad y malinchismo de los elementos de la empresa de seguridad “Eulen” que ilegalmente resguarda dicho puerto aéreo. Y decimos ilegalmente porque la Ley de Inversión Extranjera reserva la seguridad en puertos aéreos al Estado Mexicano, pero como en este país las leyes se hicieron para violarse, más tratándose del sector comunicaciones y transportes, pues no pasa nada. Pasará en unos años, cuando se descubra que el “business” de la seguridad en los aeropuertos permitió que tomaran el control los malosos, y entonces nos desgarremos las vestiduras y diremos que cómo fue posible que mientras en todo el mundo son las policías nacionales o cuerpos especializados los que vigilan los aeropuertos, aquí lo hacía personal sin pruebas de confianza, sin importar sus antecedentes y sin capacitación, con una altísima rotación a los que les pagaban una miseria y por outsourcing, fomentando así que adicionalmente se prestaran para lo que fuera por unos cuantos pesos. Estos inútiles, entre otras gracias que vimos, ayudaban a cargar las maletas únicamente a las jóvenes extranjeras con buena presentación. Mujeres mayores y niñas mexicanas no eran dignas de su ayuda. Al cuestionarlos sobre esta discriminatoria actitud, uno de los sujetos señaló que él era agente de seguridad no maletero y, en su lógica, eso justificaba que solo ayudara a quien quería. Luego, al pasar el detector de metales otros personajes de la misma empresa “Eulen”, con una actitud más sobrada que de intelectual mexicano ochentero, le quitaban a los viajeros las lociones y perfumes que habían adquirido en el avión o duty free, argumentando que no podían llevar líquidos, los que por cierto ya traían de otro aeropuerto y/o vuelo. Sin justificación alguna, prepotente y groseramente, con la evidente intención de robárselos. Una vergüenza.

TRAS BAMBALINAS. NADA PASA. La verdad es que resulta muy triste llegar a México y de inmediato comenzar a ver la cultura del abuso en estos tipejos de “Eulen” que hacen todo menos custodiar las terminales aéreas. Pero en este país del “no pasa nada” pues… nada pasa.

Notario Público 19 de Querétaro.

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