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El teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. PASAMOS DE LA DICTADURA PERFECTA A LA DEMOCRACIA IMPERFECTA. ¿Cómo llegamos a esto? Este es sólo uno de los frecuentes cuestionamientos que los ciudadanos nos hacemos cada vez que un nuevo caso de corrupción, impunidad o bien un acontecimiento violento de mayor envergadura, nos saca de la somnolencia en la que nos ha sumido la costumbre. Aunque cada vez es más difícil que algo nos sorprenda, eventualmente la espiral de descomposición en la que hemos caído nos obsequia novedosos hechos que nos recuerdan que el habernos acostumbrado a la violencia y a los sinsentidos políticos no los justifica ni tampoco exime de responsabilidad a quienes están obligados a custodiar la gobernabilidad y la armonía social. Hace algunos años, en aquellos tiempos de la dictadura perfecta, los ciudadanos esperanzados en que soplaran nuevos tiempos políticos en México se agruparon en alguno de los siguientes cuatro bandos: los que consideraban que la pluralidad democrática solucionaría los problemas de México; los que apostaban a la alternancia como el medio para sacar a México del rezago; aquellos que veían en la derrota del PRI la única forma de despertar al país; y, finalmente, los que únicamente apreciaban una solución en las filas de la derecha o bien de la izquierda mexicana. Pues bien, medio siglo después podemos afirmar que todos se equivocaron. Ni la pluralidad, ni la alternancia, ni ver al PRI en las filas de oposición, como tampoco los gobiernos emanados de la derecha o de la izquierda, han servido para mejorar las condiciones políticas del país y las de vida de los mexicanos. Como algún intelectual mexicano señaló, y ofrezco una disculpa por recordar la frase y no al autor, pasamos de la dictadura perfecta a la democracia imperfecta. Lo cierto es que muchos fueron timados y otros se auto-engañaron con la estúpida idea de que los problemas de México se resolverían en las urnas. Y esto no quiere decir que la democracia electoral no sea un elemento indispensable para la construcción de un régimen de justicia social, sin duda lo es, el punto es que es un elemento más cuando durante décadas la hemos apreciado como una panacea.

SEGUNDO ACTO. DEVOLVERLE LA DIGNIDAD. Es un secreto a voces que cada día los mexicanos aborrecen un poco más a todo aquello que huela a política. Esta es una verdad que debemos reconocer quienes militamos en un instituto político. Al ciudadano ajeno a los vaivenes políticos, esto es, a la inmensa mayoría de la población, le vale un reverendo cacahuate el color o divisa. Afirman, casi siempre con hartazgo, que todos somos iguales. En parte, tienen razón. Quienes creemos en la política como el único camino legítimo para lograr la justicia social, no hemos estado a la altura de las circunstancias. Ya sea los políticos profesionales o quienes en cierta forma participamos o damos seguimiento al acontecer político, no hemos podido sumar fuerzas para devolverle dignidad a la cosa pública.

TERCER ACTO. DEBATE OCIOSO. La realidad es que la obsesiva necesidad de prevalecer en los procesos electorales siempre saca la parte más pobre de nuestra ya de por sí famélica clase política. Y aquí no hay un culpable. En todos los partidos, movimientos y hasta lances independientes vemos personajes, acciones, señalamientos, omisiones y acusaciones que lo único que hacen es mostrar que para una buena parte de quienes deberían servirnos solamente somos sufragios. Los ejercicios democráticos en México han pasado de la selección del mejor a la del menos malo. El objetivo de las disputas políticas que nos ofrecen es el descrédito. Se busca el voto en función del rechazo al contrincante, y no el sufragio comprometido con el proyecto que se ofrece. Este paradigma político únicamente desanima al electorado y echa por la borda el esfuerzo de una sociedad que pretende vivir en un régimen democrático, al que parecen resistirse, paradójicamente, varios actores políticos. El debate ocioso perjudica, deteriora y desvirtúa el ambiente democrático que se ha construido.

TRAS BAMBALINAS. PLEBI-OSOTE. El fallido ejercicio democrático de consulta pública sobre la concesión del servicio de limpia en el municipio de El Marqués nos regala cuando menos tres lecciones: no hay que trivializar los plebiscitos; no es conveniente pretender “ciudadanizar” decisiones eminentemente administrativas que involucran aspectos técnicos, ese no es el objetivo de esta clase de herramientas democráticas; y, no obstante la buena voluntad, el IEEQ carece de los medios para organizar adecuadamente esta clase de ejercicios. La participación del 13 por ciento y la confusión con el resultado hablan por sí solas. A ver si no se les ocurre hacer otro plebiscito para ver qué opina la gente de este plebiscito.

PÚBLICO CONOCEDOR. HUYERON PADRÉS Y DUARTE. Ambos pillos se escaparon. ¡Qué vergüenza! Con fuero o sin él, con acuerdo o sin acuerdo, de oposición o gobierno, hoy son un par de rayas más al tigre de la impunidad. Ojalá los hagan responder por sus actos. Y de una vez que por ley se practiquen auditorías por entes independientes, públicos y/o privados, a todo gobierno que concluya.

Notario Público 19 de Querétaro.

ferortiz@notaria19qro.com