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El Teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

“No pienso igual que tú, pero moriría por

defender tu derecho a pensar diferente”

Voltaire.

 PRIMER ACTO. DESAZÓN Y CRISPACIÓN POLÍTICA. La vida nos ha mostrado que la pertenencia o simpatía por un partido político, un grupo religioso, una ideología en particular o una familia o persona determinada, no es parámetro para calificar la capacidad, honestidad, valor o bonhomía de una persona en particular. Todas las comunidades, grupos sociales, asociaciones, organizaciones y familias se componen de individuos con distintas cualidades y defectos, allende sus ideas y filiaciones. Inclusive, somos escépticos de esa concepción maniquea de la bondad o maldad intrínsecas a los seres humanos. Todos tenemos la libertad de hacer cosas buenas y malas. De hecho las hacemos y durante nuestra existencia, en mayor o menor medida, todos oscilamos entre ambos cuadrantes del espectro conductual. Nadie es totalmente bueno, ni absolutamente perverso. Sin embargo, en los últimos años la desazón y crispación política que prevalecen en México, han provocado el abuso en el demagógico discurso y cómodo argumento de las generalizaciones. Desde Ricardo Anaya que todos los días fustiga de corruptos a todos “los priistas” – seguramente por temor o precaución a decir Enrique Peña Nieto -, hasta las cúpulas empresariales que también cotidianamente acusan a todos “los morenos” de populistas y autoritarios. Para otros sectores, todos “los panistas” tienen doble moral y todos “los perredistas” se venden al gobierno. Y así, de aquí para allá y de allá para acá, también todos los días van y vienen descalificaciones masivas. Lo más delicado es que para el grueso de la población todos “los políticos” – en el amplísimo sentido del término, esto es, tanto los burócratas y representantes que se mueven en helicóptero como los de gafete obligatorio – son corruptos, abusivos, flojos y prepotentes. Y esta tormenta de las generalizaciones lo que ha logrado es cavar abismos entre los propios políticos, la sociedad, familias y amigos.

SEGUNDO ACTO. LA CRÍTICA MANIQUEA Y EL CONFLICTO. Las cada vez mayores dificultades para alcanzar consensos elementales en una democracia plural – como serian el nombramiento del Fiscal General o la conclusión de la reforma anticorrupción – se deben en buena medida a que, desde hace aproximadamente dos décadas, se ha venido enquistando en México una forma de hacer política construida sobre el señalamiento, la generalización, el ataque y la diatriba. Esta manera de buscar el voto y legitimarse a costa del descredito de los contrarios, ha permeado al interior de los partidos e, incluso, de las instituciones, donde las confrontaciones ya son cosa de todos los días – ahí está el reciente escándalo cocinado en la FEPADE pero servido en el Senado de la República -, y también a los medios y a la sociedad en general. El análisis es frecuente y agresivamente generalizador, al igual que las opiniones y hasta los juicios sociales. Tenemos pues a la crítica maniquea como guión y al conflicto como escenario político.

TERCER ACTO. DISTINGUIR EL BLANCO DEL NEGRO. En este punto es donde muchos queremos hacer válidas precisiones. En nuestro caso, lo afirmamos: somos muchos los militantes priistas que no somos corruptos. Son muchos también los compañeros tricolores que han ocupado y ocupan cargos públicos que tampoco lo son. Lamentablemente, hay demasiados casos de hombres y mujeres que se han servido y sirven de la política bajo las siglas del PRI. La mayoría de los priistas también estamos cansados y nos sentimos profundamente agraviados por ello. Y celebramos cuando se les procesa, detiene y encierra. De la misma manera que lo festina la sociedad, y como también lo hacemos con aquellos ladrones que llegaron al poder de la mano de otros partidos políticos. También hay excelentes servidores públicos de filiación panista, perredista, morenista y cualquier otra. Tenemos esplendidos amigos en las filas de Acción Nacional, como José Luis “Chepo” Sainz y Poncho Rodriguez, y de MORENA como Joaquín Borrell. Hay otros personajes a quienes conocemos y les guardamos aprecio y respeto como Mariana Gómez del Campo y Armando Ríos Peter, por citar sólo un par, aunque afortunadamente son muchos. Se trata de buenas personas con quienes podemos diferir ideológicamente o bien en su forma de ver y hacer la política, pero nos constan su capacidad y compromiso con México. Así las cosas, debemos desterrar las generalizaciones porque detrás de ellas se esconden las lacras que amparadas bajo todas las siglas políticas y ahora hasta como independientes, han convertido a la política mexicana en un mercado de dinero, espacios y poder, sin compromiso ideológico alguno y, mucho menos, vocación de servicio. Pongámosle nombre y responsabilidades a los acontecimientos, sólo así empezaremos a distinguir verdaderamente el blanco del negro.

TRAS BAMBALINAS. GOBERNADOR DISCRETO Y AMABLE. El pasado sábado nos reunimos en familia en un restaurante por el rumbo de Juriquilla para celebrar el cumpleaños de nuestro querido padre. A eso de las 3:30 de la tarde entró discretamente al comedero el gobernador, acompañado de su esposa, su hija y una amiga de su hija. Y, sin que se apreciara al interior del lugar la presencia de escolta alguno, ocuparon una mesa, comieron y se retiraron. Algunas personas pasaron a saludarlo a su mesa y el gobernador pasó a despedirse a un par, entre ellas la nuestra, en forma por demás relajada y amable. Se iba a los toros. Da gusto ver que el personaje político más importante de Querétaro pueda y guste – en muchos casos no pueden por seguridad o no gustan por miedo al repudio social – asistir en familia un sábado que está de merecido y necesario descanso a comer a un restaurante y luego a un espectáculo público. Es importante ese contacto con la realidad social, porque siempre le permite al servidor público ver y escuchar muchas cosas que nunca se filtraran a Palacio; y, a la población ver y sentir cercano a quien lleva las riendas de su entidad. Bien por la cercanía del gobernador Francisco Domínguez.

Notario Público 19 de Querétaro.

ferortiz@notaria19qro.com