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El Teatro de la República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. ¿ES ACTUAL NUESTRA CONSTITUCIÓN FEDERAL? La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos fue promulgada aquí en Querétaro el 5 de febrero de 1917. Desde entonces, a su abrigo han ejercido el poder 24 presidentes de la República, de los cuales – sin incluir a los de utilería y por obvias razones -, únicamente su promotor Venustiano Carranza libró su periodo sin modificar el texto constitucional. A sus 99 años, la redacción original ha sufrido casi 650 modificaciones que han tocado a más del 80% de los 136 artículos que la componen. Más de la mitad de tales cambios han tenido lugar en los últimos 25 años. Desde este ángulo, nuestra Constitución se antoja dinámica y moderna. Sin embargo, durante las primeras 2/3 de su vida, las alteraciones constitucionales fueron mayoritariamente caprichosas y programáticas. Esto significa, por un lado, que obedecieron a las personalísimas apreciaciones de los titulares del Ejecutivo que las propusieron y/o impulsaron; y, por el otro, que fueron adiciones de buenos deseos, muchos verdaderamente idílicos, más que adaptaciones a los requerimientos de las realidades social, política y económica del país. Han sido los últimos lustros los que han imprimido un corte más moderno al en unos meses centenario texto. Luego, con la pluralidad democrática transitamos de los tiempos de la reforma caprichosa a los de una riesgosa estaticidad. Y si bien nuestra Carta Magna sigue cumpliendo en términos generales con su papel de pacto social, esto se debe en buena medida a las interpretaciones que los órganos jurisdiccionales federales hacen de sus postulados, dotándolos de efectiva actualidad y vigencia. Sin embargo, nuestro sistema legal no va a poder adaptarse eterna y exclusivamente en función de dichas interpretaciones.

SEGUNDO ACTO. TRASCENDENCIA POLÍTICO-SOCIAL. El rezago del texto constitucional es preocupante dado su impacto social. Desde una perspectiva eminentemente jurídica, un Estado moderno es inconcebible sin una ley fundamental adecuada. En la actualidad, no podemos imaginar a una nación sin la existencia de un testimonio supralegal que establezca las bases fundamentales y brinde coherencia a las diversas normas que regulan las cada vez más numerosas y complejas vertientes de la vida comunitaria. Para que exista orden normativo es imprescindible contar con un instrumento superior estructurado. Es indispensable que exista una relación jerárquica y armónica entre las distintas regulaciones. De ahí que de la Constitución deriven todas las normas, transformando un compendio de leyes en un verdadero sistema jurídico que termina por constituir un sistema de vida. Por ello, el principio de supremacía constitucional es finalmente la base del Estado de Derecho. Ahora bien, desde un ángulo político-social, los postulados constitucionales se traducen en el proyecto de nación del Estado de que se trate. En sus líneas se sintetizan las aspiraciones y expectativas de un grupo de personas que coexisten en un territorio determinado y que se encuentran vinculadas, en mayor o menor grado, por valores, principios y anhelos comunes. En el caso de nuestro país, es en nuestra Constitución Federal donde se plasma el modelo político, social, económico y cultural que determina la evolución de la sociedad mexicana.

TERCER ACTO. CONSTITUYENTE CITADINO: UNA VERGÜENZA. Hace unos meses comentábamos en este mismo espacio: “arranca la Asamblea Constituyente en la Ciudad de México, un experimento jurídico-político que de lograrse – y muchos deseamos que así sea – redundará en beneficio de la capital del país y será un claro referente para el impulso de futuras transformaciones nacionales…”. Todo inició bien, no hubo oposición a la necesidad de dotar a la “nueva” Ciudad de México de su texto constitucional. Nos brindaron esperanza. Si este ejercicio de análisis y debate constituyente funcionaba, quizá a mediano plazo se podría pensar en replicar el paradigma en lo nacional y, luego de 100 años, contar con un nuevo texto constitucional verdaderamente moderno. ¿Qué ha pasado? Los intereses partidarios y tribales, lucimientos y egos personales, resentimientos y odios políticos  y, sobre todo, la soberbia y falta de responsabilidad de los “constituyentes” comenzando con las recurrentes inasistencias a las sesiones, están exhibiendo que, tristemente, los mexicanos adolecemos aún de la madurez elemental para darnos una nueva Constitución. Sin duda es un motivo de vergüenza.

TRAS BAMBALINAS. PRESIDENTES. ¿Quiénes han sido los 24 titulares del Ejecutivo Federal que han jurado la Constitución de 1917? 1914-1920 Venustiano Carranza; 1914-1915 Eulalio Gutiérrez; 1915 Roque González Garza; 1915 Francisco Lagos Cházaro; 1920 Adolfo de la Huerta; 1920-1924 Álvaro Obregón; 1924-1928 Plutarco Elías Calles; 1928-1930 Emilio Portes Gil; 1930-1932 Pascual Ortiz Rubio; 1932-1934 Abelardo L. Rodríguez; 1934-1940 Lázaro Cárdenas del Río; 1940-1946 Manuel Ávila Camacho; 1946-1952 Miguel Alemán Valdés; 1952-1958 Adolfo Ruíz Cortines; 1958-1964 Adolfo López Mateos; 1964-1970 Gustavo Díaz Ordaz; 1970-1976 Luis Echeverría Álvarez; 1976-1982 José López Portillo y Pacheco; 1982-1988 Miguel de la Madrid Hurtado; 1988-1994 Carlos Salinas de Gortari; 1994-2000 Ernesto Zedillo Ponce de León; 2000-2006 Vicente Fox Quesada; 2006-2012 Felipe de Jesús Calderón Hinojosa; y, 2012-a la fecha Enrique Peña Nieto.

Notario Público 19 de Querétaro.

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