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El Teatro de República

  • Fernando Ortiz Proal

PRIMER ACTO. GANÓ TRUMP. La elección de Donald Trump como el 45º Presidente de los Estados Unidos de América (EE.UU.) nos deja lecciones y motiva reflexiones. A toro pasado hasta lo inesperado resulta obvio, sin embargo, conscientes del riesgo de resultar reiterativos porque probablemente masticaremos las mismas conclusiones que en los últimos días han llenado los espacios tanto de los medios impresos como electrónicos, no podemos dejar de comentar lo acontecido electoralmente en el vecino país del norte. En principio, reconocemos que el triunfo de Donald Trump sobre Hillary Clinton sorprende, preocupa y ocupa a los mexicanos. Los tres pilares de la relación bilateral, migración, seguridad y comercio exterior, se verán cimbrados, en mayor o menor medida, tarde o temprano, por el temperamento, percepciones y compromisos del republicano. El tono que desde su precandidatura imprimió Trump al proceso y, sobre todo, la adhesión masiva a la idea de las deportaciones, el muro y la cancelación del TLCAN, ya habían alterado la interacción entre ambas naciones. Y el súbito relevó del brevísimo embajador Basáñez da cuenta de ello. Pero conforme se fue fortaleciendo la presencia de Trump, arrebatando primero la candidatura al statu quo republicano y remontando luego la “cómoda ventaja” que tuvo la señora Clinton, se corrieron distintos velos que nos permitieron ver en crudo que las ideas supuestamente descabelladas del multimillonario personaje lo eran también de un amplio porcentaje de la sociedad norteamericana.

SEGUNDO ACTO. CORTOS DE VISTA. Encapsulados en lo que queríamos ver dejamos de apreciar lo que realmente estaba ocurriendo. Sobrevaloramos tanto el discurso como la presencia de Barak Obama, así como las cualidades de Hillary Clinton. Cerramos los ojos ante aquello que no nos gustaba. También sobrevaloramos la influencia política de la minoría latina y, esto es quizá más preocupante, de la cohesión de dicha minoría. Del tema de las encuestas mejor ni hablar. Ya sea en Reino Unido con la consulta del Brexit o bien en Colombia con la de la amnistía a las FARC, pasando por los procesos electorales en México e, incluso, el referéndum de la basura en el queretano Municipio de El Marqués, las encuestas han mostrado ser herramientas hechas sin escrúpulos políticos ni científicos. En una palabra, una vacilada. Aunque habrá que decir en su defesa que tratar de adivinar el comportamiento humano no es empresa sencilla. Hemos agrupado o segmentado a la sociedad. Vemos a los millennials, mujeres, latinos, gente de color, clase medieros, generación X y demás manadas sociales – conste que es con “n” -, como universos herméticos que piensan y hacen lo mismo por la simple razón de compartir momento, género, raza, calidad de minoría o nivel de ingresos. No nos damos cuenta de que se trata de grupos siempre concurrentes e interactuantes que emiten su sufragio en función de múltiples variables.

TERCER ACTO. EL SUFRAGIO DE LA CARTERA. Hoy es evidente que un amplísimo sector de la clase media estadounidense pasó factura a los demócratas por las cargas impositivas con las que se patrocinaron las políticas asistencialistas de Obama. ¿Justo o no? Quién sabe. Lo cierto es que el bolsillo es el rey de los resentidos políticos. Por otro lado, además de representar la continuidad y no haber sido nada autocrítica, Hillary encarnaba la dictadura de las dinastías, siempre impopulares. En México nos concentramos en los dichos antiinmigrantes de Trump, mientras que en los EE.UU. si bien fue un tema medular, las medidas económicas como liberar la carga tributaria a la mayoría y eliminar los privilegios fiscales a los grandes contribuyentes cautivaron inclusive a un buen porcentaje de latinos.

TRAS BAMBALINAS. EFECTOS CHARROS. El triunfo de Trump, sin lugar a dudas, viene a complicar el escenario de las relaciones bilaterales. Aunque el escenario de un apretado triunfo de Hillary Clinton con un Congreso republicano hubiera sido peor en la práctica a mediano y largo plazo, porque la señora Clinton hubiera tenido que ceder espacios y, muy probablemente, lo hubiera hecho en los temas migratorio, de seguridad y de comercio con México. El “carro completo” republicano obliga a Trump a legitimarse con quienes no lo votaron. Además, el señor Trump ha probado ser un  psicópata político que dirá y hará lo que le convenga allende lo que dijo o aquello a lo que se comprometió. Y, más allá de ideologías y posiciones, es un hecho que la personalidad de Donald Trump es compleja, habiendo exhibido poca formación, nula experiencia, soberbia, intolerancia y racismo. Y eso, se vea por donde se vea, anticipa problemas.

PÚBLICO CONOCEDOR. DUALIDADES DE LA POLACA. ¿Se tendría que ir la Canciller? Hay quien dice que es “intocable” en el ánimo presidencial… también Videgaray lo era ¿o no? Y, hacía mucho que no se veía un meme favorable al Presidente Peña Nieto. El triunfo de Trump complica y al mismo tiempo alivia. Dualidades de la polaca.

Notario Público 19 de Querétaro.

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