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El Bolígrafo – Elecciones en Estados Unidos

  • Raúl Iturralde

Estamos a poco menos de dos semanas para que se realice la elección del próximo Presidente de los Estados Unidos. Será la ocasión número 58 en que el electorado de ese país elija a su Presidente. Es una decisión de impacto global, y no solamente por los tiempos que corren, sino porque se elegirá al Presidente del país más poderoso del mundo, cuyo nivel de intervención, sea para cuestiones económicas, políticas o bélicas, siempre tiene efectos importantes en el concierto de las naciones.

El pasado 19 de octubre se llevó a cabo el tercer y último debate entre Hillary Clinton y Donald Trump, fue un debate de tono duro, con descalificaciones de ambas partes y escasas propuestas concretas que nos permitieran entender realmente qué es lo que quieren hacer en los próximos cuatro años; Trump no modificó su estrategia agresiva, con muchos adjetivos, pocos argumentos y la reincidencia en defender la creación del muro en la frontera con México; por su parte Hillary, más segura en sus afirmaciones, por momentos entrando en la dinámica de descalificaciones, mantuvo su línea argumental sobre el tipo de nación que quiere para los próximos años.

Expertos y encuestas coinciden en que la ventaja de Clinton es amplia y que difícilmente podrá revertirse la tendencia. DIARIO DE QUERÉTARO en su edición del jueves 20 de octubre sentenció: “Trump no se compromete a reconocer los resultados”; posiblemente lo que mueve al candidato republicano a descalificar el resultado de las elecciones del 8 de noviembre sea el hecho de saberse derrotado, a estas alturas del proceso su base de votantes no crece, al contrario, disminuye, mientras que su Partido le retira el apoyo, a veces con un significativo silencio, a veces con declaraciones que tratan de enmendarle la plana al candidato.

La declaración de poner en entredicho la aceptación del resultado electoral coloca en el tapete de la discusión y cuestiona uno de los grandes pilares en los que se sustentan las sociedades democráticas: el respeto a la decisión de las mayorías en un proceso electoral debidamente reglamentado y vigilado. En Estados Unidos, las elecciones de 1960, con Richard Nixon (del Partido Republicano) perdiendo la elección, y la del 2000, con Al Gore (del Partido Demócrata), como candidato derrotado, fueron, según los expertos, las elecciones más cerradas de la historia y con rumores de fraude electoral. En ambos casos, los candidatos derrotados aceptaron los resultados, garantizando, con ello la estabilidad del sistema.

Poner en duda el sistema electoral de un país, solamente puede obedecer a dos razones, o hay una total descomposición del tejido político y social de la nación, en el cual el grupo gobernante impone un control autoritario sobre los órganos electorales, provocando la desconfianza de la ciudadanía. O, como todo indica que es el caso, el candidato ve perdida la elección y aprovechando la desconfianza ciudadana en los procesos electorales, crea el engañoso escenario de un supuesto fraude electoral en marcha.

En mi opinión, la declaración de Donald Trump pone en tela de juicio al sistema político estadounidense y siembra incertidumbre sobre la jornada electoral y su posible resultado. Lo que es evidente es que no puede poner en cuestión un proceso electoral que desde un principio él conocía y que al entrar a la batalla presidencial aceptó las reglas del juego. Falta ver qué deciden y cómo actúan sus seguidores más fervientes sobre esta teoría conspirativa, como la ha llamado el periódico español El País. Por lo pronto, la carta final del republicano es apostar por la desconfianza en las instituciones y radicalizar el proceso electoral esperando, en caso de ser derrotado, un levantamiento de los sectores más agresivos.