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Espiritualidad Para Niños

  • Sarah Méndez

Te has preguntado: ¿Qué expresión ve tu niño o adolescente en tu cara cuando hablas con ellos?

Pasamos por tantas emociones, al mismo tiempo que interactuamos con nuestros hijos, algunas más regocijantes que otras y nuestros rostros reflejando nuestro temperamento. Tenemos que ser cuidadosos para no perdernos en nuestras emociones y proyectar una reacción que lastime la autoestima de nuestros hijos o nuestra relación con ellos.

Imagina una situación donde tu hijo adolescente no hizo lo que le pediste que hiciera – naturalmente te sientes decepcionado. Pero, ¿realmente quieres que él se sienta decepcionado? Es probable que también se sienta mal por lo que no hizo, y añadiendo tus emociones en la mezcla, se intensifican las cosas y se crean nuevos problemas, como la tensión y el dolor.

Además de nuestras palabras y acciones, cada expresión facial que tenemos, envía a nuestros hijos un mensaje sobre sí mismos – y acerca de cómo los vemos. Debemos prestar atención a los mensajes que estamos enviando.

Sé que cuando estoy molesta por algo relacionado con uno de mis hijos, si no soy consciente de mi lenguaje corporal, entonces incluso antes de decir nada, me preguntará, “¿por qué estás tan enojada?”

Expresamos más de lo que comúnmente estamos conscientes, y tiene un impacto. No sonreímos lo suficiente, no expresamos amor a través de nuestros ojos lo suficiente, pero seguro que fruncimos mucho el ceño y mostramos otros gestos de malestar y desilusión.

Podemos tener una conexión más cercana con nuestros niños y adolescentes cuando ven amor, respeto y confianza en nuestras caras. Pueden estar más motivados, más relajados, más comprometidos cuando nuestros ojos les muestran su mejor versión.

“Deja que mi alma sonría a través de mi corazón y mi corazón sonría a través de mis ojos, que yo puedo dispersar abundantes sonrisas en corazones tristes.” –Paramahansa Yogananda