imagotipo

Fidel y el paraíso perdido

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

Fidel Castro ha dejado un legado tan histórico como polémico. Líder de un movimiento revolucionario que gozó de la simpatía de muchos en Latinoamérica, se convirtió  en el objetivo a destruir por todo lo que representaba: el socialismo y su alianza con el bloque comunista. Para muchos, la victoria de su revuelta representó una trayectoria ideológica que tuvo consecuencias en el plano de lo cultural, en una nueva forma de mirar el entorno político y desde luego, la alternativa a un sistema económico y un sistema de producción. Atrajo con ello la participación de figuras emblemáticas a su causa de liberación de la dictadura de Batista, esas figuras que fueran tan impactantes como fugaces; Camilo Cienfuegos, Mella y el mítico Ernesto “el Che” Guevara. De toda esa pléyade de barbones que pretendían transformar la sociedad oprimida solamente trascendió Fidel, y sobrevivió pese a todas las adversidades que se le presentaron gracias a las amenazas de asesinarlo o liquidarlo en su menor oportunidad.

En ese contexto, lejos de representar ese aire independentista, la gesta revolucionaria de Cuba rápidamente tomó el papel opresivo que combatió, y entonces, los enemigos de Cuba a vencer no solamente eran los externos, como el etiquetado “imperialismo yanqui”, sino también todos aquellos elementos que se contraponían a la ruta de la revolución socialista impuesta por Fidel. Entre ellos, se encontraba el movimiento literario de muchos escritores e intelectuales que promovieron y eran partícipes de su lucha libertaria.

La postura crítica, entre otros, de Guillermo Cabrera Infante nos ayudó a los que vivíamos fuera de la isla, a descubrir el otro lado de la revolución, ese lado intolerante de los socialistas que muchos de los críticos de izquierda no quisieron ver o callaban con una complicidad mezquina para no trastocar esa idea quimérica de una Cuba libre. Por ejemplo, la intocable versión del Che Guevara, de ser un pilar vital de la historia cubana contemporánea se caía a pedazos, cuando se supo que aborrecía al movimiento literario que representaba José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Gastón Baquero, César Leante y Reinaldo Arenas, entre otros. ¿Por qué los odiaba? Pues bien, es muy emotivo y conmovedor el momento cuando el Comandante Guevara destruyera una oficina de los escritores de su tiempo, porque según él estaban liderados, a su decir, de maricones que no cabían en esa revolución. Pronto, se convirtieron los escritores, poetas y novelistas, en perseguidos políticos que fueron a parar a las mazmorras, y otros más al paredón de fusilamiento.

El exilio, nuevamente el exilio, se convirtió en la esperanza para muchos cubanos que soñaban con una Cuba distinta. España y Francia fueron los principales destinos para aquellos que lograron escapar a la opresión de la revolución socialista. La postura machista del “Che” Guevara influyó en la política cultural del gobierno de Fidel y su lineamiento oficial fue a la postre desterrar a todo aquel que representara el erotismo o desviación sexual de las filas socialistas. Los autores oficialistas como Alejo Carpentier y Cintio Vitier, se salvaron de ser considerados como autores casi pornográficos y sufrir las inhumanas persecuciones o censuras en la isla. Si en la Checoslovaquia de Kundera se respiraba ese aire de opresión ejercido por el Partido Comunista, al ser esbirros de los comunistas rusos, en Cuba la opresión tropical sufría de ese nuevo mal.

La policía secreta del bloque socialista era aterradora por los sistemas de persecución y la cerrada vigilancia que ejercía sobre sus ciudadanos supuestamente “libres”. Pasada la euforia de la revolución, muchos no entendían ese régimen dictatorial que los asfixiaba. Mucho más, no entendían la forma cruel de represión, a la cual pretendían ignorarla obedeciendo ciegamente los mandatos de la policía revolucionaria.

Fidel Castro, a final de cuentas representaba ante los ojos de mundo, y particularmente de Latinoamérica, ya no se diga en México, la alternativa a un sistema capitalista. En realidad se había convertido ya en una franquicia comunista que en un modelo de progreso e igualdad a seguir. Fidel y Cuba representaban el punto histórico del tiempo en que se nos perdió el paraíso.

Ahora, ya muerto Fidel en este Siglo XXI, con más de sesenta años de gobierno sin democracia, se entierra no solamente al eterno comandante, sino la posibilidad de un cambio cultural, ideológico y político, porque se queda su inercia política e ideológica, y más, todo el aparato opresor con el mando de su heredero en la persona de su hermano. Para colmo, ahora el capitalismo otea como único en el horizonte, y solamente nos queda la posibilidad de que sea el mismo capitalismo el que se transforme o se destruya. Ya no hay más alternativa socialista, o acaso nunca la hubo, y nos encontramos a la deriva que evita encontrar ese paraíso.

@manuelbasaldua