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Hacia la construcción de un nuevo contrato social

  • Rodrigo Chávez Fierro

@chavezfierro

 

Syriza, Podemos, Brexit, Trump, Sanders, Le Pen, Beppe Grillo. Partidos y candidatos antisistema han sido los protagonistas de los últimos procesos electorales en el mundo y sin duda tendrán toda la atención en las elecciones que se verificarán el próximo año.

Retomo las ideas de Manuel Muñiz (@MMunizVilla) en un artículo publicado por esglobal.com para hablar sobre las opciones políticas que podrían ayudar a construir un sistema más justo en el orbe. Es innegable reconocer que el mundo occidental se encuentra atravesando una convulsión política profunda y prolongada. Los movimientos arriba indicados son una muestra de la ruptura general de la confianza en el orden liberal y sobretodo con las élites que lo representan.

La pérdida de confianza en el sistema ha dado herramientas de marketing a los movimientos populistas tanto de derecha como de izquierda. Asimismo, es muestra del cambio estructural en la forma de generar y distribuir la riqueza en nuestras sociedades. Resulta pues necesaria la construcción de un nuevo contrato social en el cual la mayoría de los ciudadanos advierta que son parte apropiada de las oportunidades y de la prosperidad que la sociedad ha ido creando.

El director del Programa de Relaciones Transatlánticas de la Universidad de Harvard, reconoce que el orden liberal, constituido por el libre mercado, el libre comercio, unas fronteras porosas y el Estado de derecho, es un tremendo generador de prosperidad. No obstante, detrás de la explosión de la riqueza se encuentran el desarrollo tecnológico y el aumento de la productividad.

Por lo que ve al desarrollo tecnológico contribuye alimentar los problemas actuales. Cabe recordar que la primera ocasión que el cambio tecnológico produjo una sustitución en la fuerza física de los hombres por máquinas fue durante la primera revolución industrial. Sin embargo, ahora con la aparición de las computadoras avanzadas, lo que se ha empezado a sustituir es la capacidad de procesamiento de información; es decir reemplazar el cerebro humano por robots y algoritmos. Oxford Martin School calcula que casi 50% de los trabajos actuales corren el riesgo de estar automatizados en las próximas dos décadas. Mucho de ellos forman parte del sector servicios como la contabilidad y el transporte. Prueba de ello es que los vehículos autónomos, que podrán ser una realidad en la siguiente década, pondrían en peligro tres millones de puestos de trabajo tan solo en Estados Unidos.

Aunado a esto, como apunta Muñiz  “Desde principios de los años 70 hasta hoy, la productividad de bienes y servicios se ha incrementado casi un 250%, mientras que los salarios se han estancado. Este es un hecho muy importante: nuestra principal herramienta de redistribución, que la prosperidad se trasladara de productividad a salarios, ha dejado de funcionar”.

El estancamiento estructural de los sueldos de la clase media y el aumento de las desigualdades en nuestras sociedades está vinculado a la divergencia de productividad y salarios. La riqueza, siguiendo con el pensamiento del profesor Muñiz, está concentrándose en las manos de los que financian y poseen los robots y los algoritmos, en tanto la mayoría de los que viven de su salario atraviesa dificultades.

De acuerdo con el McKinsey Global Institute el ingreso de más de 80% de los hogares estadounidenses se ha estancado o disminuido en el periodo 2009-2016. Pero también fue así con el 90% de los hogares en Italia y el 70% en Reino Unido. “Estados Unidos tiene hoy la mayor desigualdad económica de los últimos 100 años, y en Reino Unido, habría que remontarse a mediados del siglo XIX para encontrar menos equidad en la distribución de riqueza”.

Los que padecen las consecuencias negativas de esta situación son los abandonados e ignorados personificada en los desempleados, subempleados, trabajadores pobres y gente que ve como se le han escapado las oportunidades económicas en los últimos diez años; los cuales están comenzando a formar una nueva clase política. Su reacción: votar por opciones cada vez más radicales. Y peor aún, el inicio de las dudas sobre la eficiencia de la democracia. World Values Survey advierte que en la historia reciente nunca había habido tan pocos estadounidenses que indiquen que es esencial para ellos vivir en democracia y más de un tercio estaría dispuesto a apoyar a un gobierno autoritario.

En el diseño del nuevo contrato social, concluye Manuel Muñiz, “El Estado tendrá que modificar la forma de obtener ingresos, quizá mediante una política industrial revitalizada, grandes inversiones públicas en capital riesgo y otros. En pocas palabras, si la riqueza se concentra en el capital, habrá que democratizar de alguna forma la participación en ese capital. En cuanto al gasto, también habrá que hacer cambios. Quizá impuestos negativos sobre la renta, el establecimiento de una renta básica universal o la puesta en marcha de programas de empleo público”.

Correo electrónico: rodrigo@chavezfierro.com

Miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi)