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Hugo Gutiérrez Vega, poeta multifacético

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

La sociedad vive momentos trepidantes y requiere de voces que la detengan en su loca carrera para evitar caer en el precipicio. Una de esas voces era la de Hugo Gutiérrez Vega que a través de sus agudas observaciones nos desmenuzaba los acontecimientos para señalar las acciones equivocadas y contribuyó a detener esa veloz caída. Las agudas observaciones que hacia no eran por las ganas de joder al prójimo, sino desenmascarar al cínico o al vivales, o también era ubicar lo sorprendente de nuestra vida cotidiana. Como también era descubrir en los sucesos las falsas intenciones de los mochos y conservadores.

Hugo tenía muchas facetas como mascaras para enfrentar la multiplicidad de situaciones. Situaciones que nos venían desde la política, la mojigatería, la formalidad de las instituciones o la solemnidad de los personajes ilustres.  Su multifacética personalidad le permitía afrontar directamente la injusticia y el dolor del pueblo, no al estilo de los caudillos tradicionales, sino de los que denuncian para desvelar lo evidente.

Ensayista, actor, literato, funcionario, editor o poeta. Ojos diversos para mirar el mundo y sus acciones, para después ofrecernos en breves o largas líneas las reflexiones hechas desde su perspectiva. Él decía que el poeta mira cosas que muchas de las  otras personas no alcanzan a mirar porque con la poesía se descubren esencias de la vida.  Porque la poesía las destaca y las hace emerger de una manera entrañable y muy sensible. La técnica de la poesía ayuda no solo a sostener la métrica del poema, sino la mirada desde la entraña del poeta.

La tarea de la descripción que empezó desde chico en Lagos de Moreno, en su natal Jalisco, en donde aprendió la sencillez de la vida del pueblo, vino a culminarla en la Ciudad de México cuando estuvo encargado del suplemento semanal del periódico La Jornada, en un espacio literario que se llamó Bazar de Asombros. En esas entregas nos llevaba a lugares insospechados para contemplar la asombrosa cotidianeidad de un México irremediablemente surrealista.

Hugo Gutiérrez Vega siempre estuvo ubicado en los lugares precisos, donde se requería de tomar decisiones fundamentales para la ruta de la cultura. Desde aquellos años en que fundó la Escuela de Psicología, para luego ser el Rector de la Universidad Autónoma de Querétaro y jugar un papel protagónico en el rescate no sólo de los espacios físicos, como el del Patio Barroco, sino  de la dignificación de la educación superior frente a la gleba fanática del conservadurismo queretano de mediados del Siglo XX.  Por si no fuera suficiente, el legado cultural culminó para esa etapa con la fundación del legendario grupo de teatro “Los Cómicos de la Legua”.

El teatro para Hugo Gutiérrez Vega, era la oportunidad de ser otro, de desenvolver el yo, para enfatizar los textos, las palabras y los pensamientos para reflexionar dentro del escenario en complicidad con el público presente. El teatro permite desde la irreverencia, la sátira y la risa como un elemento de crítica y autocrítica.

 

Querétaro gozó de sus últimas etapas de la vida del intelectual y del poeta. Pero lo disfrutó también como el ciudadano que recorría las calles adoquinadas, con destinos finitos en donde dejaba una estela de generosidad para su charla amena y desinteresada. A un primer año de su fallecimiento, lo recordamos afectuosamente, como recordamos su sonrisa amplia y su pelo blanco, como evidencia física de la amplia producción que nos heredaba en sus ensayos, poesías, artículos periodísticos y demás prolija productividad.

 

@manuelbasaldua