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Humanitas. Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

Estamos enfrentando seguramente un cambio de Era en el planeta. Los acontecimientos trágicos de las ultimas semanas nos llevan a intuir que el mundo y su noción de modernidad y progreso debe de ser revisada ampliamente.

Es importante redefinir muchos conceptos que se han interpretado mal o a conveniencia del capitalismo, y las consecuencias de ello se hacen evidentes.

La guerra en Siria, las víctimas de Alepo, el terrorismo islámico en Alemania o en Turquía o donde sea; la tragedia del mercado Tultepec, el crimen, la corrupción,  y todas las tragedias que cotidianamente acontecen, son una señal de que no vamos bien. Lo que no es posible entender es que las mayorías, las masas, continúen anestesiadas, que no cuestionen o reaccionen ante lo inminente. La guerra y la instauración de un nuevo orden mundial están a la vista. ¿Permaneceremos como espectadores pasivos en la “Sociedad del espectáculo” que se manifiesta en las redes sociales y sus likes, el internet, los dispositivos electrónicos,  y en cuanta mercancía capitalista nos rodea?

Guy Debord decía: “El espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se ha convertido en imagen”.

Y afirmaba: El espectáculo es el mal sueño de la sociedad moderna encadenada, que no expresa en última instancia más que su deseo de dormir. El espectáculo vela ese sueño. La mercancía es la ilusión efectivamente real , y el espectáculo es su manifestación general. Cuando la masa de mercancías se aproxima a lo aberrante, lo aberrante en cuanto tal se convierte en mercancía específica. Emanciparse de las bases materiales de la verdad tergiversada: he ahí en lo que consiste la auto-emancipación de nuestra época. La verdad de esta sociedad no es otra cosa que la negación de esta sociedad.

El espectáculo es el mapa de este nuevo mundo, un mapa que cubre íntegramente su territorio. Las mismas fuerzas que se nos escapan se nos aparecen con toda su potencia.

La modernidad y sus verdades, lógicas y tecno-científicas, ya nos dejaron una enseñanza de sus mentiras y simulacros:  Auschwitz ,  el Gulag (campos de trabajo forzado); Hiroshima y Nagasaki y tantos ejemplos más.

La verdad sin reposo descansa cómoda sobre dóciles almohadas. La verdad tecno-científica frente a una realidad desgarrada.

Gillles Lipovetsky nos habla en su última entrega, de la búsqueda de la ligereza,   sin esfuerzo, sin ascesis ni renuncias (la secularización moderna no lo permite).

El individuo aspira a la ligereza pero sin cambiar. Nos dice Lipovetsky:  “ese individuo pretende aligerar las vivencias, pero sin esfuerzo espiritual permanente, sin la disciplina de la vida ascética, sin perder las ventajas del mundo moderno”. Lo nuevo es la ligereza interior, que promueve la productividad, la eficacia, y el espíritu del consumismo. El nuevo orden utilitario.

Posiblemente el arte y la cultura inteligente (no la cultura estúpida y ligera) sean una de las pocas posibilidades que nos queden para enfrentar la realidad que se aproxima.

Pablo Picasso pintó el cuadro del Guernica durante la Guerra Civil Española, como una reacción ante la masacre de los fascistas sobre el pueblo vasco. Muchos artistas contemporáneos cuestionan la modernidad como el sino de lo real, otros la banalizan como Jeff Koons y sus perritos. El grafitero anónimo conocido como Banksy es más preciso, nos señala los desgarramientos de lo real. ¿Pero realmente estamos haciendo algo en favor del mundo?  bobiglez@gmail.com