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Humanitas. Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

Han existido varias Rupturas artísticas en nuestro país, recordamos la que realizaron los llamados Contemporáneos a finales de la década de los años veintes versus los Muralistas nacionalistas. El grupo formado por destacados artistas e intelectuales como lo fueron los poetas Jorge Cuesta, Xavier Villaurrutia, José Gorostiza, salvador Novo, Carlos Pellicer, Gilberto Owen, Jorge Torres Bodet y la mecenas María Antonieta Rivas Mercado. Todos ellos alrededor de la revistas los Contemporáneos una de las mejores revistas literarias que se han publicado en México(1928-1931)

“Además de dar a conocer las obras del grupo, en la revista Contemporáneos se recogieron estudios y textos de literatura mexicana, piezas teatrales y se divulgaron las obras de un grupo de nuevos pintores: Roberto Montenegro, Rufino Tamayo, Julio Castellanos, Miguel Covarrubias, Manuel Rodríguez Lozano, María Izquierdo, Agustín Lazo, Carlos Mérida, Carlos Orozco Romero, y un fotógrafo excepcional, Manuel Álvarez Bravo. Estos artistas renunciaban a lo monumental y propagandístico instaurado por los muralistas (Rivera, Orozco y Siqueiros) y se esforzaban por volver a un arte menos ambicioso y más limitado e intenso”.

Los contemporáneos realizaron también obras de teatro y promovieron a los autores franceses. El teatro Ulises en el que participaron Villaurrutia, Salvador Novo y Gilberto Owen fue patrocinado por María Antonieta Rivas Mercado. En la escenografía y los vesturarios participaban Manuel Rodríguez Lozano, Agustín Lazo, Montenegro y otros. El local del teatro Ulises era un cuarto en el cabian cincuenta personas. Pero la intensión de este grupo era promover a los autores universales y el trabajo de los artistas mexicanos con poeticas de espíritu renovado,  alejados de la influencia nacionalista.

La segunda Ruptura ocurrió en la década de los años cincuenta. Hablar del movimiento de Ruptura es rememorar un instante de la Cultura en México, un rompimiento con las antiguas formas culturales que estaban asfixiando a una nueva generación. Si algo se rompió en la década de los años cincuentas en México fue la cultura, la cultura oficial , ese rompimiento permitió incorporarnos a la vanguardia artística y al cambio de fisonomía cultural.

La llamada Ruptura  describe a una pléyade de artistas jóvenes la mayoría que disentían del discurso nacionalista e ideológico en las expresiones artísticas y culturales posrevolucionarias. El terminó Ruptura fue acuñado por la investigadora del arte mexicano la doctora Teresa del Conde, quien nos ha dejado apenas hace semanas para iniciar ese viaje al que todos estamos destinados. La maestra del Conde también rectificó el uso del término la Ruptura pues se prestó a malas interpretaciones, es decir, se pensó que fue una especie de tendencia o grupo de artistas que compartían un estilo artístico determinado, en la realidad no fue así.

Lo que si agrupó la Ruptura fue a varios jóvenes y otros no tan jóvenes artistas rebeldes que se estaban expresando con un lenguaje renovado, fresco y universal, que no aludía a las viejas iconografías nacionalistas, no exaltaban el ímpetu revolucionario, ni la mexicanidad trasnochada evocada con tanta fuerza por el cine nacional y sus charros de oro. El paisaje de nopales y campesinos tenía que ser superado. Las nuevas generaciones no se identificaban con los charros, ni con la ingenuidad de la vida rural; el México que se tenía en el horizonte era versátil, cosmopolita  y glamorosos, se aspiraba a una modernidad que se manifestara en la metrópolis, el proyecto moderno, o mejor dicho el México que quería ser moderno al principio de los años cincuenta y anhelaba pertenecer al selecto grupo de los países desarrollados que tenían ciudades modernas. En México se estrenaban  altos edificios y anchas avenidas, con trolebuses.  En plena “modernidad” la

pobreza nacional se glorificó en el cine mexicano de Ismael Rodríguez, con películas como Nosotros los pobres y Ustedes los ricos, pepe el toro, en donde se dota de virtudes falsas a la pobreza mexicana y se sitúa como el lugar donde se manifiestan las virtudes y los valores humanos.  Del otro lado de la moneda el  cineasta español Luis Buñuel presentó otra versión de la realidad mexicana en la película “Los Olvidados” (1950) que filma en México, en donde los cinturones de miseria y en la pobreza extrema de la ciudad de México se encarnan los males y las tragedias humanas de manera natural.

Artistas como José Luis Cuevas, Manuel Felguerez, Lilia Carrillo, Fernando García Ponce, Enrique Echeverría , Alberto Gironella, Vlady, Rafael y Pedro Coronel en el año de 1953 conformaron lo que se dio a llamar la generación de Ruptura. Cabe mencionar que intelectuales de la talla de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Alejandro Jodorowsky,  y Fernando Benítez entre muchos otros, animaron a la nueva generación a superar la iconografía revolucionaria.

bobiglez@gmail.com