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Humanitas: Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

La imagen especular nos remite a muchos significados y diferentes relaciones. Jaques Lacan construye su teoría del estadio del espejo para entender la construcción del yo sujeto como instancia psíquica. La física establece leyes sobre la reflexión de la luz en una superficie especular. Pero el misterio y la atracción, como la de Narciso, que nos provoca la imagen del espejo es abismal. La Alicia de Lewis Carroll penetró en esa superficie para acceder a otra dimensión. En el arte el espejo es un objeto que se ha utilizado de múltiples maneras. Hablaremos hoy del término Mise-en-abyme- que se puede traducir como: puesto en el abismo o abismado. Imagínese usted en un baño con espejos en el que puede repetir su imagen Ad infinitum, eso sería un objeto abismal, en el que se multiplica el yo sin que sepamos con certeza cual de todos esos duplicados somos en realidad.

Las imágenes pictóricas se presenta también como una duplicación o repetición del espacio, en el caso de pinturas en las que se  pinta un espejo este normalmente duplica la imagen del propio cuadro o representa otra realidad que acontece atrás del cuadro. La imagen especular en una pintura nos remite a lo que no aparece en el espacio formal de la obra, como es el caso de Las Meninas de Velázquez (1656) en donde el espejo refleja un espacio que no aparece en el cuadro. En la pintura de Jan van Eyck El matrimonio de los Arnolfini (1434) en donde en el fondo aparece un espejo cóncavo el cual reproduce la escena en donde se está retratando a la pareja o donde se encuentra el espectador, este sería un elemento en abismo,  podríamos decir que se trata de una narración dentro de otra, como ocurre en un cuento de las Mil y una noches.

Otro artista flamenco que utilizó este recurso narrativo es Quentin Massys que en 1514 pintó el cuadro “El cambista y su mujer” en el que aparece un espejo que muestra el exterior del cuadro.  Particularmente en la pintura flamenca aparecen en muchas  obras elementos en abismo, el caso que nos interesa es el de los espejos que presentan el espacio que circunda a la obra o reflejan a los personajes del cuadro. Johannes Vermeer de Delf (1632-1675) es también un artista ejemplar que incluye en sus obras una narración dentro de la otra, es decir, aparecen cuadros dentro del cuadro.

Las imágenes abismales han sido un recurso que los artistas han utilizado desde hace siglos, de la misma manera la utilización de ópticas y espejos han sido artilugios que han permitido que  la pintura desde el siglo XV muestre importantes progresos en relación a la que la precedía. Algunas evidencias del uso de estas tecnologías de la época  fueron la cámara oscura de Alberti, que proyectaba al interior de la caja una imagen virtual. Podríamos pensar que era el principio de la cámara fotográfica, solo que entonces no contaban con la emulsión para fijar la imagen. Otro artefacto utilizado fue la cámara clara en la que en el reflejo se calca la imagen. Es importante observar que el uso de instrumentos ópticos como artefactos del pintor, hicieron más realista la pintura, perfeccionaron la composición y permitiendo realizar detalles y miniaturas extraordinarias. Los instrumentos ópticos de la época fueron los lentes de aumento,  las lupas, los  espejos cóncavos y planos que reflejaban la imagen, estas conformaban el conocimiento secreto de los pintores, secreto que solo se compartía entre maestro y aprendiz para observar, rectificar, pintar detalles y realizar efectos realistas sobre la obra. Es sabido que Alberto Durero el gran artista alemán, realizó sus autorretratos como un Cristo y como un príncipe de la pintura gracias a que adquirió un espejo plano en 1500 en la hermosa ciudad de Venecia que era el puerto mercante con el oriente.

Hay evidencias de que los pintores tenían conocimiento de la óptica ya desde el siglo XIV,  como puede observarse en una pintura mural fechada en 1352 del pintor Tomaso de Módena que muestra a un personaje con espejuelos para leer. Se piensa que ésta tecnología y sus artilugios eran un secreto bien guardado en los Países Bajos, y que de ahí se desplazó a Italia. También ésta tecnología permitió el desarrollo de la perspectiva y propició que los pintores abandonaran las visiones místicas medievales y buscaran representar una ilusión de la realidad bajo el encuadre de la cámara oscura

Umberto Eco menciona en su novela medieval El Nombre de la Rosa, la utilización del vidrio plano y  su efectividad para sanar las debilidades humanas, su personaje principal el fraile Guillermo de Baskerville ya usaba anteojos para leer en 1327. Este personaje es en una clara alusión al fraile franciscano Guillermo de Ockham quien huyó del papa francés Juan XXII en mayo de 1328 hacia la Corte del emperador Luis de Baviera excomulgado entonces por el papa, haciéndose defensor de la autonomía del poder secular. bobiglez@gmail.com