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Humanitas: Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

Retornar a la contemplación detenida, a inmersión en tiempos de vértigo e interacción, de interfaces y conectividad.

La contemplación detenida es la que nos permite ver más allá de la superficie de la forma o del objeto. Descubrir las presencias ocultas que se encuentran en los objetos, en las formas y en la representación del mundo. Hacer posible lo invisible, lo oculto. Ya se ha hablado mucho de cómo desde el territorio del arte se pueden manifestar ideas que a veces desde los límites del lenguaje resultan complicadas o imposible.

El exceso de razón o el logo-centrismo occidental que domina el mundo, ha obligado al sujeto  a mirar sin pausas, a exigir certezas o explicaciones inmediatas de lo que se presenta o acontece, de no ser así, lo desecha, lo relega o lo niega.  No nos permitimos una contemplación detenida. Contemplar es una forma de ver el mundo, no es convertirse en un espectador, es una estrategia para revelar las presencias que están más allá del sentido unívoco. En clave del pensador Jacques Derrida sería algo así como la difference , es decir, que en lo que percibimos hay más de un sentido, y no el unívoco sentido dogmático de la certeza. Una de las posibilidades de sentido es que se pueda percibir en la imagen o el objeto una presencia, una manifestación de algo que la razón niega como lo sagrado.

Lo sagrado no entendido como un sentido opuesto a lo profano, sino como algo verdadero, algo que se descubre o devela en el ejercicio de la contemplación por ejemplo de la obra de arte o de la naturaleza.

Muchas experiencias del arte contemporáneo se aproximan a los ejercicios espirituales que practicaba el fundador de la Compañía de Jesús, con los que alcanzaba diferentes estados de conciencia. En la contemplación detenida de la obra de arte se obtiene un estado de conciencia capaz de hacernos descubrir el sentido o la presencia de lo que ha sido negado por la racionalidad científica.

En los ejercicios espirituales de los jesuitas se obliga al silencio para realizar una reflexión interior de la experiencia que se está viviendo. Estos estados o desiertos de silencio también están relacionados  con algunas las experiencias del arte contemporáneo.

Estas meditaciones sobre la obra de arte, y la posibilidad de la contemplación detenida, es experiencial, un intersticio que se hace presente en las obras de algunos artistas modernos y contemporáneos. Podemos recordar algunos artistas como Marcel Duchamp y sus objetos ya hechos e inútiles; al ruso Kazimir Malevich  y sus abstracciones monocromas. Constantin Brancusi y la esencia de las formas en sus pájaros, en las piedras o en sus columnas infinitas ; en Joseph Beuys y sus rituales de sanación; en Mark Rothko y la manifestación de la presencia en los campos de color. Donald Judd y la simplicidad de una forma compleja o  las pinturas misteriosas de Gerard Richter. Alejandro Jodorowsky  artista-chamán que convive con una presencia invisible el Rebe , y la danza de la realidad.

Marina Abramovic, señora del día y de la noche; maga, vestal, bruja, artista, nos conmina a participar en rituales en los cuales el colectivo experimenta distintas emociones y sentimientos a través del arte. Marina es sin duda una de las presencias más representativas para las nuevas generaciones artísticas. La nueva generación de artistas ya no debe buscar, deben encontrar la “difference”.

bobiglez@gmail.com