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Humanitas: Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

En esta ocasión comentaremos la obra del pintor Pieter Bruegel el viejo (1525-1569) titulada “Paisaje con la caída de Ícaro”, es un óleo sobre tela que se encuentra en el Musée des Beaux-Arts de Bélgica, pintado en 1558. Lo magnífico de este cuadro es que es un paisaje que contiene muchas historias, la principal es la caída de Ícaro, pero Bruegel no se preocupó por representar el mito con Ícaro surcando los cielos cerca del sol, o en estrepitosa caída,  lo representó sumergiéndose en las aguas del mar, solo se advierten unas piernas en el agua junto a un gran velero de cuatro cubiertas y cuatro mástiles, armado con cañones, como usaba la marina mercante en aquella época.  El viejo maestro puso más atención en el paisaje y en los personajes que relata el mito contado por el poeta latino Ovidio en su libro La Metamorfosis: “Cierto pescador que está pescando peces con su oscilante caña, o un pastor recostado sobre su bastón o un campesino con el arado, los contemplan maravillados y piensan que quienes pueden flotar en el éter deben ser inmortales”. Ícaro el joven hijo de Dédalo,  ebrio de vuelo, desatendió los consejos de su padre Dédalo, y voló cerca del sol, derritiendo éste la cera de sus alas provocando que se precipitará al mar muriendo ahogado. Bruegel pintó una instantánea en donde también se aprecia que el  trabajo en la vida cotidiana es una actividad imperturbable.

La Edad Media fue un período poco prolífico para la geografía, los artistas pintaban las figuras sobre fondo dorado. El oro simbolizaba la eternidad, el más allá y la naturaleza terrenal carecía de importancia para el arte. El paisaje era un mero accesorio, un adorno que empezó a engrandecerse años antes de Bruegel. La naturaleza fue ganando importancia en los cuadros, hasta que surgió la pintura de paisaje, primero en Italia y luego al norte de los Alpes. También para los artistas el paisaje del mundo se había ampliado. En 1520 Magallanes demostró que la tierra era redonda dando la vuelta al mundo en aquella fantástica circunnavegación, que concluyo en 1522 Juan Sebastián Elcano. En 1543 Copérnico  hizo públicos sus cálculos, según los cuales la tierra no era el centro del universo. Los descubrimientos, la distancia, el espacio y las nuevas rutas marinas fueron los grandes temas durante el siglo XVI.  Bruegel fue sin duda un atento lector de Ovidio y en esta pintura registró su interpretación imaginativa del mito. Como bien dice su amigo Abraham Ortelius (1527-1598) el cartógrafo de Amberes: “Nuestro Bruegel pinta muchas cosas que no es posible pintar (…) A menudo, sus obras son más pensamiento que pintura”.

El relato de Ovidio que conoció el viejo maestro es el de Dédalo, quien fue un hombre muy ingenioso, que luego de estar involucrado en la muerte de un aprendiz se refugió en la isla de Creta, en donde el rey Minos se congratuló de tener a un artífice tan hábil en su corte. El problema comenzó porque la mujer del rey Minos, Pasífae se había enamorado de un hermoso toro blanco que por mediación de Poseidón le habían regalado al rey. La reina le pidió a Dédalo le construyera una vaca de madera para poderse meter dentro y tener sexo con  el toro. De este hecho nació el Minotauro un ser con cabeza de toro y cuerpo humano. El rey Minos al ver el monstruo que había parido su mujer, le mandó a Dédalo  construir un laberinto para encerrar al minotauro. El ingenioso Dédalo lo hizo pero el rey lo mandó encerrar a él también en el laberinto cuando se enteró que él había construido la vaca de madera para su mujer. Dédalo se afanó en salir del laberinto a como diera lugar, para esto ideó construir un par de alas para él y otro para su hijo, las construyó de madera con plumas de ave, las cuales pegó cuidadosamente con cera de abeja. Les dio una forma ligeramente curvada, semejante a la de los pájaros. Antes de emprender el vuelo le advirtió a su hijo volar a media altura, es decir, no cerca del mar para que no se mojaran las alas y no cerca del sol para que no se derritiera la cera. Dédalo despegó primero seguido por su hijo y surcaron el cielo azul de Creta como si fueran inmortales, como ya sabemos Ícaro no obedeció las instrucciones de su padre y voló más alto, cayó al mar y murió. Este momento es el que pinta  Pieter Bruegel, desde un ángulo y una distancia que permite contemplar la ciudad portuaria, un horizonte en círculo, un macizo de montañas, el mar, los veleros, y los personajes que advierten la caída del mítico personaje.

La pintura de paisaje la practicó el pintor afamado pintor Joachin Patenier (1480-1524)  en Amberes, quien desarrolló las reglas para pintar el paisaje con la sensación de profundidad, es decir, del oscuro al claro, en el primer plano utilizar tonos de marrón, en el medio tonalidades de verde, y en el fondo azul claro.

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