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Humanitas: Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

Los mitos son relatos que se repiten a través del tiempo, como una explicación a lo que acontece en la vida humana. Las antiguas creencias que han llegado hasta nuestros días, siguen siendo mitos que repetimos para encontrar una explicación a la caótica realidad con la que nos enfrentamos todos los días. Nos afanamos en ordenar todo lo que percibimos y nos rodea para darle sentido al vacío, al horror vacui,  al abismo infinito en el que nos encontramos. Por ello la estética y su canon volvieron todo mesurable, buscando darle orden al caos.  Lo inefable es algo que se intenta expresar en algunos relatos mitológicos.  Algunos mitos modernos se han inspirado en los mitos antiguos como lo es el Jardín del Edén y el jardín de Woolsthorpe en el condado de Lincolshire, Inglaterra. En el primero se encontraba el árbol de la ciencia, Adán y Eva son expulsados por comer de la manzana. En el segundo Newton recibe una manzana que cae del árbol y accede al conocimiento y a las leyes de la gravedad. Los expulsados del Jardín del Edén son castigados, mientras que para Newton en el jardín de Woolsthorpe no hay castigo, al contrario, la humanidad se beneficiaría de aquella manzana que cayó en la cabeza de Newton para aproximarse, gracias al conocimiento, al paraíso terrenal de la ciencia y la tecnología.

Pero sigamos con otro mito el de Ío la joven hermosa de la que se enamoró Zeus.

Debido a su extraordinaria belleza el dios Zeus persiguió a Ío hasta convertirla en su amante en medio de una espesa niebla. La hermosa joven cedió sus encantos al poderoso dios, sin embargo, la esposa de este, la diosa Hera, celosa y vengativa, sospechaba que el dios andaba siéndole infiel como era su costumbre. Estando en el remanso del amor, Zeus se percató que Hera se aproximaba y convirtió a la bella joven en una ternera. La diosa lo encontró acariciando una bella ternera de color blanco, y como tenía sospechas le pidió que se la regalara. Zeus accedió y la diosa Hera confinó a Ío convertida en ternera en una lejana isla bajo la custodia de Argos el monstruo de los cien ojos para que la vigilara y no escapara. Argos la ató a un árbol de olivo y ahí permaneció por largo tiempo la bella Ío. Pero en algún momento Zeus se acuerda de ella y envía a Hermes su mensajero a que libere a su amada.

Hermes duerme con sus poderes a Argos, quien dormía con cincuenta ojos y los otros cincuenta permanecían en vigilia, y luego lo decapita. Hera al enterarse de lo ocurrido manda a un tábano a que este picando la oreja de la ternera por siempre. Ío aún convertida en ternera huye despavorida y atormentada por el tábano. Ío recorrió Grecia huyendo de la molestia del tábano, se dice que logro cruzar el estrecho que separa a Europa de Asia, dando así origen al nombre del Bósforo “el paso de la vaca. Su periplo terminó en Egipto, donde más tarde fue venerada como la diosa Isis. De este mito hay varios cuadros que ilustran el relato, uno de ellos fue pintado por Diego Velázquez en 1659 y se titula Mercurio y Argos, se encuentra en el museo Del Prado, en Madrid. Pedro Pablo Rubens, pintó el mismo tema en el año 1638 y también se encuentra en El Prado.  Antonio Corregio pintó a Ío en 1532 y se encuentra en el Museo de Historia del Arte en Viena, Austria.  El relato tiene su versión en el libro La Metamorfosis de Ovidio. Por cierto, la diosa Hera tenía consagrada un ave que siempre la acompañaba y esta es el Pavo real. Cuenta la leyenda que cuando Hermes/Mercurio mató a Argos el de los cien ojos y fiel servidor de la diosa, ésta en agradecimiento a su lealtad hizo que los ojos de Argos los portaran en sus plumas los Pavo reales, que antes eran blancos, ahora son animales que vigilan y cuando extienden su plumaje muestran los ojos de Argos que miran a todos lados. bobiglez@gmail.com