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Humanitas: Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

¿Quién en su sano juicio no le ha coqueteado al suicidio?  Todas las familias imaginan que poseen un retrato de familia hermoso, digno de ponerse en un portarretratos en la sala de la casa, para mostrar lo bien que están, que nada malo pasa, que todos son perfectos, simétricos. Pero que ocurre cuando un miembro de esa familia decide hacer pedazos el lindo retrato familiar. Hay muchos casos en los que cuando alguien de la familia es raro, retraído, enloquecido, en crisis o presenta asimetrías, deciden ocultarlo, simularlo, pasarlo por alto, hacer como que no pasas nada. Qué pensaría la sociedad si se entera del disloque familiar, mejor que no se entere nadie. Sin embargo, en todas las familias ocurren cosas así. Debemos de asumir que somos individuos, sujetos irrepetibles y vulnerables, seres culturales, asimétricos e imperfectos.

Una de las principales situaciones que descomponen el retrato familiar es el intento de suicidio o su culminación.

¿Quién en su sano juicio no le ha coqueteado al suicidio?  Albert Camus afirmó que la condición del hombre es rebelarse contra el absurdo, solo así se sobrepasa la condición de morir o seguir viviendo. El absurdo es lo que nos arroja al vacío cuando somos conscientes del sinsentido de la vida, por eso al absurdo hay que sobrepasarlo.

Camus nos habló sobre esto,  el escritor, filósofo, dramaturgo y premio Nobel de literatura reflexionó sobre la idea del suicidio como el verdadero problema de la filosofía en un texto titulado “El mito de Sísifo” publicado en 1942, y luego en el Hombre rebelde publicado en 1951.

Sísifo el más astuto de los mortales según Homero, fue testigo del rapto de Egina por Zeus convertido en un águila, y fue él quien se lo reveló al angustiado Asopo, padre de la hermosa joven, a cambio de que dotara de agua a la ciudad de Corintio. Zeus en venganza envió a Tánato el genio de la muerte, pero Sísifo sorprendió a Tánato y lo encadenó, por lo cual durante algún tiempo ningún hombre murió. Hades se sintió impotente al ver que los hombres no morían. Sísifo odiaba a la muerte y tenía una gran pasión por la vida. Los dioses tuvieron que enviar a Ares para que liberara a la muerte. Sísifo que era muy astuto y rebelde, antes de morir ordenó en secreto a su esposa,  que no le diera ritual sepultura y dejara su cuerpo abandonado como el de un perro. Cuando llegó al inframundo, el astuto Sísifo convenció a Hades de que le permitiera volver al mundo para castigar a su mujer y darle a su cuerpo digna sepultura. Sin embargo, Sísifo no volvió y se dedicó a disfrutar la vida y sus placeres. Al advertir el engaño el dios del inframundo mando traer a Sísifo y fue castigado, obligado a cargar una pesada roca hasta la cima de una montaña, para que una vez que coronara la piedra en la cima cayera al suelo, y Sísifo tendría que volver a cargarla y subirla por toda la eternidad. Su castigo era realizar un esfuerzo sin recompensa, sin sentido, en un espacio sin cielo y en un tiempo sin profundidad. El trabajo inútil y repetitivo de un obrero no es trágico hasta que se hace consciente. “Nada es una tragedia hasta que el héroe es consciente de su circunstancia”. Camus nos insta a aceptar el absurdo para dotar de sentido la vida, incluso la vida cotidiana y mecanizada a la que estamos expuestos. “El absurdo es el silencio del mundo cuando se le pregunta por su sentido”.

Otra víctima del absurdo aparece en la tragedia de Sófocles Edipo rey, en la que el personaje obedeció al destino sin saberlo, pero su tragedia comenzó en el momento en que se entera de lo ocurrido, que se hace consciente. Al final Edipo acepta el absurdo y decide que todo está bien, esto lo libera de los dioses y resuelve que el destino es un asunto que debe de ser resuelto entre los hombres.

La idea central de Camus, es que Sísifo  sabe lo inútil de su esfuerzo, y a pesar de ello, cuando baja de la montaña dice que todo está bien, porque Sísifo es un hombre que se rebela al absurdo, siendo consciente de su destino y con apego a la vida crea un mundo para sí, la roca misma es parte de su mundo. “Sísifo no busca la muerte, porque sabe que el suicidio es igual de inútil que el apego a la vida”.  Vivir es un acto de rebeldía.

Tal vez, como nos dice la estética japonesa del wabi-sabi, estamos aquí por accidente, pero tenemos que aceptar la belleza transcendental de este hecho contingente, asimétrico y finito que es la vida.

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