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Humanitas: Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

La lechuza y el búho son aves que representan a la sabiduría y el conocimiento.

Atenea la diosa de la sabiduría y la guerra, fue venerada en Atenas donde se erigió el templo del Partenón en su honor y se construyó una gran escultura de oro y marfil de la diosa para venerarla. Atenea ofreció a los ciudadanos un valioso presente: el olivo, estos en agradecimiento grabaron en su moneda su imagen y la del búho, ave sagrada que es la preferida de la  Atenea.

La tradición clásica relata que la diosa Atenea nació de la cabeza de Zeus, ya que su madre Metis, que fue amante del rey del Olimpo, fue tragada por éste una vez que se enteró que estaba embarazada. La diosa Gea le advirtió a Zeus que Metis daría luz a una niña y luego a un varón que le arrebataría su imperio. La solución inmediata al problema era tragársela, y así lo hizo. La niña se engendró en la cabeza de Zeus y en el momento del parto Hefesto el herrero del Olimpo, recibió la orden que le abriera la cabeza con una hacha, de la herida del dios surgió una niña vestida de guerrera emitiendo un grito de guerra que retumbó en el cielo y la tierra. Fue la hija favorita de Zeus y a la única que le permitió usar armas, una lanza y su égida, un escudo de piel adornado con la cabeza de Medusa.

Atenea es la diosa de la guerra, diosa protectora de Atenas y patrona de la artesanía, especialmente de la cerámica, del arte de tejer y de la construcción de barcos.

Heredó de su madre Metis la sabiduría, atributo que la llevó a proteger a Odiseo el más sabio y astuto de los héroes griegos. Siempre fue una diosa muy cercana a los humanos. También fue una diosa muy enérgica, particularmente con su virginidad. En una ocasión la casta diosa se estaba bañando en una fuente sagrada del monte Helicón, y Tiresias ciudadano de Tebas, estaba tan embelesado con su belleza que la siguió y la espió mientras la diosa se desnudaba, mientras se bañaba descubrió que la estaban mirando y enfurecida salió del agua y golpeó a Tiresias en los ojos con mucha fuerza dejándolo ciego. Una de sus ninfas se compadeció de él y le suplicó a Atenea que le compensara la ceguera con alguna cosa. Atenea le concedió el don de la profecía.

En otra ocasión una hábil joven tejedora llamada Aracne, afirmaba que su talento era propio y no se lo debía a la diosa Atenea, patrona de las tejedoras. Esto hizo enfurecer a la diosa, que organizó un concurso para competir con la joven y vencerla. En la competición Atenea se dio cuenta que la joven Aracne era igual de talentosa que ella para el arte de tejer. Lo que provocó más su enojo fue cuando la labor de Aracne, que representaba el triunfo de los dioses sobre los mortales, mostraba las infidelidades de su padre Zeus. Atenea destruyó el tapiz de Aracne y esta asustada y humillada intentó ahorcarse, pero Atenea no se lo permitió y la convirtió en Araña para que siguiera tejiendo el resto de su vida.

El búho y la lechuza son aves sagradas que en muchas culturas se les considera símbolo de la sabiduría, el conocimiento, inteligencia, estudio, serenidad intelectual y moral. El viejo y sabio búho se relaciona con todo lo iluminado por el conocimiento. Puede ver la luz en la oscuridad, que es lo que hace la verdadera sabiduría. Esa capacidad de la filosofía de ver donde nadie más ve. El filósofo es un buscador en la oscuridad, tiene la capacidad de acceder al mundo invisible, al mundo de las ideas.

El mundo invisible, además de Platón, lo afirmaba con gracia Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) en su libro Le Petit Prince: “Solo se ve bien con el corazón lo esencial es invisible para los ojos”.

Esa es la virtud que tiene el búho y la lechuza aves nocturnas que guardan el conocimiento sagrado. Estas aves al igual que muchos filósofos pueden ver en la oscuridad del mundo, lo que no es visible para los demás.   bobiglez@gmail.com