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Humanitas: Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

El arte no debería tenerle miedo al dinero, afirmaba el artista inglés Damien Hirst (1965) que es sin duda uno de los artistas vivos más caro del mundo.

Fue uno de los Young British Artist, que de la mano de Charles Saatchi galerista y publicista británico lo llevó al Olimpo del arte contemporáneo.

El ranking del arte demuestra que Hirst es el artista más caro del mundo. Tomemos de ejemplo su obra “Por el amor de Dios” que consiste en un cráneo humano hecho en platino  y forrado de diamantes que alcanzó un precio de venta de más de 70 millones de euros. Solamente el precio de los diamante que contienen dicha calavera más de 8000 piedras, alcanzó  los 28 millones de dólares y equivalen a 1100 quilates de peso. La pregunta es: esto es arte honesto o se utiliza a Hirst para especular capital con  obras-mercancía de artistas afamados. Me refiero a que si el precio de la obra se de debe a la cantidad de oro y de diamantes que contiene o, a que la creación y la idea del artista es la que le da el valor. Un ejemplo contrario serían las recientes ventas de obras de Pablo Picasso o de Gustav Klimt, que no contienen ni un gramo de oro ni de diamantes, valen millones de euros por lo que son: obras de arte.

El Capitalismo como el rey Midas, todo lo que toca quiere convertirlo en oro, y al hacerlo lo corrompe.  El arte no ha sido inmune a ello y ha caído, al menos cierto tipo de arte, en el mismo juego.  Con el objeto de obtener la mayor ganancia, se sacrifica su dimensión ya sea de trascendencia, ya sea estética, ya de oposición al status quo que lo caracterizó siempre.

¿En qué medida el arte es producto de la ideología en una sociedad?  Por un lado, el arte puede ser el reflejo directo de los intereses ideológicos de la clase dominante, misma que se auto-constituye en sancionadora cultural acerca de lo que es aceptable y lo que no, para continuar legitimando su posición.  Siguiendo con este razonamiento, Por el amor de Dios, de Damien Hirst es un objeto que encarna el afán de lucro de una sociedad del capitalismo salvaje.  ¿Quienes pagan los altos precios? sólo lo pueden hacer los ricos y poderosos, que legitiman como obra de arte objetos y se legitiman como autoridad cultural para respaldar su status de clase dominante. Es el simulacro en su máximo esplendor, el espectáculo del capital en toda su dimensión.

De la misma manera, al ser ésta pieza esencialmente apolítica, deja fuera de escena cualquier posibilidad de debatir acerca de lo que entraña el lucro en la sociedad, la disparidad, la pobreza. El arte que produce piezas como esta no busca provocar  discusión. Si finalmente existiera una  actitud oculta de ironía, quedaría descartado  el oportunismo con que Hirst acudió un año después de su creación a vender su obra, justo en el momento que empezaba la crisis financiera(2008). Acto irreprochable, desde el punto de vista de quien concibe al arte como inversión.

¿ Existe la posibilidad de que el mundo artístico pueda substraerse del dominio total de la ideología? Es posible realizar operaciones contra-ideológicas, existen artistas que realizan acciones y crean obras de arte con un sentido de resistencia y combatividad.  Esta postura fue siempre la del arte Moderno, desde sus orígenes en Goya, pasando por Courbet, Daumier, y alcanzando su más alto grado de rebeldía con las vanguardias artísticas de principios del siglo XX.  Fue una lucha a contracorriente con los ideales de la modernidad nunca alcanzados, generando su propia visión alternativa de la modernidad.  En cierta medida, es una corriente que no ha desaparecido nunca de la escena del arte, pero está lejos de los reflectores.

El alto precio alcanzado por las obras de Hirst generan una condena casi unánime y originan numerosos cuestionamientos que van desde la discusión sobre si se ha perdido la esencia en el arte contemporáneo, hasta la ridiculización y acusaciones de fraude consumado. Pero el problema radica en que el tipo de arte que se cuestiona es el que corresponde a los intereses del gran capital y sus élites.

Estas obras en sí son positivas porque ponen de manifiesto el carácter especulativo del mercado del arte y la cosificación de las obras mediante su reducción a su valor de cambio por su valor de uso.  Igualmente nos permite volver los ojos hacia otras obras, otros artistas que están fuera de los circuitos del arte y que son los que se resisten, los que permiten continuar con la lucha contra el status quo de una sociedad injusta.

bobiglez@gmail.com