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Humanitas: Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

Casi en todos los textos sobre historia del arte cuando hablan del arte abstracto mencionan a Vasili Kandinsky como el promotor de dicho estilo en la primera década del siglo XX. Kandinsky explicó su concepción del arte de manera magistral en un texto titulado De lo espiritual en el arte, en donde afirma que la mimesis o la copia de la realidad no es necesaria para el espíritu de los nuevos tiempos. Le otorgó un valor a la improvisación y a la emoción y gestualidad humana que provoca emociones y crea pensamientos. El pensamiento como una estructura de información puede ser pintado, el milagro del tacto que sensibiliza la materia.

En el siglo XIX Honorato de Balzac escribió y publicó por primera vez un texto titulado La obra maestra desconocida, pieza en la que anuncia el advenimiento del arte moderno y más aún de la abstracción. El rompimiento de los cánones establecidos por la pintura de Occidente que efectivamente se inició de manera franca en la segunda mitad del siglo XIX. En este breve relato que Balzac ubica en el año 1612 cuando el joven Poussin  acude al estudio de Porbus, pintor al servicio de Enrique IV, abandonado por María de Médicis. En ese estudio conoce a un viejo pintor llamado Frenhofer quien critica un cuadro de Porbus y deja impresionado al joven Poussin quien es invitado a almorzar por el viejo maestro. Frenhofer le habla de su proyecto secreto al que llama La Bella Noiseuse, pintura en la que ha trabajado durante diez años. Es esta justamente la obra maestra desconocida.

El relato continua cuando Poussin decide conocer la obra maestra de Frenhofer y para eso convence a su bella amante de nombre Guillette  para que le pose al viejo pintor a cambio de que le muestre su obra secreta. Cuando los pintores Porbus, Poussin acuden al estudio de Frenhofer para conocer por fin la obra maestra desconocida que era el retrato de Catherine Lescault, una bella cortesana, cuando los pintores entran al taller buscan la pintura y no la encuentran, el viejo pintor les señala un lienzo en el que sólo se puede ver un “amasijo de colores, prisioneros de una multitud de extrañas líneas que forman un muro de pintura”. En algún momento descubren en la parte baja un pie, que es lo único que se ha salvado de aquella destrucción. Poussin acaba confesándole al viejo maestro que el no ve nada sobre el lienzo. El viejo reconoce que no hay nada, y que ha sido un idiota al permitirles pasar al taller a ver su obra, ya que son unos envidiosos que no están preparados para reconocer lo que está construido en ese cuadro,  el viejo asegura que ninguna mujer de carne y hueso como la bella Guillette puede rivalizar con su belle Noiseuse que estaba en el cuadro.

Al otro día de este encuentro , Porbus se levantó temprano y decidió ir a visitar a Frenhofer,  para su sorpresa descubre que el anciano pintor se había inmolado junto con todos sus cuadros durante la noche. La obra maestra había sido destruida lo mismo que su autor.

Muchos artistas se han identificado y han ilustrado esta bella historia del arte moderno escrita por Balzac. Cézanne al final de vida estaba convertido en un viejo pintor, excéntrico y solitario al que apedreaban los niños del pueblo y se identificaba con Frenhofer. Pablo Picasso conocía el relato y realizó varias ilustraciones sobre el tema.

Picasso y Matisse admiraban y asociaban al viejo Cézanne con Frenhofer.

El relato de Balzac es un discurso de un personaje creíble, un artista imaginado por Balzac a partir de su propia experiencia artística con cuyos rasgos pudieron identificarse instantáneamente Picasso, Matisse, Cézanne, Rilke, De Kooning y muchos otros según nos relata Dore Ashton en su texto “Una Fábula del Arte Moderno”.  En otro sentido el personaje de Balzac de La obra maestra desconocida, es una veneración al artista genio, y por supuesto una premonición de cómo el arte moderno iba a llegar al  arte abstracto como un ejercicio racional, espiritual y de pensamiento, evitando la mimesis, es decir, la copia de lo real, ya que las ideas vanguardistas de principios del siglo XX cuestionaron ampliamente nuestra relación con el tiempo y con la realidad. Artista como Mondrian y Malevich exploraron en la abstracción geométrica las posibilidades de la  pintura como una experiencia en busca de lo absoluto.

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