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Humanitas. Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

Vivimos en un presente globalizado en donde los artistas se empeñan en explicar  el misterio del mundo e indagar en su belleza. Sin embargo, la noticia de ultima hora de ayer jueves sobre Barcelona nubla el horizonte. No se puede hablar de la belleza del mundo o del arte mientras ocurren un atentado terrible en una ciudad que consideramos del primer mundo, es decir, muy civilizada, como lo ocurrido en la ciudad imaginada por Antoní Gaudí, Barcelona. Hasta ahora que escribimos esta columna van trece muertos y más de ochenta heridos a manos de yihadistas del Estado Islámico que ejercen la banalidad del mal.

En pleno siglo XXI el fundamentalismo religioso y la ideología radical motivan una prístina pulsión criminal humana, que se creía ya domesticada por las religiones y luego por la modernidad. La fragilidad del mundo es lo que nos revela lo real.

El arte ha venido proponiendo una reflexión más sesuda del mundo, del orden, de la belleza que se oculta en lo misterioso; de la frágil verdad, que sirve para ocultar el sinsentido y la fragilidad del mundo. Los artistas del arte contemporáneo confrontan el presente, hacen productivo el desasosiego de lo real. El arte contemporáneo es una producción inquieta y crítica, el artista comparte narrativas históricas y propicia el cruce entre disciplinas. Estas prácticas artísticas enriquecen la cultura confrontando el presente y revelando lo real y su maleficencia.

Siguiendo a Hal Foster en “El retorno a lo real” la pantalla tamiz es un dispositivo que  permite  bloquear lo real, nos impide percibir lo real, pero según Foster, la acción artística entre otras cosas, rasga, corta, rompe dicha pantalla y permite mirar lo que hay detrás, es decir, lo real, lo que no miramos, lo que no queremos ver y saber. Desde lo escatológico hasta lo abismal. Nos retorna al cuerpo, a la abyección, a lo obsceno, lo ético, lo estético, lo erótico, lo sublime, a lo prohibido, lo siniestro, lo ambiguo, imágenes que a veces nos provocan fascinación. De alguna manera el arte contemporáneo pretende perturbarnos, sacarnos de nuestro estado de confort para confrontarnos con lo real. Las prácticas artísticas contemporáneas nos permiten vagabundear más allá de los límites; nos provocan una extraña fascinación por lo que está fuera del límite (Giménez Gatto).

En la posmodernidad el arte contemporáneo confronta al presente estableciendo nuevos cruces en las prácticas artísticas. Muchos ejemplos podríamos mencionar de artistas mexicanos y extranjeros en los que a través de su trabajo se revela la fragilidad del mundo. Hoy lo real fracturó, fragmento e hizo visible esa debilidad del mundo de la que hablamos, la noticia terrible y monstruosa, de lo ocurrido en Barcelona, nos muestra lo vulnerable que somos frente a lo real. Las imágenes que los medios transmitieron con morbo de las víctimas caídas sobre las Ramblas, se parecían a un ejercicio de ciencia ficción, en la que los seres humanos estamos a la merced de cualquier mal o enfermedad global. El mal globalizado es la enfermedad de nuestro tiempo, los acontecimientos que provocan maleficencia están ahí detrás de la pantalla tamiz, que prácticamente ya no puede ocultar lo que  ocultaba, lo real rasga esa pantalla sin la intervención del artista, y nos arroja al abismo del miedo, de la debilidad, al desasosiego, la ansiedad.

Los artistas contemporáneos reflexionan, analizan, critican y exponen los límites entre lo bello y lo sublime, lo ambiguo y lo concreto, la sociedad contemporánea encontrará en la cultura y en la acción artística un repudio a la violencia. Si bien, muchas personas se quejan que no hay belleza en el arte de hoy, sepan que la belleza y lo perfecto se mudó a los medios y a la publicidad. El horror de lo real lo vimos el día de ayer en el dispositivo pantalla y en tiempo real.   bobiglez@gmail.com