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Humanitas: Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

La historia del paisaje no es solamente la historia de un estilo artístico, es decir, el atrapar el espacio en su relación con la luz del aire libre. El paisaje en la pintura ha sido un lugar en que el hombre reconoce su sitio en el mundo, su hábitat, su naturaleza, su valle, el lugar de sus antepasados y la región que custodiaban sus antiguos dioses.

Durante la época helenista-romana se dan disociaciones entre arte y religión, tradicionalmente unidas al aspecto bucólico de la mitología, para favorecer la aparición de auténticos paisajes desarrollados en varios planos, con una perspectiva lineal empírica y múltiples puntos de vista . Existen personajes que se integran al paisaje, pero se conceden lugares importantes a la arquitectura, los templos, las villas, los puertos. Más adelante, con la llegada del libro religioso, la miniatura bizantina aparece con un paisaje que ilustra un mundo lleno de luz, con montañas soleadas, y a la vez sombreado de vegetaciones, con veredas, ríos, animales, todo se resolvía de manera esquemática, los libros de oración  como el Salterio de Utrech, miniatura carolingia del siglo IX  son un ejemplo.

La pintura de la Edad Media, se opone a la visión naturalista de las cosas, como si no confiara en el mundo sensible. El paisaje es recortado, reducido, no existe la noción de distancia  ni de escala; es un elemento que se incluye de escenario sólo para situar una acción. La vegetación aparece desproporcionada, los colores son caprichosos y desacordes con la realidad. Las obras pictóricas parecen haber surgido de la organización del espacio bizantino y de la miniatura cuadriculada, todavía muy alejadas de la noción del espacio atmosférico.

Es hasta finales del siglo XIII en Italia, que el pintor Giotto di Bondone(1266-1337)  que inyecta nueva sangre a la pintura, cambiando los fondos tradicionales dorados por el color azul (lapislázuli) . A partir de aquí se inicia el Proto-Renacimiento. Sin embargo, para Giotto el paisaje sigue siendo accesorio y está en función de la figura humana.

En el siglo XIV los pintores intentan dotar de profundidad el espacio pictórico, aparecen elementos rocosos que se retuercen sin dejar de parecer escenografías de cartón piedra. Con forme va evolucionando los elementos para otorgar tridimensionalidad a la pintura, aparece lo encrespado de la rocas, con sus pliegues que hacen cortes en el espacio y dibujan caminos sinuosos para albergar construcciones o elementos que se alejen o se acerquen, configurando una noción de paisaje más verista.

La sugerencia del espacio tridimensional, mediante la sinuosidad de los caminos y los ríos, se enriquece en la forma de componer fragmentos en los que se puede apreciar la naturaleza y la actividad humana que tiene que ver con ella. La perspectiva aérea viene a complementar esta unidad y si a esto se le agrega la observación minuciosa de las estaciones del año y su relación con la agricultura, la pintura entonces inaugura los efectos de la luz y la vibración atmosférica.

En el Renacimiento el espíritu realista no se conforma, así lo demuestran las obras de Piero de la Francesca (1416-1491) quien trabaja el paisaje con el cuidado y la dedicación que este merece, disminuyendo los motivos  de acuerdo con el alejamiento que se requiere. Aplica también el punto de vista alto, es decir, eleva el primer plano para crear el efecto de cámara oscura, enfocando la visión hacia la escena principal.

La aportación  italiana de la perspectiva lineal y la contribución flamenca en cuanto a la perspectiva atmosférica, llevan al paisaje a una categoría absoluta en la logra su independencia. Jan van Eick (1390-1441) y sus estudios de los fenómenos atmosféricos , de los reflejos de la luz en el espejo y el metal, dotan a la pintura de una conciencia del espacio ilimitado. El pintor veneciano Giovanni Bellini (1433-1516) aprende con profundidad la lección de Piero de la Francesca: representar la acción de la atmósfera y los reflejos de la luz. La metáfora del paisaje visto desde una ventana, es decir, la mirada del interior hacia el exterior, es uno de los ejemplos de la influencia de Flandes y Holanda en el paisaje italiano.

Estas reflexiones sobre la historia del paisaje, las estaremos escribiendo con la intención de motivar al público a visitar la exposición “Paisaje. Patrimonio e Identidad” que se exhibe en el Museo de Arte de Querétaro desde el pasado 22 de septiembre y permanecerá hasta el 29 de abril del próximo año. Seguiremos platicando sobre el paisaje y su evolución hasta llegar al paisaje mexicano, representado principalmente por el Valle de México y sus volcanes.

bobiglez@gmail.com