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Humanitas. Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

En el año de 1886 el periódico “Le Figaro “de París publicó un artículo del poeta Jean Moréas titulado “Simbolismo”, este  escrito se convirtió en un manifiesto de aquella literatura que agitaba los ánimos de críticos y escritores. El manifiesto expresaba de manera clara cual era el objetivo de escritores como Stéphane Mallarme, Paul Verlaine Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire,  que ya no evocaban  la naturaleza exterior en sí misma, sino la idea que se esconde en los fenómenos y detrás de ellos. La forma artística es empleada por los simbolistas  para revelar por esa vía la metafísica y el efecto emocional de la idea y la vida.

El Simbolismo se convirtió en sinónimo de decadencia y de exploración de las profundidades del alma. Dicho concepto se extendió a la pintura, la escultura y la música de finales del siglo XIX y principios del XX.

Advirtieron que existía un vacío existencial que provenía desde el siglo XVI, desde que   que fue publicada póstumamente en 1554 la teoría de Nicolás Copérnico “De Revolutionibus Orbium Coelestium” derrumbando la creencia de que éramos el centro del universo e hijos  de un dios que nos había designado una misión en el mundo. Más tarde en 1859 Charles Darwin publicó “El origen de las especies” en donde parece que el hombre es más un producto del capricho de la naturaleza o del azar que creación divina. Sigmund Freud proclamó un enfoque innovador  del aparato psíquico y la naturaleza del inconsciente, negando que el hombre fuera dueño de su propio yo.

El ambiente intelectual y cultural de la época conocido también como Decadentismo, en virtud de que se negaba el espíritu burgués de la época que promovía el materialismo y el utilitarismo, los simbolistas fueron un intento de recuperar el humanismo y la espiritualidad perdida. La obra simbolista transmite contenidos oníricos, sexuales, mitológicos, místicos y ocultos entre otros. El centro de gravedad de este movimiento cultural fue París. Los artistas que se identificaron con el sentido simbólico desde el Romanticismo fuero Francisco de Goya con los Caprichos de 1799 en donde aparece la obra “El sueño de la razón produce monstruos”; Johann Heinrich Füsli pinta en 1790 “La pesadilla”. Hacia 1785 surge un grupo de pintores alemanes que formaron la Hermandad de San Lucas que evocaban la espiritualidad del pasado, más tarde un grupo de ellos se traslada a un monasterio en Roma y son llamados Nazarenos por el descuido en su aspecto personal y las ropas que utilizaban, sus pinturas fueron de temáticas medievales. Más tarde en Inglaterra surgieron los Prerrafaelitas un grupo de artistas que pintaba temáticas que provenían de historias medievales y de la literatura. En Francia surgieron los Nabis(Profetas); en Alemania la presencia del pintor Suizo Arnold Böcklin. Desde Viena el artista modernista Gustave Klimt también incluye la temática simbolista en su obra. El noruego Edward Munch aborda la pintura existencialista de signos expresionistas. Paul Gauguin será uno de los propulsores de las vanguardias del siglo XX y también fue un artista que exploró el simbolismo teniendo como ejemplo el cuadro “Visión después del sermón” de 1888 en donde representa a Jacob luchando contra el Ángel. En todos ellos se puede apreciar la búsqueda y la invocación de las fuerzas primordiales de los rituales antiguos, los artistas se convertirán en una suerte de magos o chamanes que invocarán a los dioses para que retornen a la tierra. Los límites entre el romaticismo y el simbolismo se llegan a perder durante el siglo XIX. Caspar David Friedrich pintor romántico afirmo alguna vez: “El pintor no sólo tiene que pintar lo que ve delante de sí, Si no ve nada dentro de sí, debe dejar también de pintar lo que ve delante de sí”.

La pintura simbolista abordó temas de lo misterioso, lo oculto, la líbido sin freno, lo anormal, lo cruel, lo monstruoso, la melancolía, la fantasía, el deseo y la violencia. En su época ya se admiraba los lados oscuros de la existencia humana en la obra de artistas como Goya y sus pinturas negras; los libros sadomasoquistas del Márqués de Sade o los cuentos misteriosos de Edgar Allan Poe.

La historia del arte del siglo XIX se tiene que entender como una ruptura o un desgarre del tejido cultural europeo. No es una historia de progreso de las artes, es un devenir que rompe con la tradición académica y se revela contra una sociedad burguesa y utilitarista, es decir,  la sociedad moderna. El espíritu revolucionario nutrió al  romanticismo y al simbolismo, estos movimientos son un testimonio de las rupturas. También es importante indicar que muchos artistas se vieron influidos por los escritos filosóficos de Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche. La sociedad burguesa del siglo XIX consideraba a los artistas simbolistas como sospechosos para el mundo artístico burgués, los consideraban bohemios, tóxicos y outsiders. bobiglez@gmail.com