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Humanitas. Arte y Pasión

  • Roberto González y Andrea Avendaño

María Izquierdo es una mujer en el arte mexicano, fue de las primeras en estudiar la  carrera en  artes plásticas, también la primer artista mexicana en exponer en Estados Unidos en el Art Center de Nueva York en 1930.

Sin embargo y a pesar del reconocimiento que había obtenido con su trabajo artístico, no se le permitió ser la primera mujer muralista en México, gracias al menosprecio que se tenía de las mujeres artistas y a la pulsión misógina que reina en nuestro país.

En el año de 1945 se le encargó la realización de un gran mural que narrarían el progreso de la ciudad de México en el antiguo edificio del Departamento del Distrito Federal. El titular de aquella dependencia era el señor Javier Rojo Gómez, quien le solicitó el proyecto y con quien firmó el contrato. Para los muros el tema sería “El progreso de la ciudad de México” y para los plafones el tema de Las artes: la música, el teatro, la danza y el cine.  Pero al enterarse Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros del proyecto, se opusieron a que María realizara dichos murales, argumentando que no estaba capacitada para realizar semejante obra al fresco en tan importante edificio. Que tendría que ser un maestro del muralismo quien lo realizara y ella sería la ayudante. Ante el conflicto, Rojo Gómez reculó y le ofreció pintar un mural en un edificio de menor importancia, a lo que María Izquierdo se rehusó. Para demostrar la injusticia que se había consumado, la pintora realizó dos tableros con los bocetos que tenía de 2.40 por 1.70 mts cada uno, con el tema de la música uno, y otro con el teatro, pintados con la técnica del fresco.  Esos tableros que fueron rescatados por la Facultad de Derecho de la UNAM, actualmente se encuentran en la Sala de Actos de dicha facultad.

María Cenobia Izquierdo Gutiérrez es ahora una de las pintoras mexicanas con mayor reconocimiento internacional, mujer nacida en San Juan de los Lagos, Jalisco (1902-1955). Vivió con sus abuelos desde pequeña hasta que la casaron con un militar a los catorce años. Con tres hijos la pareja se trasladó a la ciudad de México. María ingresó en 1923 a la Academia de Pintura y Escultura de la SEP. Recibió clases de artistas como Germán Gedovius. Más tarde se divorció del esposo y continuó con su formación artística. Fue una mujer que le gustaba el jolgorio, la fiesta, la bohemia, el circo y las noches del cabaret Leda. Conquistada su libertad plástica y de vida, conoció al pintor Rufino Tamayo, con quien se lió amorosamente  y juntos exploraron las formas de las vanguardias artísticas parisinas. Desde Picasso a la pintura metafísica de Giorgio de Chirico; del Estridentismo mexicano proclamado por Manuel Maples Arce el 31 de diciembre de 1921, hasta  el surrealismo bretoniano.

En esta interesante pareja de artistas uno influyó al otro y viceversa; su imaginación y creatividad fueron determinantes durante ese periodo. Más tarde, en 1930 surgió la invitación para exponer en Nueva York . Junto con Tamayo fue invitada a la exposición colectiva que realizó el Metropolitan Museum de esa ciudad titulada Mexican Arts. Nueva York fue una experiencia enriquecedora  para ambos.

Su pintura siempre estuvo apartada de la escuela mexicana, no le interesaban los contenidos políticos, folclóricos o ideológicos. Al contrario, su pintura expresaba una mexicanidad, natural, sin la escenografía y el relato que los muralista le habían impuesto al arte mexicano. Ella, y también Tamayo, descubrieron un México que los muralistas jamás vieron. El color de la tierra, las formas precolombinas; la fiesta a pesar de la tristeza y el sentido de cómo se es aquí sueño y presentimiento.

En su obra plasmó  las imágenes y objetos que descubría, o que le eran familiares, resultado del scouting entre lo real y lo simbólico de su propia vida.

Su factura fue expresionista, de pincelada sincera, con la fuerza de una mujer afanosa. La década de los años treinta es sin duda la más creativa. En 1933 termina su relación con Tamayo y continúa con su desarrollo profesional y otras relaciones sentimentales. En 1936 llega a México el creador del teatro de la crueldad Antonin Artaud, quien se encanta cuando conoce a María y su obra, piensa que está frente a la esencia de lo mexicano, la savia del pueblo, y  lo declara: “Incuestionablemente María Izquierdo está en comunicación con las verdaderas fuerzas del alma india”.

En el año de 1948 después de la intensa batalla con los muralistas, el fin de otra relación amorosa, y con la salud mermada, sufre una hemiplejia que le paraliza el lado derecho del cuerpo, pierde el habla. A pesar de ello continúa pintando hasta su muerte en 1955. Si quiere disfrutar de tres obras de María Izquierdo las puede visitar en el Museo de Arte de Querétaro, en la exposición Rostros y Tradiciones de México que permanecerá hasta el 15 de enero. Para saber más sobre esta pintora le recomendamos el libro: Las siete cabritas de Elena Poniatowska (María es la cabrita cuatro) Ed. Era. Mex. 2000.

bobiglez@gmail.com