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La democracia sentimental

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

Uno. -Pásele, pásele- me decía un hombre de edad avanzada, sosteniendo una bandera roja, desteñida y media rota, agitándola enérgicamente mientras asomaba medio cuerpo de la caseta de cobro en la autopista Tepic-Guadalajara.  A su costado, un cartel de cartón fosforescente con la leyenda: “contra el gasolinazo” era pegado por otro hombre. Yo miro alrededor de la caseta, y veo a un grupo de veinte personas aproximadamente que tenía tomada esa caseta. Un par de patrullas de la Policía Federal se encontraban en la cercanía, sus agentes se veían despreocupados por el evento. Le pregunto al hombre de la bandera: ¿Quiénes son ustedes? ¿De qué agrupación o partido son? No sé, a mí me mandaron. –Pásele, pásele, es gratis-.

Dos. “El día de Reyes estuvo muy feo, toda la gente corría muy espantada, Muchos de aquí del mercado empezaron a cerrar sus puestos porque decían que iban a saquear. Pero pues, ¿qué iban a llevarse? Ni modo que se llevaran las cazuelas de la comida? Nosotros no corríamos tanto riesgo como los que estaban con sus puestos allá afuera, esos sí arriesgaban su mercancía. Pero mi hija no se acobardó y no corrió ni cerró su puesto”. Continúa su relato -“Ella dijo, yo no corro, y de a como nos toque”. Así me narra una comerciante de un mercado de la  ciudad, y remata, “nosotros pensamos que fue gente del gobierno la que traía eso, ya ve, ni pasó nada a final de cuentas, y la gente ya ni protestó por la gasolina”.

Eso sospecha gran parte de la población, al igual de varios eventos de los recientes días, como  la sospecha de que los XV de Ruby, pasando por las tomas de casetas, los saqueos a tiendas departamentales de manera escandalosa e inocua, o el extremo del saqueo al camión que transportaba “gansitos”, la mayoría piensa que fueron obras orquestadas por el Gobierno como un elemento distractor o para deslegitimar las protestas. Ante estos efectos de las alzas de precios y los recortes económicos a programas sociales elementales, los ánimos de la gente siguen crispados, pero con un coraje contenido, sin saber realmente cómo expresar su enojo e impotencia. La teoría de Manuel Arias Maldonado parece explicar en parte estas conductas de inconformidad y protesta. En la entrevista que hace Andrés Rojo en El País a Manuel Arias, este último señala que “con la crisis, el tejido social se tensó y surgieron manifestaciones emocionales de alto voltaje. Y hay sujetos políticos que pretenden aprovecharse de esta situación, con lo que la estabilidad política corre peligro”. Y es que la tesis de este profesor de la Universidad de Málaga y politólogo, las pasiones están de regreso a la arena política. Por eso, los populistas han empezado a ganar terreno, y ante una crisis recurrente, la mayoría de las personas buscan un chivo expiatorio, y en él ubican al gobierno. Su argumento es que el populismo está vinculado con el nacionalismo, y sale a relucir que una nación o un pueblo tienen una profunda identificación emocional como contrato social.

En el caso mexicano, esa identificación emocional aparece como una gran masa amorfa que se expande y se contrae de manera visceral, sobre todo porque se cumple otro requisito para esta democracia sentimental: “el sujeto no es capaz de asimilar tanta complejidad” sobre todo porque la información que se maneja es demasiada, es vertiginosa y no se corrobora. El enojo y la rabia de la ciudadanía aparecen debido a la carestía, el desempleo, la inseguridad y tanta calamidad que los gobiernos ocasionan, provocan y manejan.  Si bien la democracia contiene un mecanismo de gobierno y oposición, y su complemento que es la promesa de soluciones, esta fórmula  desaparece cuando las coaliciones de los partidos se establecen y no hay una diferencia clara en cuestiones ideológicas ni de principios de partidos, la sociedad únicamente observa una clase política ventajosa para llegar a obtener el poder, creando una elite separada de las mayorías.  Este mismo autor, señalo otros puntos interesantes de este tema en un ensayo publicado en 2014, en la Revista Mexicana Letras Libres: lo que impera en muchas naciones, -como la mexicana, por ejemplo-, es la democracia representativa. Pero esta democracia moderna está basada en el pensamiento liberal, donde se destaca y atesora la idea del libre mercado. Sin embargo, hay una crisis entre la libertad individual, su compulsión al consumo y las verdaderas razones del mercado. Estas posturas acotan y desaparecen las fuerzas para un frente colectivo, el cual puede ser el instrumento crucial para corregir las actuaciones de sus gobernantes y evitar las crisis recurrentes a las que nos llevan por lo regular.

Arias Maldonado señala que la sentimentalización de la democracia representativa es una respuesta a la crisis modelada por las emociones y los sesgos cognitivos. Luego entonces aparece el endeudamiento irracional, la obsesión cultural, la minusvaloración colectiva de la burbuja financiera.

Ya rebasada la actitud del “rational choice”, -la elección racional, las pasiones se desbordan por la influencia de las redes sociales. Por lo tanto, el ciudadano debe pensar muy bien que es lo que está haciendo con su voto y con su acción en esta forma de elección de sus gobernantes que conforman su autoridad. Debe medir muy bien sus acciones cuando aparezcan sus emociones. Las cuales muchas veces son desatadas por la superficialidad del manejo, como habíamos dicho, del contenido de sus redes sociales. También debe tener mucho cuidado cuando se enfrente ante la publicidad y las promesas de los políticos.  Nunca hay que creer ciegamente en ambos campos, ni en la política ni en la publicidad. No hay, pues, que dejarse llevar por pasiones y sentimentalismos inmediatos, con ello podemos poner un alto a ese populismo riesgoso.

@manuelbasaldua