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Mujeres a contraluz

  • Víctor M. Sánchez Bandala

Ya encarrerados, dicen las féminas, tenemos el talento, capacidad, pero sobre todo, el derecho de reclamar y exigir los espacios y las oportunidades históricamente negadas al “sexo débil”. La Organización Nacional de Mujeres Priístas, ONMPRI, a nivel estatal  bajo el liderazgo de Abigail Arredondo Ramos resalta la intención y/o el  propósito de las mujeres, independientemente del sector al que pertenezca, de reivindicar  a  la fracción que ha sido  tradicionalmente subvalorada y hasta cierto punto depreciada, social y políticamente hablando.

Efectivamente, a lo largo de la historia, la mujer ha sido menospreciada por el hombre y sociedad en general, dejándole sólo, en la mayoría de las veces, el papel secundario del desarrollo y procesos  del diario acontecer.

Hoy, bajo una nueva dinámica, sobre una sólida y franca intervención, la mujer ha logrado avanzar en  su reivindicación, no sólo porque el sistema machista haya cedido espacios y oportunidades, sino por la enjundiosa lucha de dignificación que ha emprendido desde hace muchas décadas  ese segmento de la sociedad.

Precisamente, de cara al próximo proceso electoral, la estructura que integra a la ONMPRI sale a la calle y levanta la voz, la mujeres debe de dejar de ser invisible y manipulada para pasar a ser, no sólo por equidad de género, sino por su misma capacidad y dignidad, la nueva protagonista del quehacer político y social.

Las mujeres deben ocupar los espacios que se le han negado; deben  en función de su empoderamiento y capacidad  ser tejedoras de una nueva red de líderes, dirigentes, servidoras públicas, representantes populares y gobernantes.

“No queremos que se nos regale nada, pero si exigimos que más allá de la equidad de género se nos brinde la oportunidad de competir de igual a igual en aras de lograr una nueva dinámica de competitividad política y social”.

Bajo este argumento, la ONMPRI Querétaro, está reestructurando sus cuadros directivos locales   en cada municipio como ha sucedido en la Sierra Gorda, donde seguramente en la contienda del 2018 la mujer será nuevamente el segmento elegido para encabezar las candidaturas. Por ejemplo, por Arroyo Seco, Leticia Castillo Trejo, por Landa de Matamoros, Eva Maldonado Hernández, por Jalpan de Serra, Viky García  y por Pinal de Amoles, Elvia Cruz González.

Y como lo han señalado especialistas del tema, es tiempo de cambiar el discurso del “empoderamiento”. Los programas de las organizaciones para el desarrollo deben evaluarse con base en su capacidad de permitir a las mujeres aumentar su potencial para la movilización política, de modo que puedan generar una equidad de género sostenible.

El concepto de empoderamiento de la mujer necesita un rescate inmediato y urgente de las garras de quienes buscan ser los únicos protagonistas. En el núcleo del empoderamiento de la mujer yace la exigencia de una amplia participación  global sólida, en la que ninguna mujer sea relegada a la pasividad y al silencio, ni a que sus opciones se limiten a tener cargos de segunda o ser invisibles.