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Perversión de la democracia

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

Las recientes décadas nos hemos dedicado a pretender que los ciudadanos tengan el poder de la decisión en las urnas. Con la democracia y su ejercicio electoral, se nos vendió la idea de que  arribaríamos a la modernidad y a un estado totalmente fortalecido, a una sociedad con igualdad y a gobiernos más eficaces. La realidad nos indica que no es tan sencillo lograr ese propósito.

La participación de la ciudadanía en el mundo nos ha dado muestra de que estamos equivocando el camino. Tan sólo baste mirar los eventos en que las elecciones no han sido las mejores, acompañadas una opción de desinterés y un desdeño como parte de ese ejercicio de elección. Más que alegrías, se trae aparejada una desilusión.

En este Siglo XXI, la primera gran decepción de un ejercicio de sufragios fue en Inglaterra. De una acción para que la población tomara su destino en sus manos sobre la permanencia o salida de la Unión Europea fue efectiva, pero no la más adecuada. Se siguen debatiendo los resultados, pero lo cierto es que quienes empujaron la decisión del “Brexit” en esa consulta reciente, jugaron con las emociones y sentimientos nacionalistas. Muchos ciudadanos británicos que emitieron su voto se han arrepentido de su elección. Las consecuencias no se han sentido por ahora tan criticos, pero los escenarios no son alentadores a medio y largo plazo.

El segundo caso que debemos referir brevemente es el caso colombiano. Los enormes y necesarios esfuerzos de diferentes niveles de gobierno para establecer un acuerdo de paz con las fuerzas armadas disidentes y la guerrilla histórica de ese país se logró después de largas sesiones de discusión, y con varios personajes de la vida política que se manifestaron sobre el tema. Debido a que muchas personas fueron afectadas con la violencia hacia sus seres queridos en esa guerra, el perdón y la amnistía  para los miembros de las FARC eran impensables. De tal forma que cuando se llegó la decisión ganó el “NO”. Y se armó tremendo escollo a los acuerdos de paz. El Presidente Santos ya tenía en sus manos la decisión y resuelto un acuerdo histórico, pero se equivoca al ponerlo en las urnas del referéndum.

En otro escenario, todavía en activo, se encuentra  Estados Unidos cuando dentro de pocas semanas se efectúen las votaciones para elegir a su presidente. El candidato republicano, como la candidata demócrata se han puesto a jugar a las descalificaciones, dejando que los votos sean más de rencores y de rechazo a ciertas posturas de administración de su país que por el establecimiento de una política integral. Y así sucesivamente, la democracia se ha convertido en una etiqueta y una acción con poca asertividad en los escenarios adecuados de los grupos sociales, tanto así que nos estamos acercando a una cierta perversión de la democracia.  Y es que tales ejercicios, se están viendo como fenómenos masivos con desenlaces desafortunados.

En cuestiones locales, hay que señalar lo que sucede en nuestro estado de Querétaro. Aquí se ha venido anunciado el dichoso “referéndum” para el municipio de El Marqués, con el cual se pretende tener certeza de aprobación o no de la concesión de la recolección y procesamiento de la basura. La aplicación de esa consulta, donde los habitantes de ese municipio respaldarán la propuesta de su presidente municipal está en entredicho. Es más bien una jugada política y populista, que la utilización de una estrategia de participación ciudadana. Lo que se percibe es una sobreexigencia a la ciudadanía en la participación electoral.

Dice Soledad Loaeza, en respuesta al Nocturno de la democracia de Aguilar Camin, que en México, “el proyecto democratizador fue una alternativa al persistente deterioro del estado y no el resultado del empuje de una sociedad civil vigorosa. En ese contexto la irrupción del pluralismo político repercutió en el quebranto de la cohesión social” (Nexos, septiembre 2016).  Bajo esta óptica, hay que agregar que la democracia mexicana actual solo está sirviendo para legitimar acciones que los gobernantes requieren para no responsabilizarse de sus decisiones. O bien, para seguir perpetuando la presencia de la elite en el poder. Pero no para contribuir a elegir a los hombres o mujeres que conduzcan adecuadamente al desarrollo de sus comunidades.

La participación democrática significa hoy en día una extensión para seguir estableciendo el poder de unos cuantos y sus relaciones de dominación. Por lo que hay que rescatar la virtud de la elección ciudadana y que la democracia sea en verdad un resultado de un debate y deliberación consciente.

@manuelbasaldua