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Polígonos dorados para el desarrollo

  • Raúl Iturralde

Las posibilidades reales de un país para alcanzar el desarrollo basado en la sustentabilidad, donde la población y el medio ambiente resulten beneficiados por el crecimiento económico, residen en el diseño de políticas públicas inteligentes y sensibles que permitan ubicar las opciones de inversión idóneas para cada zona del país, identificando el potencial humano combinado con la vocación de las regiones; es decir, se trata de pensar a mediano y largo plazo para disminuir los grandes rezagos sociales que se acumularon a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del presente siglo.

A juzgar por la forma en que nuestro país ha crecido, podríamos decir que la tarea no parece nada sencilla pues la experiencia indica que las políticas instrumentadas producen grandes desigualdades entre los grupos sociales y pocos beneficios colectivos, producto, en gran parte, de estrategias de crecimiento segmentadas, sin vinculación entre las regiones y con una visión cortoplacista.

Sin embargo, en los últimos 10 años se ha venido gestando una política industrial que busca ampliar el espacio geográfico, rebasando los límites estatales y estableciendo una cierta sinergia entre diversos sectores productivos con el objetivo de potenciar la capacidad de creación de riqueza y empleos. A lo que me refiero es que en los estados de Jalisco, San Luis Potosí, Guanajuato, Aguascalientes y Querétaro, región que se le ha  denominando como el polígono dorado, las inversiones en torno a la industria automotriz y de autopartes, han detonado el crecimiento económico con base en saber aprovechar la localización geográfica, la estabilidad económica, los acuerdos internacionales en materia de comercio e inversión y la alta calificación de los recursos humanos.

La fuerza adquirida por la industria automotriz y de autopartes atrae a otros sectores industriales y de servicios, se calcula que más de 23 sectores industriales son impactados por la industria automotriz, pero también atrae a amplios núcleos poblacionales; actualmente el polígono dorado genera más del 4% del PIB nacional, 20% del PIB manufacturero y están localizadas las empresas automotrices y de autopartes más importantes, atrayendo el 30%de las inversiones.

Aunado a ello, por ejemplo en Querétaro, se viene impulsando la industria aeronáutica y el sector del software, y se fortalece el de autopartes con empresas proveedoras de clase mundial que atienden los requerimiento de la industria en todo el país, mientras que en Guanajuato se privilegia el establecimiento de empresas ensambladoras, formando un círculo atractivo para la inversión y el empleo, además que expresa la clara intención de crear un modelo de crecimiento cuyo eje es la participación de sectores de altos niveles tecnológicos que, en un futuro cercano, crearán las condiciones para que los productos hechos en México aporten un mayor valor agregado y, con ello, la producción de la riqueza sea mayor.

En mi opinión, este tipo de experiencias deberían replicarse en todas las regiones del país, pero de manera principal en las zonas de mayor rezago económico y social. El polígono dorado para el desarrollo constituye un claro ejemplo de que es posible promover un modelo de desarrollo diferente al que conocemos y que cuenta con un largo periodo de 40 años con magros resultados.

El actual debate por el presupuesto de la nación debería orientarse a recuperar las experiencias exitosas y dejar de lado el regateo inútil, las componendas entre partidos y la distribución del presupuesto a partir de las cuotas de poder. Aprovechemos las buenas prácticas y orientemos la política pública hacia el verdadero desarrollo sustentable.