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Por los caminos…

  • Elizabeth Mejía

Nuestra vida moderna está definida, en gran parte, por los medios de comunicación y la rapidez en que circulan noticias, imágenes y personas. Por ello, poco nos detenemos a pensar que en el pasado remoto, específicamente en la época prehispánica, tanto las noticias, como los productos circulaban llevados por las personas y ello solo ocurría a pie, ya que no hubo animales de carga, o en que cabalgar como burros o caballos. De esta forma, las misivas o recados eran verbales y tardaban semanas o meses en llegar, de acuerdo a la distancia recorrida.

Con esto en mente, cuando ustedes van a un museo en el centro de nuestro país, la Ciudad de México, por ejemplo, y en la cédula se explica que un ornamento de concha, caracol o hueso de animal procede del Caribe, imaginen que la llegada de esta herramienta u ornamento significó una larga cadena de eventos, más o menos como se describe tanto por relatos españoles, como por las evidencias halladas en distintos sitios arqueológicos.

En primer lugar, hubo sitios costeros donde pescadores buceaban para extraer, moluscos. Separaban al animalito y era parte de la dieta de la gente del pueblo; posteriormente las conchas y caracoles llegaban a manos de artesanos, por ello su sociedad los mantenía para que se dedicarán de tiempo completo a obtener cuentas o pendientes. Regularmente estos pequeños pueblos eran coordinados o gobernados por poblados medianos o grandes, pero que acaparaban la producción de una sola región, incluso es probable que en estos grandes sitios también hubiera artesanos para terminar la joyería que luego engarzaban como collares.

El segundo gran elemento de nuestro relato son los caminos, ya que los grandes sitios mayas tenían caminos llamados sacbeos, eran plataformas recubiertas por arcilla banca llamada sascab, era como cal y tenía dos propósitos, uno era que en noches de luna refleja la luz y como era aplanado por sus constructores no crecían hierbas fácilmente, así los caminos iban iluminados y por arriba del nivel del suelo. Estos caminos fueron cruciales para el desarrollo y esplendor de muchos sitios mayas. Así, la capital de Coba en Quintana Roo, cerca de Tulum, entre el 500 y 900 mandó hacer unos 25 caminos, el más largo es de 100 kilómetros y se dirige a Chichén Itzá, y por esta vía circuló tanto comida como ornamentos.

El tercer elemento de nuestro relato es la circulación a larga distancia, donde al paso meses y años las grandes ciudades prehispánicas se contactaron. Así entre el 200 y 500 después de Cristo en Teotihuacán se recibieron ornamentos y joyería de conchas y caracoles del Caribe el Golfo de México, Michoacán o Oaxaca; Cinabrio de la Sierra Gorda,  Morelos o Gumala; obsidiana de Hidalgo, Puebla y Michoacán; turquesa de Arizona y Nuevo México; y jade de Guatemala.

Esta red especializada fue tan eficaz que al caer derrotado Teotihuacán la aprovecho Tula entre el 500 y el 1,200. Y cuando ellos son también abatidos la aprovecharon los mexicas entre el 1,200 y hasta la llegada de los españoles.

Por último, es importante decir que algunos de estos caminos se convirtieron en los “caminos reales hispanos”. Que incluso fueron destruidos para construir nuestras importantes avenidas y carreteras, pero esa es otra historia…

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