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Primer acto

  • Fernando Ortiz Proal

Primer acto. Rock “n” Roll Marathon Querétaro. Como lo hemos hecho en cada ocasión que hemos participado, a continuación comentaremos las incidencias del acontecimiento deportivo más importante para Querétaro. En principio, siempre es positivo y motivo de reconocimiento la realización de cualquier evento que promueve hábitos de vida saludables, como lo es el deporte, máxime si llega a miles de personas como fue el caso. Cualquier crítica es únicamente con el ánimo de que se desarrolle mejor cada año en beneficio de quienes participamos y de la promoción turística de Querétaro. Y, por ello, iniciamos con algunas advertencias. Primera. Independientemente del cambio de organizador de un consorcio cervecero a la marca Rock “n” Roll, con experiencia y prestigio a nivel mundial, es un acierto seguir impulsando la realización anual en nuestra ciudad de una competencia de carrera de primer nivel que congregue a miles de personas, la mayoría residentes pero un buen porcentaje de visitantes nacionales y también extranjeros. Segunda advertencia. Las opiniones que en este tema se emiten adolecen de cualquier connotación política. No comparamos eventos ni mucho menos perfiles. De hecho, el anhelo de los queretanos que disfrutamos correr es que se logre convertir al Maratón de Querétaro, como se le conoce y conocerá allende quien lo patrocine, en un referente deportivo internacional. Creemos en Querétaro y que tiene con qué para alcanzarlo. Evidentemente esto llevará tiempo y exigirá un compromiso compartido de sociedad y gobierno y mucha asertividad. Y es precisamente en aras de esto último por lo que procedemos a platicar nuestra experiencia del pasado sábado y domingo.

Segundo acto. Entrega de paquetes. ¿Por qué en el Gómez Morín? Ubicado en una zona muy complicada desde el punto de vista de la ahora tan de moda “movilidad”, sin suficientes lugares de estacionamiento y, perdón pero la concepción del arte es subjetiva, más feo que un tractor por debajo – de hecho era más “estético” cuando funcionó como central camionera-. Las justificaciones oficiales van desde la mentirilla piadosa de que en el Querétaro Centro de Congresos (QCC), lugar acreditadamente idóneo para la entrega de los paquetes, iba a haber un evento del Presidente de la República que canceló – ternuritas -, hasta que como había partido en el Corregidora no se podía utilizar parte del estacionamiento del estadio. Y ahí se agotaban las opciones. Es quizá una interesante reflexión sobre la falta de espacios públicos suficientes y dignos en una ciudad de 1.8 millones y contando. Habría que valorar la conveniencia de esa malsana relación de codependencia de nuestras autoridades con la Alameda Hidalgo, rogándoles virar a la modernidad y buscar edificar otra clase de espacios públicos más adecuados para las necesidades actuales de Santiago de Querétaro. Bueno, luego de hacer 45 minutos de la esquina de Constituyentes y Pasteur a la entrada del estacionamiento, un calvárico trayecto de una cuadra y media, llegamos al o a la, no sé cuál sea el género del engendro arquitectónico, Gómez Morín. Y decimos que fue un calvario porque no había una sola patrulla o agente de ninguna corporación tratando de poner orden, principalmente a los excesos del leviatán que tenemos como transporte público, así como de los camiones de turismo que bloquearon un carril de Pasteur y a los doble y hasta triple filas. Aunque parezca increíble, había maquinaria pesada obstruyendo la calle de acceso. ¿Qué no supusieron que los 15 mil inscritos irían por su paquete? Finalmente, llegamos a la entrada y un sujeto de la seguridad privada contratada de malas maneras te decía que ¡ya no había lugar! Una joya más de la absurda ineficacia e indiferencia nacional.

Tercer acto. La carrera. La ruta espantosa, salvo por el brevísimo paso por el mirador frente al panteón de los queretanos ilustres y el afamado acueducto. ¿De verdad alguien cree que Constituyentes, la arteria que sube al estadio Corregidora, el edificio de la CTM y la “Mega” le llenan el ojo al corredor? Evidentemente, la ruta fue diseñada por una persona que no corre. Además dejaron una “isla” incomunicada en Jardines de Querétaro, Pathé y Bosques del Acueducto. Las calles con más hoyos que un queso gruyere. Las bandas y dj´s que tocaron en la ruta aunque pocas en general bien, eso de una cada milla aquí no operó, pero el sonido era como para Lollapalooza, han de haber dejado sordos a los pobres voluntarios a quienes tocó atender la hidratación en esos puntos. Y, de hecho, hubo suficientes voluntarios en ruta, bien la hidratación y mucha presencia de paramédicos destacando los de la Cruz Roja que no paraban de atender torcidos, raspados y acalambrados. La distancia mal medida. Quienes recorrimos la ruta de medio maratón corrimos 21.6 K, esto es, 600 metrotes de regalo. Esto es increíble, si los mayas calcularon la distancia exacta de la tierra a la luna sólo con la astronomía, cómo es posible que con la tecnología actual estos galanes no pudieron hacer lo propio con la del estadio al Pueblito. La entrada al estadio espectacular. Toda vez que se lleva al mismo tiempo que la llegada de los corredores, salvo los 5 segundos que corres junto al escenario y los tienes “a tiro de pichón” – por cierto, un saludo a mi amigo Manolo Díaz Infante -, el “concierto” de Fobia, Kinky y Miguel Mateos dista mucho de serlo, con todo respeto a los artistas. Nadie los pelaba. Ya que te entregan una bebida isotónica, te manda ¡a subir las escalinatas del estadio! para recibir platanito, medalla y playera. Los escalones una patada en el trasero para los que acaban de correr 21 K y un verdadero crimen para los que vienen de reventarse 42 K. Las playeras son talla Barbie. La L es como una M y así para abajo. ¿Habrá sido codera? Además, de muy mala calidad. Luego, un clásico de estos eventos, la desorganización y prepotencia de los del staff y de la seudo empresa de seguridad privada que al parecer exige una lobotomía como requisito para contratar. No había señalizaciones y, menos aún, las supuestas letras características de este serial. Como los últimos kilómetros se juntaban las rutas de 21 K y 42 K, quienes iban en los primeros lugares de la maratón tuvieron que esquivar a lentos como el que esto escribe que íbamos por medio, no hubo “escolta” para los corredores elite y, reitero, simple y sencillamente no hubo presencia policial. Había autos estacionados en la ruta y gente cruzando las calles. El Himno Nacional infame, el dj se equivocó y lo repitieron, los arranques con media hora de retraso y, cuando menos el que estas teclas azota, no vio prácticamente a ningún funcionario de nivel en el arranque. ¿Por qué el desprecio a un evento que no es de nadie más que de los 15 mil participantes?

Tras bambalinas. Curva de aprendizaje. Entendemos que cada 6 años reinventemos los gobiernos y se pierda la curva de aprendizaje. Seguramente, en un par de años este será un super evento. Ojalá, así lo deseamos, máxime cuando el costo fue de $45.00 dólares para maratón y medio maratón y de $30.0 dolarucos para los 10 K. Simple y sencillamente: carísimo para lo que se dio. Por ello, preguntando a múltiples participantes la calificación promedio que le pusieron es un mediocre 6.

Notario Público 19 de Querétaro.

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