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Pureza eterna, documental

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

El futbol es un juego universal, muy lúdico, accesible a todos los pueblos, de todas las edades y estratos sociales. Basta una pelota, algo de espacio y varios amigos para practicarlo y disfrutarlo, o tan solo una Tv. El futbol se ha asociado al arte, a la poesía y a la cultura, de él han hablado escritores con su tono poético, lo han hecho también investigadores con su tono académico, y desde luego jugadores que han emergido de este mundo fascinante y multifacético para dar su punto de vista a través de ensayos o de una narrativa presencial, que nos ilustra  ese complejo mundo del juego más sencillo hasta convertirse en un mundo complejo y masivo.

Conversando con algunos integrantes de “La Cofradía de Dionisio”, el futbol salió a relucir como tema, dado que algunos de ellos muestran preferencia y simpatía por sus equipos en la liga profesional mexicana, pero surgieron aspectos a analizar como la trayectoria de algunos equipos de sus preferencias y la lógica de intervención de sus propietarios y los intereses aplicados en ese juego. Los intereses de los jugadores en la cancha no son los mismos intereses de los propietarios que juegan sus inversiones con distintas visiones económicas o políticas.

Recién estaba mascullando esas ideas sobre el futbol, cuando me entero de dos eventos íntimamente relacionados: un documental sobre la liga israelí y su racismo, y otra en México desatada en el estadio del equipo Monterrey en esa entidad de Nuevo León. La gira de documentales “Ambulante” nos proyectó en Cinépolis el trabajo de la directora rusa Maya Zinshtein “Pureza eterna” (2016). El documental tiene como objeto de descripción al equipo de futbol de la Liga de Israel Beitar Jerusalem fundado en 1936. La narrativa toma como eje el futbol, el deporte como una forma de articular esa parte de la expectación deportiva de la sociedad. Y el eje del trabajo documental nos habla del racismo y de los tintes violentos que se desatan en ese medio. Arcadi Gaydamak, un multimillonario ruso fue propietario de ese equipo, el más popular y con más seguidores en ese país, y que nunca ha tenido jugadores extranjeros, y mucho menos árabes. Se jactan de integrarse únicamente con jugadores judíos. En la temporada 2012-13, Gaydamak contrató a dos jugadores chechenos, musulmanes, desatando una enorme crisis dentro del equipo y la confrontación con sus fanáticos, conocidos como “la Familia”. La directora del documental expone los rasgos racistas de ese ambiente y la articulación de contextos sociopolíticos ese medio deportivo.

Por otra parte, lo que sucedió el pasado fin de semana en Monterrey, después del juego Tigres-Rayados, hubo una tremenda bronca, dejó al descubierto la violencia y los resentimientos que se esconden en la fanaticada. Pero la lectura de estos eventos nos lleva a pensar que la violencia en el futbol refleja la ansiedad de una población respecto a su clima social. Si una sociedad pierde el sentido lúdico o de esparcimiento, los resentimientos de la territorialidad, la pertenencia a grupos o estratos sociales, o la defensa inconsciente de intereses llevarán a irreversibles comportamientos violentos. El silencio de los políticos legitima la violencia en las gradas, dice Maya Zinshtein sobre el caso de Beitar Jerusalem. Acá, con el silencio de los políticos mexicanos sobre lo que ocurre en los estadios nacionales, ¿qué tipo de violencia es la que se está legitimando?

@manuelbasaldua