imagotipo

Quinto Informe de EPN

  • Raúl Iturralde

Quinto informe de Enrique Peña Nieto, con sabor a último porque cuando rinda su sexto informe el 1° de septiembre de 2018, su sucesor ya tendrá nombre y apellido, los reflectores y el interés nacional estarán, en consecuencia en el nuevo presidente de México y el sexto informe será un simple protocolo de salida. Ante más de 1,200 invitados especiales el Presidente Peña Nieto, durante más de una hora, leyó un reporte multianual y no solamente, como debería corresponder, lo realizado entre septiembre de 2016 y agosto de 2017.

Desde luego no podía esperarse un informe objetivo y concreto, mucho menos reflexivo y autocrítico. La realidad indica que no hubo informe, se convirtió en un acto anticipado de campaña para posicionar al próximo candidato a la presidencia de la República. No podía ser de otra forma, el desgaste de la figura presidencial por los sonados casos de corrupción, el crecimiento del crimen organizado y los constantes ataques a los más elementales derechos humanos de la ciudadanía, obligan a emplear cualquier oportunidad para tratar de reducir el enorme desprestigio social que rodea a Enrique Peña y a su partido político.

La estrategia mercadotécnica adoptada consistió en difundir en los medios de comunicación un país ideal, los spots buscaron convencernos sobre la bondad de las cosas malas que resultan más positivas que negativas; también hubo entrevistas televisivas, bien conducidas, en el que se observa a un Presidente crítico, reflexivo, seguro de haber logrado la transformación de México y garantizando un futuro bilingüe para todos los mexicanos en menos de 20 años.

No obstante el esfuerzo realizado y los recursos públicos utilizados, los resultados de la propaganda han sido muy escasos, el informe no despertó grandes sentimientos a favor, no emocionó a los ciudadanos y mucho menos convenció respecto a la idea de que hay motivos para celebrar lo que viene ocurriendo en México. Los bajos niveles de confianza y credibilidad difícilmente cambiarán en lo que resta del sexenio. La coyuntura electoral de 2018 será un buen termómetro para medir el descontento ciudadano.

Termina el ciclo de Peña Nieto, a partir de ahora la soledad del presidente será más marcada conforme pasen los días y su partido defina al candidato a la presidencia para el periodo 2018-2024. Independientemente del balance de la gestión en lo económico, político y social, más allá del juicio histórico sobre consecuencias de las reformas impulsadas durante su sexenio, la imagen que perdurará entre los mexicanos, será la de un político que llegó a Presidente con base en promesas incumplidas, involucrado en situaciones comprometedoras (la compra de la casa blanca), que no tuvo la capacidad de defender la soberanía nacional en momentos cruciales y que se rodeó de personajes señalados por la justicia mexicana.

En mi opinión, México no está mejor que hace cinco años, no hay que vivir en el autoengaño, para muestra tenemos el ejemplo de la información del Presidente sobre la pobreza, lejos de disminuir como se nos quiere hacer creer se incrementó en casi tres puntos porcentuales en este sexenio. Muy posiblemente EPN será recordado por sus frases desafortunadas y ofertas engañosas, como el caso de su discurso sobre la reforma energética estando en campaña, cuando afirmó que de aprobarse dicha reforma, el precio de la luz disminuiría en beneficio de los hogares mexicanos, lo mismo dijo de la gasolina; en los hechos lo que ha disminuido es la confianza ciudadana en el sistema político mexicano.