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Robots sin IMSS

  • Dr. Manuel Basaldúa Hernández

El fin de semana me fui a ver con mis hijos la película “El vigilante del futuro”, una producción de Estados Unidos con Scarlett Johansson, Juliette Benoche y Takeshi Kitano entre otros. El argumento de esta película es la creación de un experimento con seres manejados biológica y cibernéticamente para usarse como armas para tener un dominio del mundo. La experimentación se basa en una especie de mixtura entre partes humanas y partes robóticas. Este experimento concreta un sueño que tiene el hombre. Quizá este filme nos evoque a la película de culto “Blade Runner” o a la mítica “Matrix”, dejando al espectador con un sabor de boca semiamargo por los simbolismos y la crítica a la ambición humana.

Las evocaciones a las ideas de la existencia híbrida entre humanos y androides nos remontan a Osamu Tezuka que creo al niño robot “Astro Boy” en el año de 1952, y décadas más tarde apareciera Katsuhiro Otomo en 1988 con “Akira” sobre experimentos con humanos en el campo de la robótica. Pero es Masamune Shirow quien nos sitúa en el año 2029 en una sociedad donde la interconexión es moneda corriente y necesaria. La historia original se basa en un comic, o como lo llaman los propios japoneses un “manga” que nos describe un mundo futurista, en donde la sociedad corre el riesgo de estar atrapado en la tecnología y las redes digitales, bajo el mando y control de los poderosos.

Pero no crea, estimado lector, que lo mantendré leyendo sobre esta nota de mera ciencia ficción. Más bien, estas referencias son el pretexto perfecto para ubicarnos en una perspectiva para mirar al futuro. Me ha llamado la atención que Bill Gates, el mismo que todos conocemos por su creación de Microsoft, este proponiendo la creación de un impuesto sobre la posesión de robots en las empresas. Pensará el lector que todavía estoy refiriéndome al futuro, pero no, la tecnología nos está acercando peligrosamente a una relación con las máquinas que nos puede poner en verdaderos aprietos en todos los niveles de nuestra existencia.

Ya es bien sabido que la utilización de robots primitivos en la industria y en varios  centros laborales se ha tomado con cierta familiaridad. La presencia de estos robots será la gran amenaza a la que se enfrente la clase trabajadora. Y este fenómeno nos presenta grandes retos en el campo de la política pública, en la vida privada y en las consecuencias de la desigualdad social al crear más ricos a los ricos y más miserables a los pobres con la presencia de estas máquinas inteligentes.

El contexto de esta hibridación de androides se da cuando la cuestión es que en el mundo se está combatiendo la idea de la globalización, y ahora se esté reforzando la idea de un  nacionalismo fanático. Este nacionalismo lleva a su vez a un populismo que ciega a sus ciudadanos contra la convivencia y la comunidad internacional, debido a su errónea idea de que los inmigrantes les quitarán los empleos a los ciudadanos dentro de sus fronteras. El verdadero enemigo será la robotización, porque con esta nueva generación de trabajadores mecanizados se echarán a la calle a miles de trabajadores. Luego entonces, los robots son quienes desplazarán a esos cientos o acaso miles de trabajadores.

Pero si vemos los términos clásicos de la contratación de trabajadores humanos, a estos se les aplican los impuestos al trabajo, que son los que generan grandes aportaciones a las arcas del estado y con el que se invierte en servicios públicos y gasto social. ¿Qué sucederá cuando los robots entren en acción dominando este campo laboral? Estos robots no generarán ningún impuesto ni aportaciones al erario porque son máquinas y no hay legislación que las regule. Los dueños del capital entonces tendrán ingresos millonarios ante el ahorro de la mano de obra humana. Otra de las afectaciones sería por ejemplo si lo vemos en un escenario mexicano, en la inversión en salud, porque los empleos se miden con las estadísticas que emite el Instituto del Seguro Social. Ya no habría asegurados con qué hacer las medidas de generación de empleos, ni de apoyo a los hospitales o urgencias médicas.

Quizá ese futuro parezca muy lejano, pero si no nos planteamos aspectos futuristas, tendremos dentro de poco grandes problemas que no podremos resolver de la mejor manera. Por ejemplo, en nuestra entidad, la generación de empleos ya no será parte del discurso oficial ni de promesa en la generación de empleos formales. La agenda del gobernador se verá afectada en este campo debido a que no podrá incluir en sus discursos la generación de cientos de trabajo, la derrama económica de la zona no podrá activarse porque el robot no tiene ninguna intención para consumir productos en la región, ni activar la económica del lugar.

La cadena de producción para partes automotrices, o del campo aeronáutico, que se está consolidando en Querétaro, van a estar amenazadas porque la robotización se siente inminente. El futuro sorprende a los que están interconectados a través de sus teléfonos y sus computadoras. El uso de sus gadgets no los deja ver la amenaza de los robots en los centros de trabajo. Mi hijo me preguntaba si ellos verían a esas máquinas humanizadas, quizá aún no en su generación, pero las próximas tendrán sin duda a esos competidores en el campo laboral.

@manuelbasaldua