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Sólo para Villamelones

  • Manuel Naredo

De familia taurina de siempre, el potosino Fermín Rivera Agüero vino a refrendar, apenas la tarde del domingo anterior en la Plaza de Toros México, la calidad que le ha caracterizado de siempre, y de paso a exigir, a base de acumular actuaciones sobresalientes, el sitio privilegiado que el toreo en nuestro país aún le adeuda.

Es Fermín nieto del llamado “Maestro de San Luis”, Fermín Rivera Malabehar, y sobrino de Francisco Martín Ribera Agüero, el famoso Curro Rivera, quien no sólo vivió momentos de enorme repercusión en el mundo, sino que incluso se hizo también famoso por sus incursiones en el mundo de la televisión.

Fermín, el actual, nació en 1988 en la capital de San Luis Potosí, es hijo de una hermana de Curro, y desde siempre ha mostrado hechuras de torero importante, por lo fino de su quehacer en el ruedo, por su técnica depurada y su tauromaquia sin concesiones.

Había venido teniendo participaciones destacadas ya por varias temporadas, pero a pesar de ello, aún no logra ese carácter de figura del toreo nacional, acaso porque los tiempos que corren no son del todo propicios para la adecuada apreciación del buen toreo, o tal vez porque esa seriedad con la que asume su profesión no le ayuda del todo con las mayorías, acostumbradas como están a la fiesta y el jolgorio.

Han pasado ya algunos años de que Fermín tomara la alternativa, de manos del Zotoluco y teniendo a Enrique Ponce como testigo, y hasta ahora todos los entendidos le daban un trato preferencial de entre los integrantes de la baraja taurina nacional, pero siempre dejándolo en la segunda fila, detrás de los que son considerados figuras máximas.

Eso parece empezar a cambiar. A base de triunfos reiterados en las principales plazas del país, y principalmente en la Monumental de Insurgentes, el sobrino del inventor del “cite sicodélico”, empieza a darse a notar más allá del simple reconocimiento de unos cuantos; tiende a colocarse como puntero, sin renunciar un ápice a sus conceptos.

Fiel al clasicismo, alejado de las concesiones populares, poderoso ante los bureles difíciles, aparentemente desdeñado por los poderosos empresarios, y sobreviviente a la confección de carteles con espadas que nada tienen que ver con su estilo, el poderdante de los hermanos Preciado Meléndez ya no puede ser ocultado y plantea seria cara a nuestra figuras.

Se dice que el próximo año podría ir a España –si lo dejan-, y entonces los públicos europeos podrán conocer, de respetarlo los toros y correr con un poquito de suerte en los sorteos, un nuevo e interesante nombre de torero mexicano.

El domingo pasado estuvo muy bien ante dos enemigos descastados de El Vergel, y hasta cortó una oreja de ley. Ha llegado con su propio estilo para darle refresco a una Fiesta que mucho se enriquece con él.

Urge que Fermín vaya ya a España. Urge que todos nos enteremos de su importancia.