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Sólo para Villamelones

  • Manuel Naredo

A pesar de que aún puede considerarse joven la temporada grande en la Plaza Monumental México, ya al menos puede sacarse de ella tres temas evidentes para la reflexión.

El primero de ellos, y seguramente el más importante, tiene que ver con el ganado, con la materia prima que da origen y sentido al espectáculo. Los toros en esta nueva etapa del coso más grande del mundo, si bien han mejorado en presencia en relación a las infortunadas temporadas anteriores, se han significado por falta de fuerza y bravura.

Ganaderías como El Vergel, San Isidro y Julián Hamdan han dejado mucho, pero mucho, que desear en relación al desempeño de sus bureles en el ruedo, al grado de llevarnos a pensar, en algún caso, sobre cómo y de qué manera se llevan las notas en la dehesa.

En términos generales, el ganado ha dado un pésimo resultado, sus notas no son remotamente aprobatorias, y por tanto, es obligada la reflexión de todos los involucrados en la Fiesta en México sobre las prácticas que originaron el paupérrimo desempeño de nuestro toro de lidia, y lo que hay que hacer para sacar a flote la esencia misma, el sentido, del toreo.

Otro punto digno de destacar es la ausencia de público. Y no hablamos de esas fechas en las que no era común dar toros en la México: los sábados y aún los viernes, sino inclusive las tradicionales tardes de domingo. La afición a los Toros en una ciudad tan monumentalmente grande como lo es la capital del país, no ha dado lo suficiente como para alcanzar una mediana o regular entrada, y el llamado Embudo de Insurgentes se ha mostrado poco menos que vacío.

¿Por qué al público multitudinario no le ha interesado ir a la México a presenciar las corridas que ha anunciado la empresa? ¿Los precios? ¿El ganado? ¿La ausencia de una figura aún más consolidada? ¿La no presencia de una figura nacional de alto impacto? Habría que reflexionar también en ello.

Y finalmente, la confirmación de algunos nombres como ejes de la baraja taurina nacional, más allá de trayectorias y buenas relaciones. Fermín Rivera y Octavio García, El Payo, en una dimensión que debería contar para representarnos en España en el 2017. Toreros que ya son una realidad y cuya tauromaquia es contundente.

También otros nombres para tomarse en cuenta, desde luego, como el de Sergio Flores, que una vez más volvió a triunfar en la México, siendo hasta ahora el diestro con más apéndices cortados, o Juan Pablo Sánchez, que también triunfó.

Más allá de que pudieron caer de pie, aunque sin ganado a modo, jóvenes toreros españoles como Ginés Marín o José Garrido, a quienes quisiéramos volver a ver esta misma temporada, lo cierto es que los toreros mexicanos referidos han sido los que han marcado la pauta, y principalmente los dos primeros quienes han dado un golpe de autoridad sobre la mesa.

El Payo y Rivera llegaron para quedarse. ¿A alguien le queda duda de ello?