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Sólo para Villamelones

  • Manuel Naredo

Mucho se puede hablar sobre el anuncio de la segunda parte de la temporada grande 2016-2017 de la monumental Plaza México. De sus carteles, escasos en referencia a temporadas anteriores, de la mayoría de participantes extranjeros, de los nuevos días de festejo, y hasta de los precios, venidos afortunadamente a menos para esta nueva etapa.

Y aunque podríamos hablar de todo ello, a mí me parece que lo más significativo de este anuncio, apenas realizado a través de las redes sociales el lunes pasado, tiene que ver con una ausencia y con una presencia. La lamentable usencia de Fermín Rivera y la afortunada presencia de Paco Ureña.

La de Fermín no es la única ausencia importante, pero sin duda es la más llamativa, sobre todo si tomamos en consideración que fue triunfador en la primera parte de la temporada capitalina y a todas luces atraviesa por un gran momento, tanto que hay voces que lo colocan como el máximo exponente de la calidad taurina nacional, a la par de triunfadores extra fronteras.

Es este torero potosino, efectivamente, un elemento que debería ser infaltable en los carteles de la plaza más importante del país, si nos guiamos por su desempeño como lidiador de reses bravas, aunque sabemos bien que en este negocio del toro no siempre son los argumentos taurinos los que prevalecen. Es el momento del nieto de Fermín y sobrino de Curro; el ahora o nunca, el año de la consagración, pero por desgracia, parece que en ese propósito no cuenta con la complicidad de la empresa del coso de la capital mexicana.

Habrá que esperar ahora nuevas ocasiones para verlo, y sobre todo, la precisa oportunidad de que pueda cruzar el charco para representarnos en España. Nunca como hoy, Fermín Rivera merece una colocación en la Feria de San Isidro, que suele abrir puertas cada año a los toreros aztecas.

Y más allá de la presencia de figuras como Morante, como El Juli o como Ponce en el embudo de Insurgentes –tampoco Manzanares estará, pese a su reciente triunfo ahí mismo-, lo que particularmente me parece una inclusión acertada y necesaria para los buenos aficionados al toro, es la de Paco Ureña, quien pese a sus treinta y cuatro años de vida y casi una década de alternativa, apenas confirmará ésta en nuestro país.

Este excepcional torero murciano, sufrido y entregado en su carrera, es un diestro al que siempre hay que ver, por lo profundo y verídico de su toreo; un hombre capaz de vivir con una cornada interna para no perderse una tarde en Las Ventas; un matador casi épico acostumbrado a lidiar toros de casta, auténticos toros.

El año pasado, tras tantos años de lucha, Ureña triunfó rotundamente en Madrid, y no sólo ahí, sino en plazas como Valencia o Sevilla, en una temporada que pareció recompensarle los muchos sudores, los inacabables sufrires. Y a pesar de ello, de tantos sudores y sufrires, de tanta y tan larga lucha, es un torero prácticamente desconocido, inédito, en México.

Urgía la presencia de Ureña en nuestro país, como urge, me parece, la presencia de Fermín Rivera en Madrid. Lo primero podremos verlo en febrero venidero; lo segundo es tan enigmático como la vida misma.