imagotipo

Sólo para Villamelones

  • Manuel Naredo

En tiempos de ataque y denostación, el triunfo adquiere un sabor aún más dulce, más disfrutable.

Eso es lo que sucede, en el vilipendiado mundo del toro, cuando se logra volver a abrir las puertas de un emblemático escenario para que la tauromaquia, perseguida y acotada por casi cinco años, vuelva a presentarse.

El fin de semana venidero, luego de un arreglo estructural cuya necesidad siempre se ha puesto en duda, la Plaza Santamaría, en Bogotá, volverá a ser el marco de un festejo taurino, con un cartel compuesto por Julián López “El Juli”, Luis Bolívar y Andrés Roca Rey, y ganado de Ernesto Gutiérrez, para iniciar la temporada de la capital colombiana.

La Santamaría fue inaugurada en 1931, en el sector de San Diego, luego de dos años de construcción dirigida por los ingenieros Adonaí Martínez y Eduardo Lazcano, en un terreno donado por el ganadero Ignacio Sanz de Santamaría. De ahí el nombre con el que fue bautizado el coso taurino.

Por la arena del inmueble, declarado Monumento Nacional de Colombia en 1984, pasaron las grandes figuras del toreo desde entonces, lo mismo Conchita Cintrón que Luis Miguel Dominguín, y sirvió de escenario a la presentación de los más variados espectáculos, tanto musicales como teatrales.

Pero el señor Gustavo Petro, el alcalde de Bogotá, decidió cerrarla apenas concluida la temporada del 2012, en una decisión unilateral, motivada por el aversión del funcionario por la Fiesta de los Toros. Luego, con el mismo afán prohibicionista, alegó fallas estructurales del inmueble y la necesaria, y larga, intervención al mismo.

Allá por el 2014, un grupo de novilleros colombianos se declararon en huelga de hambre ante estas medidas del señor Petro, y las afrentas para con estos muchachos de parte de los anti taurinos fueron varias y sonadas. En ese episodio surgió también la figura de César Rincón, el más importante torero colombiano contemporáneo, quien hizo suyos los reclamos de los más jóvenes de su gremio y convocó a matadores de toros de todas las nacionalidades a manifestarse. Allá, en la bella Bogotá, estuvieron entonces presentes toreros mexicanos como Octavio García “El Payo”, o Diego Silveti, para manifestarse en contra la clausura de la Santamaría.

Tras años de disputas judiciales, la Corte Constitucional de Colombia ordenó el respeto a las manifestaciones culturales, pero fue entonces cuando el alcalde decidió las obras de reforzamiento de la plaza, que concluyeron, ya sin él en el poder, hace algunas semanas.

La Santamaría de Bogotá está de vuelta, para regocijo de quienes amamos el arte del toreo. Enhorabuena.