imagotipo

Sólo para Villamelones

  • Manuel Naredo

Mucho se ha hablado, a lo largo de la historia, de la poca correspondencia que las empresas taurinas españolas muestran con toreros mexicanos, en relación a la enorme apertura que suelen tener las nacionales con diestros venidos del otro lado del Atlántico. Se ha dicho siempre que mientras aquí se les ofrecen fechas, carteles y plazas importantes, allá las oportunidades son más que escasas y generalmente cuentan con la difícil aduana de la plaza de la capital española.

Y si bien es cierto que los toreros ibéricos parecieran venir muy relajados a su temporada invernal en suelo mexicano, con toritos a modo y carteles bien seleccionados, abrigados por el dicho popular aquel de “toro pequeño y billete grande”, el tema de los amonterados de estas latitudes en España tiene sus diferentes aristas. Porque allá las oportunidades también son pocas para los españoles que empiezan, o que no tienen una buena entrada con quienes manejan el negocio del toro; porque también tienen que apoquinar con el toro difícil y la escasez de oportunidades.

Últimamente las cosas habían estado mejor para los toreros mexicanos que decidían saltar el charco y probar fortuna en esas movedizas tierras del toreo ibérico, pues en la plaza más importante del mundo, la de Las Ventas, un grupo de empresarios habían establecido, a lo largo de la última década, un estilo incluyente que no veía con malos ojos a los diestros aztecas.

Así, toreros como El Payo, Garibay, Silveti, Saldívar y Adame, por mencionar algunos, habían tenido cabida en ciertos carteles, y año con año la importante Feria de San Isidro contaba con oportunidades para los mexicanos. Ello ayudó a que los que aprovecharon la ocasión, o tuvieron suerte en ella, lograran estructurar temporadas españolas, y hasta francesas, con relativo éxito.

El caso más significativo ha sido, sin lugar a dudas, el de Joselito Adame, quien a base de determinación y actitud se ha ganado un sitio en las principales ferias taurinas de la Península, y que aún desdeñando, el año pasado, dos presentaciones en Madrid, logró hacer una temporada europea interesante.

Pero resulta que Taurodelta, la empresa que esta apertura tuvo con los mexicanos, dejó de ser la arrendataria de Las Ventas, ocupando ahora ese lugar Simón Casas y asociados, un importante empresario francés que ya regenteaba con solvencia varias plazas de aquellas latitudes.

Los carteles para Las Ventas, los primeros confeccionados por Casas para la plaza madrileña, fueron apenas dados a conocer hace unos días, y en ellos, a diferencia de a lo que estábamos acostumbrados, sólo aparecen dos mexicanos: Joselito Adame, con dos tardes, y el joven novillero, también aguascalentense, Leo Valadez, que desde el año pasado está protagonizando interesantes temporadas.

Lo de Adame es una muestra más de que el diestro mexicano se ha ganado un sitio en el mundo del toro español, aunque éste no le alcance para alternar en Madrid con las máximas figuras españolas, y lo de Valadez la reafirmación de su paso por los difíciles campos novilleriles.

Quizá si Taurodelta hubiese seguido al frente de la madrileña plaza hoy podríamos pensar que en ella estarían anunciados toreros mexicanos que pasan por un gran momento, como Sergio Flores, quien no desconoce el medio español; Fermín  Rivera, que podría ser del exigente gusto de la capital española; o desde luego, Luis David Adame, quien triunfara ahí como novillero y que merecía de sobra, como otros que confirmarán su reciente doctorado ahí, el pisar ya como matador el ruedo más importante del mundo.

Sí, creo que en México extrañaremos mucho a Taurodelta, con Manuel Martínez Erice a la cabeza. Creo que Simón Casas no abrirá la puerta más allá de lo poco que ahora lo hizo. Es la ley de la oferta y la demanda, del negocio del toro, de la vida.