imagotipo

Sólo para Villamelones

  • Manuel Naredo

Antonio Romero es su nombre. Lleva un apellido de amplio significado para la Fiesta, por los grandes diestros que, en Ronda o Sevilla, lo han llevado, como el más reciente de ellos, torero de culto y de época, que es el gran Curro.

Pero este Romero es zacatecano. Un torero más hambriento de triunfo y de fechas, librando la batalla por descollar el difícil mundo del toro. Hoy libra otra batalla, todavía más importante: la de su propia vida.

Antonio Romero llegó, como otros tantos, a la Plaza México, con la ilusión a cuestas y el deseo apremiante de que este coso, el más grande del mundo, se convirtiera en catapulta a sus aspiraciones profesionales. Llegó a la conclusión de una temporada, dentro de un serial destinado a abrir la puerta a esos toreros que no han podido descollar del todo, o en nada, y que piden a gritos una oportunidad.

La Feria de la Cuaresma ha sido tan sólo un espacio extemporáneo para ver si hay un campanazo; sin espectadores en abundancia, sin ganaderías a modo y sin trasmisión de televisión. Una batalla, en fin, con todo en contra, pero con la posibilidad de encontrarse con un toro a modo que hiciera fortalecer la esperanza.

Romero vio colocado su nombre en un cartel que lidiaría reses de la emblemática ganadería de Piedras Negras, cuya ausencia en la plaza más importante del país alcanzaba ya más de dos décadas. Y un toro de esa dehesa lo puso, el domingo pasado, al borde de la muerte.

La cornada, gravísima, le destrozó el recto y lo llevó a un hospital donde ya le han practicado, en apenas dos días, otras tantas intervenciones quirúrgicas. La primera, como bien lo señalaron los médicos, para evitar que se desangrara y salvarle la vida; la segunda, para reconstruir lo afectado.

Incluso entre aficionados cotidianos a los toros, pocos conocían el nombre de Antonio Romero, que hoy se ha hecho famoso a causa de la desgracia. La suya es una historia como tantas, anónimas y sufridas, que subsisten en ese medio descarnado, cruel, y muchas veces injusto, que es el espectáculo taurino.

Todos, salvo los que al cuerpo no parece acompañarles alma, deseamos su recuperación. Fuerza Antonio Romero.