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Sólo para villamelones

  • Manuel Naredo

Habrá quien encuentre en el nuevo formato de novilladas en la monumental Plaza de Toros México algunos “peros”, pues ha venido a romper, de alguna manera, con lo tradicional, implementando un sorteo para la conformación de carteles, la colocación de “sembrados” como cabeza de los mismos, y la opción de lidiar un segundo novillo en caso de triunfo. En resumen: una especie de competencia al estilo deportivo.

A mí, sin embargo, me ha parecido muy bien, pues ha despertado el interés y ha dado oportunidad de mostrarse a nuevos aspirantes a toreros, muchos de ellos apenas estudiantes de escuelas taurinas en el mundo. Y también porque ha hecho posible la oportunidad de confrontar a novilleros de diferentes nacionalidades, que en el coso más grande del mundo pueden demostrar, desde temprano, de que consistencia están hechos.

La primera parte del serial está siendo destinada a organizar novilladas sin picadores, una modalidad poco vista y no explorada, al menos en mucho tiempo, en plazas como la México, pero que está demostrando, a mi juicio, sus bondades. En ellas, hasta el momento, se han anunciado además bureles que muestran una presencia digna y esperanzadora para el resto de la temporada, e incluso para la llamada “grande”.

Algunos nombres ha surgido de estos primeros tres festejos: el queretano Juan Pedro Llaguno, con un ángel evidente; Miguel Aguilar, de buenas hechuras; Sergio Roldán, de técnica depurada y clasicismo marcado; o Isaac Fonseca, que el pasado domingo demostró su arrojo y valentía, además de esa actitud envidiable para con el triunfo.

Pero de entre todos, yo me quedo con un joven novillero potosino que me conmovió con su desempeño torero en el segundo festejo del serial: Ricardo de Santiago.

No es fácil encontrar tan temprano en la carrera de un diestro tal capacidad de trasmisión, tal profundidad en los muletazos, tal motivación a salir toreando de la plaza.

Para mí, Ricardo de Santiago está destinado a ser alguien importante en el mundo del toro, porque no sólo tiene la técnica abrevada en la escuela taurina, y una capacidad lidiadora que irá puliendo conforme su carrera avance, sino porque, sobre todo, es poseedor de ese “duende” que puede lograr conmover al espectador, de esa magia que nos recuerda por qué un día nos aficionamos a este arte tan subjetivo como apasionante.

Sólo por ello, por estos cuantos nombres, y sobre todo por Ricardo de Santiago, la temporada chica en la Plaza México ya ha valido la pena.