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Sólo para villamelones

  • Manuel Naredo

Detrás de Cinco Villas, nombre del cortijo donde se construyó una plaza de toros que ha firmado algunas de las páginas más interesantes en el mundo novilleril mexicano, hay toda una apasionante historia de vida, o mejor dicho, de vidas.

El nombre de este lugar cercano a Texcoco, es tomado de la comarca de Cinco Villas, en Aragón, donde nació Gabriel Marco Duesca, un agricultor, como tantos de sus vecinos, que llegó a ser alcalde de una población de aquellos lares de nombre Farasdués.

Don Gabriel, socialista de cepa, tuvo que abandonar España al estallamiento de la Guerra Civil Española, en 1936. Ese autoexilio, que lo llevó primero a la República Dominicana y finalmente a México, le salvó la vida, sobre todo si consideramos que tres de sus hermanos fueron, precisamente, asesinados durante los duros años del conflicto armado.

Y aquí, en tierras aztecas, hizo toda una nueva vida, se casó con una mexicana, formó una familia y creó una interesante carrera en el mundo empresarial, alejado de las tierras zaragozanas donde había nacido y donde había vivido buena parte de su vida.

Por esta historia, por estos orígenes, es que su hijo, Luis Marco Sirvent, un próspero empresario de la industria de la fundición, decidió bautizar a su finca mexiquense como Cinco Villas, donde construyó una plaza de toros que se regiría siempre por las máximas de que ahí sólo se organizarían festejos taurinos, y nunca por negocio, sino por pasión.

Y lo cumplió, a decir del brillante papel que como empresario taurino escenificó por varios años, convirtiendo a la plaza de Cinco Villas en un escenario más que dispuesto a dar oportunidades a los jóvenes valores de la tauromaquia nacional, a esos jóvenes novilleros que suelen pasar fatigas para encontrar espacios y recibir oportunidades en el duro camino que representa siempre su carrera.

Fue tal la seriedad de Sirvent, y de su esposa Lucero Domínguez, en la organización de estos festejos, que pronto tuvieron repercusión internacional. Ahí en Cinco Villas se daban novilladas con ganado en puntas y con una presentación digna de una plaza de primera categoría.

Sin embargo, Sirvent anunció apenas hace unos días que él y su mujer no volverán a organizar novilladas en su plaza, cansado de los peros, de las dificultades, que le solían imponer no quienes luchan en contra de la Tauromaquia, sino de los que estarían obligados a respetarla y apoyar esfuerzos de esta naturaleza.

La gota que derramó el vaso fue el festejo más reciente, celebrado apenas el pasado sábado, cuando los empresarios de Cinco Villas pretendieron anunciar al novillero puntero en España, el venezolano Jesús Enrique Colombo, además del español Marcos y un novillero mexicano. La Asociación de Matadores de Toros y Novillos, tan complaciente en otros casos en el país, le exigió a Sirvent la contratación de otro mexicano, pues no podían autorizar una novillada con mayoría de extranjeros.

El empresario contrató para este festejo a José María Pastor y a Francisco Martínez para complementar el cartel con el venezolano y el español, pero de paso hizo el anuncio de conclusión del exitoso periplo de novilladas de Cinco Villas. En otras palabras dijo algo así como “ahí se ven y cómanse su fiesta como quieran”. El comunicado de la Asociación encabezada por Paco Dódoli, por su parte, no tiene tampoco desperdicio y apela a la necesaria protección que a las oportunidades de los jóvenes novilleros mexicanos deben procurar; también en otras palabras: “a los novilleros sí y a los matadores no, o depende del empresario es la postura sindical”.

Durante el festejo en Cinco Villas, donde por cierto resultaron triunfadores Colombo y Marcos, el público sacó al empresario a dar la vuelta al ruedo entre una nutrida y cariñosa ovación. Y esa vuelta al ruedo lo dijo todo.