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Sólo para Villamelones

  • Manuel Naredo

Les llaman “toreros de plata” y son esos hombres de callada, pero fundamental, tarea, durante la lidia de un toro bravo.

Muchos de ellos tuvieron un día la ilusión de ser matadores de toros, toreros con adornos en oro sobre su indumentaria, y por razones de esa vida, dura y cruel, que se tiene que sufrir para ello, tuvieron que conformarse con ser parte de lo que también denominan “las infanterías”.

Otros han sido hombres de plata desde siempre, por convicción y deseo de serlo, incluso con el ingrediente adicional de ser parte de una tradición familiar, de una dinastía que se ha solidificado a fuerza de heredar la misma pasión de padres a hijos.

Los subalternos son, sin duda, un engranaje sin el que la Fiesta de los Toros no podría concebirse como hoy se concibe; sin ellos, los toreros todos, de fama y sin ella, no podrían realizar su labor lidiadora. Los subalternos son, en fin, indispensables para el toreo.

Pero muy poco se les toma en cuenta por la gran mayoría de los asistentes a las corridas de toros, quienes los observan sin ver, como si su presencia fuera absolutamente circunstancial o secundaria. Por eso resulta plausible que algunos medios especializados españoles les den el lugar que les corresponde, reseñando también lo que ellos mostraron en el ruedo, más allá de las faenas de los lidiadores, de las estocadas, de los premios y las vueltas al ruedo.

Hay algunos de estos toreros que, incluso, tienen que padecer el escarnio de los más ignorantes cada vez que sobre un jamelgo intentan cubrir una de las suertes más importantes de la tauromaquia: la de picar.

El próximo sábado, en uno de esos momentos que casi nunca se dan, en Querétaro tendremos la oportunidad de reconocer el trabajo, en este caso por la labor que suelen hacer en el segundo tercio de la lidia, de tres de estos “toreros de plata” que en México han dignificado, con creces, su profesión.

Me refiero a Cristian Hernández, Gustavo Campos y Diego Martínez. Los tres extraordinarios subalternos, maestros en el arte de banderillear, y triunfadores de múltiples plazas; lo mejor de los “toreros de plata” mexicanos.

Los tres cubrirán el segundo tercio, enmarcados en lo que se ha llamado “desafío de banderilleros”, en la novillada del próximo sábado en Juriquilla, donde partirán plaza el niño torero Cristóbal Arenas, “El Maletilla”, y los novilleros Andrés Suárez del Real, Francisco Martínez, Patricio Ochoa y Baruch Arreola, para lidiar un encierro de la ganadería queretana de Santillán.

Una oportunidad invaluable de hacerle honor a una de las profesiones más ingratas del toreo, reivindicándola y dándole la importancia, el protagonismo, que también merece cuando se hace con la calidad de estos tres espléndidos “toreros de plata”.